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Sábados de Zen Cotidiano – Codicia- 08/06/24

por Sozan
Sábados de Zen Cotidiano

Los Tres Venenos: Codicia

8 de junio 2024

TRANSCRIPCION:

Por favor, pongan las manos en gassho y reciten conmigo:

“Todo mi antiguo y retorcido karma por la incesante codicia, odio e ignorancia. Nacido de mi cuerpo, palabra y pensamiento. Asumo ahora plenamente.”
“Todo mi antiguo y retorcido karma por la incesante codicia, odio e ignorancia. Nacido de mi cuerpo, palabra y pensamiento. Asumo ahora plenamente.”
“Todo mi antiguo y retorcido karma por la incesante codicia, odio e ignorancia. Nacido de mi cuerpo, palabra y pensamiento. Asumo ahora plenamente.”

Todas las mañanas -me animo a decir que en todos los templos Zen del mundo, todos los monasterios zen del mundo y en algunos grupos de práctica-, se recitan estas palabras.

¿Y por qué? ¿Por qué recitamos esto todas las mañanas? Y lo hacemos porque todo nuestro ser kármico, los errores que hemos cometido, las personas que hemos lastimado y las que les hemos hecho daño, las oportunidades, la energía que hemos malgastado… Todo eso se sintetiza de alguna manera para producir los resultados kármicos acumulativos diría, que me llevan a mí y a los demás al sufrimiento, Dukkha. Y lo que hago con este verso es reconocerlo: Reconozco todo mi antiguo y retorcido karma. Lo que hago es aceptarlo. En resumidas cuentas, me hago responsable, me hago responsable de ese antiguo retorcido karma. Por lo incesante, devenido de la incesante codicia, odio, e ignorancia y que nace en mi cuerpo, palabra y pensamiento. Lo reconozco, lo acepto, me hago responsable. Todas las mañanas lo recitamos tres veces.

Y creo que es importante que quede claro que esto no se trata de culpa, no es una admisión de culpa, sino que es una aceptación de responsabilidad. La culpa no es algo con lo que solemos operar en el Zen y en el Budismo en general, pero sí admitir que nuestro karma es antiguo, es incesante, es retorcido y que continúa y que nos lleva a espacios de mucha complejidad.

Reconocemos aquí que nuestras vidas están influenciadas por ese karma, por esas palabras, pensamiento, acción, de ayer, de hoy, de mañana. Y entonces, cuando reconocemos esto, y cuando lo hacemos todas las mañanas, tres veces, podemos quizás sentir el peso de esa responsabilidad. Admitir que somos seres humanos falibles, kármicos, y prestar atención. No olvidarnos. No olvidarnos de que ese antiguo retorcido karma es una compañía de vida. Y entonces de ahí podemos sentar las bases para la práctica, para crear la intención de operar de otra manera, para ser de otra manera en el mundo en el que vivimos. Pero para poder ver con claridad ese ser en el mundo que queremos que se manifieste, tomamos contacto profundo, real, admitimos humildemente, con mucha humildad, pero sin culpa.

Ese antiguo, retorcido, karma… y yo personalmente siento una mezcla de responsabilidad y alivio cuando recito esto y de alguna manera siento como que me abro y dejo ir. Como que de alguna manera al recitar esto ya no estamos ocultando algo, no estamos ocultando nuestro karma, nuestro pesado karma. Lo hacemos público, lo recitamos juntos en Sangha. Por supuesto lo puedo hacer en mi habitación solo, pero esto usualmente ocurre en Sangha. Todos juntos recitando lo mismo. Algunos de ustedes lo han hecho porque, por ejemplo, esto es parte de la ceremonia de Jukai. En la ceremonia del Jukai hay una una sección en la cual quien está tomando Jukai recita esto, tres veces.

Pero la potencia, el poder que tiene de todos juntos recitando esto, diciendo: “Qué pesado, qué antiguo, qué retorcido este karma, el odio, la codicia, la ignorancia y que nace de mi palabras, de mis acciones, de mis pensamientos, lo admito, lo admito, lo asumo”.

Ese antiguo karma que se crea por la incesante codicia, odio, ignorancia, codicia, odio e ignorancia. Los tres venenos. Los tres venenos que se consideran en nuestra práctica como las causas fundamentales de Dukkha. Las causas fundamentales de la complejidad en las que nos vemos inmersos. Codicia, odio e ignorancia.

Estos tres venenos también se les conoce en el budismo como los tres fuegos, los tres fuegos o las tres raíces de lo insano. Me gusta particularmente lo del fuego.

Y Buda presentó por primera vez estas actitudes insanas, estos fuegos, como si fuesen fuegos justamente en un sermón que se llama ni más ni menos que el Sermón del Fuego. Y el Buda dijo lo siguiente: “Monjes, todo está ardiendo. ¿Ardiendo con qué? Ardiendo con el fuego de la codicia, con el fuego del odio y con el fuego de la ilusión”.

Todo está ardiendo. Imagino en la cara de los monjes cuando Buda dijo Monje, está todo prendido fuego. Sépanlo. ¿Que está prendido fuego, Buda?

Tu vida está prendida fuego, con el fuego de la codicia, el fuego del odio, el fuego de la ilusión. Y es interesante porque de hecho, la palabra “Nirvana” deriva etimológicamente de la expresión “extinción”. Extinción de un fuego como quien extingue un fuego. Eso es nirvana. Nirvana es el lugar donde esos fuegos no están presentes debido justamente, etimológicamente, de la palabra extinción. ¿Y una vez le preguntaron a Śāriputra -que fue uno de los principales discípulos del Buda- “¿Qué es el Nirvana Śāriputra?”. Śāriputra respondió: “La destrucción de la codicia, la destrucción de la ira, la destrucción del engaño. Eso es Nirvana”.

Los Tres Venenos, los tres fuegos. Y tradicionalmente estos tres venenos se los conoce en sánscrito como kleshas K, l, e, s, h, a, s, Kleshas. Es un término, como digo, que proviene del sánscrito y que significa “destrucción” o “impureza”. Klesha, los tres Kleshas: Kleshas de la codicia, del odio y la ignorancia. Y lo interesante, cuando uno profundiza un poco más en el estudio de los kleshas y los sutras que hablan de los kleshas, y las enseñanzas que habla de estos tres venenos, tratan a estos tres kleshas como la fuente de todos los demás kleshas. Y este es el punto, porque podemos decir: “Bueno, eso es lo único: codicia, odio, e ignorancia”, y la enseñanza detrás de esto es que estos son los tres pilares de Dukkha. De la codicia vienen cosas como el apego, pero hablamos de apego claro, por supuesto. Entonces estos vendrían a ser kleshas raíces, de donde nacen los demás.

Voy a hablar entonces sobre estos tres venenos, estos tres fuegos de destrucción, codicia, odio e ignorancia.

Hoy voy a hablar de la codicia.

Buda, en los más antiguos Sutras del Pali dice una cosa que es un resumen total y completo de nuestra práctica. Hay miles, no… cientos, miles de libros de enseñanzas y de sutras. Y es interesante como tenemos esta cuestión de tanta enseñanza, tanto escrito y a la vez tanto poder de síntesis. Buda dijo “Sólo enseño dos cosas”. “Solo enseño dos cosas: Enseño sobre el sufrimiento y el fin del sufrimiento”. Punto.

Y el Buda, una y otra vez nos viene a traer este mensaje de que podemos liberarnos de Dukkha. Podemos ir hacia la cesación de Dukkha a través de trabajar con liberarnos justamente de estos tres fuegos. Estos tres venenos.

Y codicia, el primero, me resulta muy interesante porque la ira, el odio, la ignorancia… a veces me encuentro como más conectado con eso. Lo puedo identificar más. Pero la codicia por ahí no tanto. Porque cuando pienso “codicia”, a veces pienso en alguien como muy angurriento. No sé, angurriento, parece una palabra que utilizamos sólo en algunos países, pero muy que, me imagino la persona con un habano. Y había un personaje, me acuerdo, de Disney, creo que se llamaba algo así como Rico Mac Pato o algo así. Creo que era tío del Pato Donald, no me acuerdo, pero tenía mucho dinero y se sentaba en una montaña de monedas de oro, por ahí se acuerdan de eso. Codicia, pienso en eso. Deseo incontrolable de poseer. De poseer riqueza. De poseer cualquier cosa. De poseer poder. De poseer fama. Entonces, cuando pienso en la palabra codicia, la veo un poco grande y pesada o con mucha carga emocional.

Y quizá el problema con esto es que cuando la veo así pienso que quizás es la codicia, siendo más rápida, más -diría incluso más sabia que yo- por las maneras en que me envuelve. Porque a mí no me pasa lo de Rico Mac Pato, entonces estamos bien. Y en general esto lo que hace es minimizarlo. Desde esa esa grandilocuencia que tiene mi mente, termino pensando que es algo que a mí no me ocurre, que no soy codicioso, que es un problema de Rico Mac Pato o de los políticos o de los famosos.

Entonces no me hago responsable y pierdo conexión con lo que puede estar ocurriendo en mi práctica. Pero la codicia en el Budismo, en el ser, en nuestra práctica, nos invita, nos lleva a vernos más de cerca, a conectar con un sentimiento que existe probablemente en casi todos nosotros. Estoy siendo amable cuando digo casi todos nosotros, porque me parece que nos ocurre a TODOS nosotros.

Es un sentimiento de permanente o casi permanente insatisfacción. Entonces estamos conectando la codicia con la insatisfacción, de simplemente querer un poco más. De no poder estar felices con lo que tenemos, ya sea nuestro salario, nuestra casa, nuestras relaciones, nuestro prestigio, nuestras riquezas, nuestro teléfono móvil… incluso en nuestra práctica, porque podemos vernos envueltos en la codicia también en referencia a querer ser “un poco más despiertos”. No estoy conforme con lo despierto que soy, no estoy conforme con Zazen y el tiempo que mi mente está volando por todos lados y quiero un poco más, quiero un poco más, quiero un poco más. Y nos obsesionamos de alguna manera con algo que creemos que ese poco más va a completar algo para que seamos felices. Con un poco más de dinero puedo comprar esto, puedo comprar aquello, ser feliz. Con una casa un poco más grande por ahí podría tener mi propio despacho, una habitación para huéspedes y ser feliz. Si tuviera tal nivel en el trabajo, un puesto determinado, quizá podría ser jefe en lugar de subordinado. Ahí si voy a ser feliz. Y vamos postergando nuestra felicidad a ese poco que falta para completar algo. Y ahí es donde la codicia opera. Sutilmente -o no tan sutilmente- en nuestras vidas.

Porque nuestra práctica nos enseña que este deseo de tener un poco más, de ser un poco más, es interminable. Y ese “ser felices a través de la incorporación de ese poco más” o de “cambiar ciertas cosas”, o de “un poco menos”… porque la codicia es también un poco menos. Uno puede decir: “Quiero un poco más de dinero, quiero ser un poco menos pobre”. Cualquiera de estas facetas de la codicia nos envuelven una y otra vez en este ciclo de Dukkha. Porque cuando estamos ahí, no importa cuánto dinero tengamos, lo grande que sea nuestra casa, nuestro trabajo, siempre estamos ahí, no, siempre en ese lugar de “cuando esto se complete, entonces sí seré feliz”, relegamos la felicidad hasta tanto eso ocurra.

¿Entonces, qué nos enseña nuestra práctica con respecto a esto? ¿Qué es lo que importa aquí? Porque de alguna manera, como digo, esto nos ocurre a todos, en mayor o menor medida.

Nos lleva a la pregunta, por ejemplo, me lleva a la pregunta “Pero entonces ¿Es posible ser feliz ? ¿Si, si está presente este fuego en mi vida?”. Por supuesto que sí, por supuesto que podemos ser felices, y lo hacemos justamente a través del trabajo de reconocer la existencia de estos fuegos, reconocer que en algunos espacios vivo en permanente estado de insatisfacción.

Y quiero ser claro con una cosa: esto no significa -y ya lo vamos a ver más adelante también- que no tenga que querer lograr cosas, que está mal querer tener más dinero, o que está mal querer tener una casa más grande. Para nada. Por favor, no ingresemos en ese lugar de dualidad. Porque honestamente el mundo sería un lugar muy chato y muy aburrido -y diría incluso sin progreso- si no fuera por esa búsqueda. Estamos hablando de otra cosa aquí. Estamos hablando de una insatisfacción. Que en algunos ámbitos de nuestra vida no se resuelve, y que no importa cuánto incorporemos o dejemos ir, eso sigue… o incluso se incrementa.

Entonces, podemos tener el último iPhone, o casa, o lo que sea. El punto aquí es. ¿Qué significa eso en mi vida? Y si es algo con lo que puedo conectar y estar bien en ese momento, o si es solamente un puente a lo que viene próximo y todo se convierte en un puente a lo que viene próximo.

El Dalai Lama dijo una frase que me resulta muy clara, muy instructiva para mí. Creo que el Buda resume esto muy bien. Dalai Lama dice “La verdadera felicidad proviene de tener una sensación de paz interior y de satisfacción. La verdadera felicidad proviene de tener una sensación de paz interior y de satisfacción que a su vez debe lograrse cultivando el altruismo, el amor y la compasión y eliminando la ira, el egoísmo y la codicia”.

La verdadera felicidad proviene de la paz interior y de la satisfacción. ¿Cómo se logra? Se logra cultivando el altruismo, el amor y la compasión. Y a través de eliminar el egoísmo, la codicia, la ira, la ignorancia.

Entonces, por supuesto, hay una manera en la cual podemos ver que, que esa codicia opera en nosotros en mayor o menor medida y, el punto es cómo. ¿Cómo? ¿Cómo operamos nosotros en nuestra práctica con respecto a eso? Y, la principal manera de controlar este fuego es a través de sus antídotos. No, aquí no peleamos fuego con fuego. Peleamos fuego con agua. Y los antídotos principales de la codicia son primero, la generosidad. Esto es fundamental. El primero de los Paramitas: Dana, generosidad. La satisfacción y el desapego. El no apego. Si podemos trabajar sobre nuestra generosidad, nuestra satisfacción y nuestro no apego, naturalmente las cosas van encontrando su lugar. Entonces, estas son tres prácticas fundamentales para acabar con la codicia. Y como digo, por eso, Dana Paramita, es la generosidad, es el primero de los tres Paramitas es el primero de las Perfecciones de la Sabiduría.

Volcarse a una mente, un corazón de dar, de entregar. Ese dar es entregar, Dana es, por supuesto, generosidad con uno, pero generosidad con los demás. Porque somos codiciosos con nosotros mismos y con el mundo. Y este, “dar” nos pone en otro lugar, nos pone en un lugar de entrega que es un antídoto perfecto para combatir la codicia.

En general, a ver si esto es claro. Pienso que dar es lo opuesto a recibir. Y por supuesto, lo hemos visto anteriormente cuando hablamos de las tres ruedas, que dar, recibir y el obsequio son a la vez la misma cosa. Pero el punto de vista más relativo, dar es lo opuesto a recibir, y la codicia es mayormente sobre recibir y recibir… Y cuando recibimos, al minuto no alcanza.

Entonces la práctica de Dana nos permite, nos ayuda, a profundizar en esta práctica de la conexión más profunda con todo el universo. Dana nos permite, la generosidad nos permite conectar con todo el universo, con esa inmensidad en lugar de ese pequeño universo del ego.

Dana, dar, generosidad. Y también otra de las cosas más importantes que podemos hacer para combatir, para cortar estos venenos, este “fuego de la codicia” es conectar con una sensación de satisfacción. Estar satisfechos con lo que tenemos. Y como digo, esto no significa en absoluto que no debamos esforzarnos por mejorar nuestra situación. Esto no significa que sea un punto de vista nihilista “Ok, estoy satisfecho, entonces no me importa nada, no me esfuerzo por nada. No busco nada”. No es de lo que estamos hablando. Creo que ya tenemos un poco más de conciencia del tipo de concepto del que estamos hablando para entender que esto no se trata de perder el interés. De lo que sí se trata es de que intentamos no dejarnos controlar por una mente inquieta, un corazón inquieto que nunca se satisface.

Y por supuesto, queremos progresar, queremos mejorar, queremos crecer. Y a la vez aquí surge el koan, el koan de poder conectar con esa intención de desarrollarse y a la vez no verse manipulados por esa mente que todo lo quiere y para la que nada es suficiente, dirigida por una actitud de constante insatisfacción.

Y por supuesto el no apego es clave en esto. Porque la codicia es la raíz troncal del apego. Y decimos que nuestra práctica del apego o el no apego es uno de los puntos principales o puertas principales a Dukkha, a la complejidad del sufrimiento.

Y como hemos visto anteriormente con respecto al apego, esto no significa que no podemos tener nada o no podemos querer nada. Significa que podemos seguir disfrutando de las cosas que tenemos, que podemos disfrutar de aquello que está presente en nuestra vida en este momento sin ser esclavos de nuestros deseos. Hay una diferencia entre desear algo y ser esclavo de nuestros deseos.

Entonces, buscar en ese lugar de satisfacción que, como digo, no es un lugar de desinterés. Ver dónde ese fuego de la insatisfacción se manifiesta, se vuelve presente y me envuelve en ese ciclo. De más, de más, de más, de más, de insuficiencia. Esto es codicia. Esto es de lo que hablamos cuando hablamos de codicia. Llevado al extremo, por supuesto, es el personaje de Rico Mac Pato.

Pero esto tiene muchos, muchos diferentes niveles o expresiones. Y probablemente en cada una de nuestras vidas se manifieste de una manera u otra. Y allí trabajamos. Allí vamos a trabajar sobre esto, porque la codicia ha llevado al mundo hoy a un estado de mucha complejidad. La codicia, el consumismo insano. No hay nada ni nada malo con comprarse cosas. Pero cuando surge un consumismo insano donde nada alcanza, donde las cosas tienen que renovarse todo el tiempo, donde tu cabello no es suficientemente brillante, nunca. Uf! qué difícil, qué difícil. Entonces la propuesta es que observemos nuestro rol en lo particular, en cada uno de nuestras vidas y también como este “más” que podría o no llevarnos a la felicidad, tiene un impacto profundo en nuestro metro cuadrado, pero también en el mundo. Cada vez que conectamos con ese espacio de codicia, el efecto es inimaginable. No sabemos cuánto se extiende eso que nos lleva al más, más, más.

Y aquí estamos, practicando, practicando, practicando. Haciéndonos estas preguntas. Porque sería más fácil no hacérselas. ¿No? Y, bueno, eh… Yo me siento en Zazen, listo.

Pero nuestra práctica nos pide que nos hagamos estas preguntas para convertirnos en adultos espirituales, sin juicio, sin culpa. Esto aquí no estamos hablando de “Qué bárbaro, qué pésimo soy practicando, Qué pésimo ser humano, Cómo puede ser que yo.. y esto, y lo otro, mi antiguo retorcido karma”. No, no ingresemos ahí. Eso es ilusión. Pero sí con seriedad hacerse estas preguntas ¿Donde?, ¿Donde me encuentro insatisfecho, y cuál es el origen de esa insatisfacción? ¿Y qué tiene que ocurrir para ser feliz? ¿Y si hay algo allí fuera que pueda lograrlo?

Quiero cerrar entonces, repitiendo esta hermosa frase del Dalai Lama. “La verdadera felicidad proviene de tener una sensación de paz interior y satisfacción que a su vez debe lograrse cultivando el altruismo, el amor y la compasión, y eliminando el egoísmo, la ira y la ignorancia.”

Muchas gracias.

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