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Sábados de Zen Cotidiano – Aspectos del Vacío – LA HUMILDAD – 25/03/23

por Sozan
Sábados de Zen Cotidiano

Sábados de Zen Cotidiano - Aspectos del Vacío - LA HUMILDAD

25 de marzo, 2023

La “vacuidad” o el “vacío” es una expresión utilizada en el pensamiento budista principalmente para distinguir entre lo que las cosas parecen ser y lo que son en realidad. El vacío es una manera de percibir las cosas, una forma de ver la experiencia inmersa en el contexto de la interdependencia de todo lo que existe. La primera vez que oímos el término «vacío», podemos pensar que se refiere a la “nada”, pero en realidad «vacío» debería recordarnos que nada existe en el vacío. Todo está inmerso en un contexto, un complejo conjunto de circunstancias dependientes, y estos contextos cambian constantemente. Cuando decimos que las cosas están «vacías», queremos decir que carecen de existencia independiente fuera de esos contextos cambiantes. El vacío y la interdependencia son más que conceptos: son la clave para obtener beneficios reales en nuestras vidas.

Si preguntamos entonces: «¿Vacío de qué?», la respuesta es «Vacíos de un yo separado de todo el resto de lo que existe». Eso significa que nada puede existir por sí solo. Todo tiene que coexistir; tiene que “inter-ser” con todo lo demás, y en esa interdependencia todo cambia todo el tiempo.

Al igual que otras tradiciones espirituales, el budismo considera la humildad una virtud. En el texto budista sobre la “Gran Compasión”, la humildad es una de las diez cualidades sagradas atribuidas al Bodhisattva Avalokiteshvara, el arquetipo de la Compasión. Es por ello por lo que sólo una mente humilde puede realmente reconocer sus propias limitaciones derivadas de la codicia, aversión e ignorancia, emprendiendo así el camino de la iluminación y la liberación.

¿Cómo podemos darnos cuenta de que nuestra mentalidad, nuestras actitudes y nuestros miedos conforman la forma en que respondemos al mundo que nos rodea y a nuestro interior? El profundo contacto con la humildad se manifiesta en la toma de conciencia por parte del practicante en relación con la vacuidad, al hecho de que no existe un “yo” separado del “resto”.

Mientras que alegrarse de las cualidades y acciones positivas de uno mismo es natural y promueve el bienestar, alabarse a sí mismo o buscar el beneficio personal a expensas de los demás surge de un malentendido de la naturaleza interdependiente del ser. Una no comprensión de la vacuidad.

Los preceptos nos piden, en última instancia, que nos hagamos responsables de nosotros mismos y de la situación en la que nos encontramos en este preciso momento. ¿Cuál es nuestro estado de ánimo? ¿Cuál es nuestro estado mental en relación con nuestra situación en la vida? ¿Cómo podemos hacer que nuestra mente vea que no estamos separados de todo el resto? ¿Cómo podemos darnos cuenta de que nuestra mentalidad, nuestras actitudes y nuestros miedos conforman la forma en que respondemos al mundo que nos rodea y a nuestro interior?

A medida que los practicantes del zen profundizan en la vía, avanzan hacia una madurez espiritual que les hace desistir de alabarse a sí mismos innecesariamente a expensas de los demás y los lleva a aceptar la propia responsabilidad. Sólo asumiendo la responsabilidad de la totalidad de nuestra vida es que surge la capacidad de vernos interconectados, volviéndonos libres y plenamente compasivos. Sin duda somos excepcionales en muchas cosas, pero no es así en cosas básicas como son la integridad y nuestra humanidad. Esta relación de la vacuidad y su inherente humildad nos llama a sostener a todos los seres en igual consideración, practicando la inclusión e igualdad.

“Estamos ansiosos acerca de si somos dignos de ser apoyados por el universo, inseguros de que en el mundo haya suficiente amor y recursos para todos.”
Tenzin Reb Anderson

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