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Sábados de Zen Cotidiano – Aceptación – 24/02/24

por Sozan
Sábados de Zen Cotidiano

La Aceptación

24 de febrero 2024

TRANSCRIPCION:

Hemos hablado de Dukkha y del cese de Dukkha. Dukkha es ese concepto en sánscrito que significa “dificultad”, que significa “complejidad” y que usualmente traducimos como “sufrimiento”. Y como muchos de ustedes saben, Dukkha es, la existencia de Dukkha es la primera de las cuatro Nobles Verdades. Y tuvimos la oportunidad de explorar la paciencia como una herramienta o incluso una virtud quizá, que desarrollamos o que cultivamos en nuestra práctica y que conduce al cese de Dukkha, al cese del sufrimiento.

Y como la paciencia, hay muchas otras herramientas, prácticas, virtudes que tenemos que cultivar dentro del contexto de nuestra práctica. Y otra virtud, otra expresión de nuestra práctica, que es importante cultivar, que es importante comprender es la aceptación. Porque la práctica de la aceptación es como la paciencia, es fundamental en la práctica del zen. Y como la paciencia y algunas otras cosas, otros conceptos, puede ser malinterpretado o interpretado de una manera no conducente al cese del sufrimiento.

Porque a veces interpretamos la aceptación como que es algo que nos lleva a no preocuparnos por las cosas, algo que nos lleva a no intentar cambiar algo. Y esto no es lo que entendemos como aceptación en nuestra práctica. Primero, porque diría que es casi imposible no preocuparse. Quizá es posible, pero psicológicamente o espiritualmente puede ser perjudicial no preocuparse por algo.

Cuando entendemos la aceptación como un lugar o un espacio de no preocupación. Y luego porque como Bodhisattvas intentamos cambiar las cosas para mejor, tanto para nosotros como para los demás. Por eso estamos aquí, ¿no? Para transformarnos y transformar el mundo de manera positiva. Entonces, si la aceptación fuera inacción, fuera “no me preocupo”. ¿Entonces, cómo nos lleva eso a esta acción de Bodhisattva, esta acción de cambiar el mundo para mejor? Entonces, si la aceptación no es dejarnos estar, no es inacción, ¿Qué es la aceptación? ¿Qué entendemos por aceptación? Y creo que este punto es un punto clave, porque cuando comprendemos esto, algo se abre. La aceptación, en esencia y especialmente del punto de vista de nuestra práctica, significa que dejamos de resistirnos a que las cosas sean como son.

Dejamos de resistirnos. Nos permitimos ver la realidad tal cual es y no tal cual nosotros queremos que sea. Y dejamos ir esa resistencia que se da en esa diferencia, entre lo que es y lo que yo quiero que sea. Dejamos de resistirnos. Entonces, como digo, tenemos que observar la definición de aceptación con mucho cuidado. No es que nos esforcemos por alcanzar un estado especial, místico, en el que nos neguemos y neguemos nuestras preferencias.

Neguemos lo que es importante para nosotros, total, aceptamos. No es eso, no es una santa ecuanimidad, no es eso. No flotamos por el mundo pensando que los resultados no nos importan y no nos importa cometer errores. No es eso. Eso sería como una negación, un estado nihilista. Y hemos hablado muchas veces sobre tener cuidado de no ingresar en un estado nihilista.

Un estado de no existencia. Por supuesto las cosas me importan. Por supuesto deseo resultados concretos en muchísimas cosas, incluso en nuestra práctica. Hablamos de la no búsqueda de provecho y sin embargo, buscamos una transformación. Hay un kōan ahi. Entonces, la aceptación no es una invitación a la inacción.

Algunos de ustedes pueden conocer la plegaria de la serenidad. Se utiliza mucho en algunos grupos de recuperación de adicciones como Alcohólicos Anónimos. Y la plegaria de la serenidad dice “Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para comprender la diferencia.” La serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar.

Y esto puede ser un poco confuso, porque podemos decir “Bueno, si acepto que no puedo cambiar algo, entonces ¿que? Ya está, no lo puedo cambiar.” Y no es de lo que estamos hablando, porque aceptar que no puedo cambiar algo o que algo existe de cierta manera no implica que no pueda hacer algo al respecto. Quizás lo que no puedo hacer es cambiar eso en particular, pero ¿cuántas otras cosas puedo cambiar?

Entonces, cuando no comprendemos el verdadero significado de la aceptación desde el punto de vista de nuestra práctica, cuando nos confundimos o confundimos la aceptación como dejarse estar, podemos hallarnos en un espacio de dualidad que no es ideal, no es propicio. Aceptamos porque de todas formas esto es así, porque de todas formas todo es impermanente o todo es una ilusión y se encuentra vacío.

Esto muchas veces lo entendemos o lo comprendemos como una enfermedad del Zen.

El estereotipo del practicante zen, por si alguno de ustedes lo vio de esa manera o se sintió visto de esa manera, como esa persona estoica, paciente, que todo lo acepta, que nada le preocupa, que flota por la vida. Saben bien todos ustedes que esto no es así. Esto no es nuestra práctica. Nuestra práctica es girar hacia la dificultad y no evitarla.

Es resolver todo aquello que nos lleva hacia un espacio de sufrimiento. Es ir hacia el cese de ese sufrimiento. Pero no a través de la negación, no a través de una aceptación nihilista donde decimos “Bueno, total, todo es impermanente.” Para nada. Pero si aceptamos que todo es impermanente y aquí es donde viene esta parte tan importante de este concepto, especialmente con la impermanencia, que es uno de los pilares de nuestra práctica.

Aceptar, comprender, poder ver que todo es impermanente, que nada es para siempre. Entonces esta enfermedad del Zen, que es una manera de decir, una incomprensión desde nuestra práctica de qué estamos intentando hacer o comprender aquí, es cuando decimos “Bueno, total, todo es impermanente, entonces yo voy por la vida como si nada importara.” Todo importa e importa mucho y lo sabemos.

Y entonces a veces esa aceptación de la impermanencia o de que todo se encuentra vacío. Esa incomprensión que nos lleva no sólo a la inacción, sino a la aceptación a veces como excusa. Y de hecho, la aceptación como excusa es uno de los caminos más directos hacia la dificultad y hacia el sufrimiento propio de los demás. ¿Y cuántas veces utilizamos la aceptación como excusa en nuestra vida?

“Bueno, total, esto es así.” Y si, esto es así, quizá. Estamos hablando de no resistirnos a las cosas tal cual son. Pero quizá lo que intentamos agregar desde nuestra práctica para la vida misma, para todo lo que hacemos en nuestro trabajo, en nuestra familia, en nuestras relaciones, es dejar de resistirnos a las cosas como son en lugar de querer que sean de otra manera. Y preguntarnos entonces ¿qué voy a hacer?

¿Cómo sigue esto habiendo aceptado la realidad tal cual es? Pensemos, por ejemplo, en los cuatro grandes votos del Bodhisattva. Muchos de ustedes ya los conocen y lo recitamos al final de las palabras del Dharma siempre. “Los seres son innumerables y hago el voto de liberarlos. Las ilusiones son inextinguibles y hago el voto de vencerlas. Las puertas del Dharma son ilimitadas y hago el voto de ingresarlas. Y la vía del Buda es inconmensurable y hago el voto de realizarla.”

Y si esto no son votos de aceptación, no sé lo que son. Porque digo “Los seres son innumerables y hago el voto de liberarlos a todos”. Tengo que empezar por aceptar que los seres son innumerables. Y creo que estos cuatro grandes votos ilustran muy bien lo que quiero decir, porque yo podría decir los seres son innumerables entonces es imposible liberarlos a todos. Gracias por todo y me dedico a otra cosa. Pero esto es un gran voto de aceptación. Acepto la realidad de que los seres son innumerables. Dejo de resistirme a la realidad de que son infinitos y sin embargo, esto no me lleva a la inacción, me lleva a la absoluta acción y hago el voto de liberarlos a todos.

Las ilusiones son inextinguibles, las puertas del Dharma ilimitadas, la vía del Buda inconmensurable. Lo acepto y sin embargo, entro en acción. Sin embargo, sigo practicando, sigo transformándome como ser humano para ser un agente de liberación, para ser un agente de transformación positiva para mí y para el mundo. Qué maravilla y qué simple y a la vez profundamente complejo.

Lo acepto y entro en acción. Intento mi mejor esfuerzo para lograrlo. Pero no digo “No, en realidad los seres no son innumerables, las pasiones se pueden extinguir.” Y entonces ahí me empiezo a armar mi propia idea de cómo es la realidad. Me resisto a aceptar las cosas tal cual son. Me resisto. Y entonces, cuando puedo ver la realidad tal cual es, cuando puedo aceptar las cosas tal cual son y aceptarlas, y luego hacer algo al respecto, esto sin duda va a ser más hábil que cuando no acepto las cosas como son y me resisto. Cuando dedico mi vida a tratar de transformar las cosas en beneficio propio y de todos los seres, entonces algo ahí se transforma. Acepto, dejo de resistirme y ese dejar de resistirse, ojalá, creo que quizás muchos de ustedes lo han podido vivir.

Cuando dejan de resistirse, una enorme energía se libera. Enorme. La energía que consume la resistencia es enorme. Piensen que los focos de luz, ahora ya no, ahora son todos LED, pero los focos de luz de antaño tenían una resistencia y esa resistencia genera luz o calor. Consumen una cantidad enorme de energía. Qué pasa cuando esa energía de resistencia, las cosas tal cual son, se libera hacia energía de acción, se libera hacia energía de transformación. Y ahí dan todo, dan todo hasta el último aliento, hasta el último momento de sus vidas. Ese es el camino de Bodhisatva, es el camino de aceptación y acción, es un camino de no resistencia a las cosas tal cual son.

Entonces, el camino del Zen no es una idea de desapego en el que nada importa, todo lo contrario. Es abrir bien los ojos, bien abiertos, los ojos de la mente, los ojos del corazón, del espíritu, y ver. Reconocer aquello que he de aceptar y dejar de resistir para entrar en acción positiva. Y ver las cosas tal cual son, es una de las definiciones, sino la definición más importante que tenemos en nuestra práctica del despertar espiritual.

Es difícil, ¿no? Por supuesto, definir con palabras qué es el despertar. Pero una de las grandes definiciones en nuestra práctica es ver y aceptar la realidad tal cual es. Y por supuesto, es muy difícil de ver la realidad tal cual es, porque la vemos a través de nuestros ojos y la vemos sesgada por todas las causas y condiciones que nos trajeron hasta aquí nuestro karma.

Yo veo la realidad de una manera probablemente muy diferente a la de cada uno de ustedes. Si yo pudiera trasvasar todo eso, si yo pudiera trascender todo eso para ver la realidad tal cual es y aceptar las cosas tal cual son, sería un ser iluminado. Y allí vamos. ¿Por qué no? Entonces, vuelvo a este tema de la resistencia, porque la resistencia es algo que surge del ego, y quiero traer el ego a este punto porque es importante. Porque nos resistimos a que las cosas sean de cierta manera, porque esa manera es diferente a la que nuestro ego propone que sean o deberían ser. Ingresamos a un espacio de tensión entre lo que es y lo que queremos que sea, y en general no lo aceptamos. Nos resistimos, nos negamos a la realidad de las cosas y actuamos en consecuencia, desde esa negación. Y cuando actuamos desde esa negación, cuando las cosas son de cierta manera, pero o las vemos o nos resistimos a verlas de cierta manera y actuamos según la manera que la ve nuestro ego, o quiere verla o quiere que sea nuestro ego.

Usualmente lo que generamos es mayor complejidad, mayor sufrimiento, mayor Dukkha. Eso es un poco lo que lo que acontece en esa batalla entre el ego y la realidad. Entonces lo que hace el ego es crea su propia narrativa de lo que está ocurriendo. Y créanme que el ego es un escritor de narrativas maravilloso. Ya lo saben. Y crea toda esta narrativa y crea toda esta situación basado en la no aceptación de las cosas tal cual son.

Y en general, cuando actuamos desde ese lugar, algo no se transforma, algo no funciona de la manera que pensamos si va a funcionar. Porque estamos actuando sobre algo que no es real, porque estamos actuando sobre algo que es una fantasía del ego. Entonces, en lugar de seguir esa narrativa del ego, abrimos bien los ojos, como dije, observamos la realidad, las cosas tal cual son de frente y decimos ok, esto es así en este momento, entonces ¿qué voy a hacer al respecto?

Y quizá a veces lo mejor es no hacer nada. No estoy diciendo que cuando hablamos de que aceptación no es inacción, significa que tenemos que estar corriendo por todos lados haciendo cosas. No, a veces es más esperar. A veces lo que hacemos es recurrir a la paciencia. A veces hacemos algo, a veces callamos, a veces hablamos, a veces gritamos, quién sabe.

Porque este concepto de resistencia es quizá contrario a lo que a veces entendemos como fluir. Cuando me resisto, me freno, me resisto, no hago nada o hago algo que no está alineado hacia el cese del sufrimiento. Un barco se resiste a ser llevado por las corrientes utilizando un ancla. Entonces, cuando me resisto, soy como ese barco. Un ancla bien clavada en el suelo de ese océano.

Pero cuando aceptó, con la profundidad que significa aceptar en nuestra práctica, puedo fluir en las corrientes de mi vida. Por supuesto, tengo velas, tengo remos en el barco de mi vida y puedo intentar ir hacia un norte, hacia el sur. No es que me dejo llevar por la corriente a donde la corriente me lleve, pero sin lugar a dudas no ir hacia ningún puerto con el ancla allí debajo, con esa resistencia.

Entonces levo anclas, no me resisto, acepto y desde ese lugar fluyo. Entonces el poder de transformación, el poder de dirigir ciertos aspectos de mi vida, es absoluto. Por supuesto, es existente, está ahí, lo cultivamos, lo desarrollamos. El punto es desde dónde. El punto es si todo ese esfuerzo va desde la resistencia o todo ese esfuerzo va desde la aceptación.

Entonces, como digo aquí, uno de los puntos que ingresa nuevamente es el concepto de la paciencia, porque requiere paciencia darnos el espacio para aceptar la realidad tal cual es y responder en lugar de reaccionar a esa realidad.

Mantenerse muy, muy presentes, más allá de la complejidad que la realidad nos presenta en este momento, que suele ser mucha. Y aceptar, aceptar como son las cosas, aceptar que quizá no hay nada que pueda hacer en este momento, aceptar que quizá hay algo que puedo hacer en este momento. Aceptar la verdad y la realidad tal cual es. Podríamos decir que aceptar es fluir en la verdad, fluir en la verdad en lugar de resistirnos.

Y no tiene nada que ver con lo que les gusta o no les gusta. No significa que sí acepto entonces todo me tiene que gustar. No, para nada. Hay 1 millón de cosas que yo acepto en mi vida que no me gustan. No se trata de eso. Pero la realidad es tal cual es la realidad, me guste o no me guste. Esta pared puede ser verde y puede no gustarme el color verde, pero eso no cambia que la pared sea verde.

Entonces, en lugar de resistirme a que la pared sea verde y decir “no, esta pared no es verde”, la veo, dejo de resistirme, lo acepto y hago algo en consecuencia. Porque cuando aceptamos, cuando dejamos de resistirnos, fluimos y cuando fluimos, todo es posible. Cuando levamos anclas en ese barco de nuestra vida, todo es posible. Entonces nos mantenemos profundamente presentes, plenamente presentes en el momento y nos abrimos a la experiencia de lo que ocurre.

Nos abrimos, fluimos en la experiencia de lo que ocurre, muchísimo más allá de sea cual sea el plan de nuestro ego. Entonces, cuando esto ocurre, aceptamos y fluimos, volvemos a sentarnos en el asiento del conductor de nuestra vida, en este vehículo que es nuestra vida, en este barco. Tomamos el timón nuevamente. Aceptamos lo que es tal cual es, comprendemos que hay cosas que podemos y cosas que no podemos cambiar, y de ese lugar tomamos verdadera responsabilidad por nuestra vida y nuestras acciones.

Comprender el verdadero significado de la aceptación nos hace responsables, porque cuando la narrativa del ego toma preponderancia evitamos ver las cosas tal cual son y hacer algo al respecto. Ingresamos en ese espacio de excusa del ego. Cuando decidimos integrar la aceptación en nuestra práctica, nos responsabilizamos por nuestra vida, nuestras acciones y desde ese lugar operamos. Entonces, en este instante, porque la aceptación se juega aquí y ahora.

Puedo observar desde ese lugar las cosas tal cual son y respondo lo mejor que puedo. Entonces esa respuesta será tanto más o menos hábil en relación a cuánto pudimos desarrollar la capacidad de ver y aceptar las cosas tal cual son. Y cuando eso ocurre, cuando puedo integrar este concepto a mi práctica, cuando puedo presentarme al mundo desde la comprensión de que esto es así y dejo de resistirme y hago algo al respecto, entonces allí levo anclas y navego con total libertad en este océano.

Este océano que es, ni más ni menos, que el mar de mi existencia.

Muchas gracias.

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