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Sábados de Zen Cotidiano – Combustión Total – 25/05/24

por Sozan
Sábados de Zen Cotidiano

Combustión Total

25 de mayo 2024

TRANSCRIPCION:

Una de las premisas más importantes que sintetizan nuestra práctica del Zen es la manera en que vivimos el momento presente.

Y usualmente hablamos de aquí y ahora, hasta el hartazgo, escuchamos aquí y ahora, aquí y ahora. Ima Koko en japonés, aquí y ahora. Pero como hemos visto, tan sólo decir aquí y ahora quizá no es suficiente. Es como el dedo apuntando a la luna. Nos muestra el camino, nos apunta hacia algo. Pero no necesariamente es el destino. Apunta a la luna. No es la luna. Entonces. Aquí y ahora. Es como si ese dedo nos apunta a algo. Pero no es necesariamente ese algo a lo que apunta. No es una referencia. Un punto de referencia aquí, lugar, ahora, tiempo. Una referencia de lugar y tiempo. Pero como hemos visto, nuestra práctica nos invita, nos anima a ir más allá del simple concepto de lugar y tiempo. Por supuesto, la indicación es válida. Es importante entender en qué momento y en qué lugar, aquí y ahora. ¿Pero qué más?

Y nuestra práctica nos dice que, en referencia al tiempo, este “aquí”, este tiempo es único e irrepetible. Nos lleva un paso más allá a reflexionar, a vivirlo como, una oportunidad, un momento, un momento, una oportunidad. “Ichi-go Ichi-e” en japonés. Este momento no se vuelve a repetir. ¿Entonces cómo eliges vivirlo? Un encuentro, Una oportunidad. Entonces nos propone que la práctica del Zen tiene mucho más que ver con comprender profundamente que cada momento es irrepetible y no solamente con el simple o la simple referencia del lugar (Perdón, de momento: Ahora).

Y luego la enseñanza continúa con la manera en que nos ubicamos en el espacio, en este aquí, y nos ubicamos con absoluta, exquisita y completa atención. Menmitsu no-Kafu. Entonces no basta con estar aquí y estar ahora. Pasamos de un simple aquí y ahora a vivir el momento irrepetible de este instante al que ingresamos con exquisita atención, a vivir con un foco de práctica profundo.

Claramente, el Zen no nos hace las cosas más fáciles. Si lo que están buscando es una práctica fácil, inmediata, automática, la práctica, así como de pastilla, quizás estén un poco decepcionadas.

Nos pide que nos involucremos. La práctica nos pide que nos involucremos. Nos invita a vivir de una manera completa. Y vivir de una manera completa lleva justamente práctica y no solamente práctica, sino práctica y entrega.

Aquí y ahora. Parece simple vivir cada momento como único, irrepetible, con profunda, exquisita atención. Ya es para profesionales. Somos todos profesionales aquí del “aquí y ahora”.

¿Entonces, qué ocurre cuando vivimos la vida de esta manera? ¿Cuando vivimos la vida inmersos en el foco del Zen? ¿Qué ocurre cuando podemos vivir cada momento como único, irrepetible? ¿Qué ocurre cuando lo vivimos con cuidadosa, exquisita atención? ¿Tanto esfuerzo no? ¿Cuál es el resultado? ¿Qué queda de todo eso?

Nada. No queda nada. Absolutamente nada. Y de eso voy a hablar ahora.

Entonces, quizá la pregunta que surgió en alguno de ustedes fue “¿Todo este esfuerzo, toda esta tensión, todo este vivir el momento como único, irrepetible, exquisita atención y no queda nada?”. Y nuestra mente transaccional se vuelve medio loca. No lo puede comprender. ¿Para qué tanto esfuerzo? ¿Para qué tanta práctica? ¿Para qué práctico si el resultado, según Sozan, es nada?

Bueno, vamos a ver, porque es nada, porque este nada en realidad lo es todo. Es la absoluta expresión de nuestra práctica.

Y este “nada” que queda se conoce en japonés como “Jinriki”. Jinriki es el concepto de la nada del que estoy hablando, un concepto que si lo traducimos significa “combustión total”. Combustión total. Cómo ingresa ahora este concepto de aquí y ahora del presente lugar, momento y lugar. Porque ¿qué ocurre cuando hay una combustión total, cuando todo se quema, cuando todo se quema, cuando la combustión es total? No queda nada.

Como por ejemplo, luego de un incendio, alguien dice “Se quemó todo, no quedó nada”. O quizá cuando hacen un fuego en un campamento o en la parrilla, en la barbacoa, allí en sus hogares, y al siguiente día ven que no quedó nada, No hay carbón, no hay nada, ni madera. No quedó nada. Pero cuando la combustión no es total, algo usualmente queda. Queda madera sin quemar. Queda carbón negro. Quedan cosas.

Entonces, cuando hablamos de Jinriki, Jinriki, combustión total en el momento y el lugar presente aquí, y ahora, decimos que luego de la actividad del Bodhisattva no quedan rastros. Ingresamos a este momento sabiendo que es único, irrepetible. Nos entregamos con profunda y exquisita atención. Lo damos todo y nos consumimos por completo en la actividad. Entrega completa, Combustión total. Jinriki.

Y Jinriki se traduce más específicamente como “agotar las fuerzas.” La primera parte de este concepto, Jin se compone de cuatro caracteres que hacen referencia a la noción de totalidad, la totalidad del mundo. Totalidad del saber, totalidad del tiempo y totalidad de uno mismo. Esos cuatro caracteres hablan de la totalidad del saber, totalidad del mundo, del saber, totalidad del tiempo y totalidad de uno mismo.

Entonces significa que para cada acción has de hacer la totalidad de lo posible con la totalidad de lo que tienes en el mundo, con la totalidad de tu saber y la totalidad del tiempo. Todo. Entregamos todo para que no quede nada. Y esa es nuestra práctica, una práctica del todo. Pero que ese “todo” se consume por completo. Y por supuesto, cuando digo nada, no estoy diciendo que no queda nada del punto de vista relativo o material. No estamos hablando de algo más absoluto. Y ahora voy a profundizar más.

Cuando la actividad es cocinar, lo que queda es una comida. Quizá la comida, que es el resultado de cocinar. Si comprendemos que ese acto de cocinar es único, irrepetible y nos entregamos con exquisita atención y lo damos todo, el resultado de esa comida será diferente de si no lo hacemos que cuando lo hacemos dentro de lo que puede ser la actividad del Bodhisattva. Si lo que hace la actividad es trabajar, lo que queda es el producto de mi trabajo.

¿Entonces, qué significa Jinriki? ¿Qué es la nada que resulta de la actividad?

Jinriki es la llama. Es el fuego que quema las ideas preconcebidas y las ilusiones. Entonces lo que no queda, es no queda ningún vestigio del ego. El ego se consume por completo en la actividad cuando la actividad es práctica. Cualquier actividad. Y si no estamos entendiendo el momento presente como único, irrepetible, si no estamos prestando atención exquisita, si no nos consumimos por completo en lo que estamos haciendo en este momento aquí, ahora… Quedan vestigios del ego. Quedan rastros de arrogancia o queda en los carbones de la crítica. Quizá quedan fragmentos del deseo. O madera sin quemar del desánimo o el desgano. Quedan rastros del ego.

Entonces qué es todo esto que puede quedar cuando la combustión es total. Y lo que digo, resentimiento, gloria, codicia, obsesión, envidia, intolerancia, pena, orgullo, antipatía. ¡Uf! El listado es enorme de aquello que puede quedar cuando la combustión no es total.

El ego no quiere quemarse. Entendamos eso. Y lucha contra las llamas de la práctica. Y el Buda que se encuentra en cada uno de nosotros, va de un lado al otro con la antorcha del despertar, prendiendo fuego, ayudado por Samantabhadra el Bodhisattva de la Actividad iluminada. Y el ego corre de aquí para allí como loco intentando escapar de estas llamas. Y lo peor es que la mayoría de las veces, por lo menos en mi caso, lo logra. Y en mi actividad luego quedan vestigios del ego.

Entonces, si un trozo de madera se entrega por completo al fuego, se quema por completo. No quedan rastros de la madera, si no si queda un espacio fuera del fuego. No se consume por completo. Algo queda sin quemar. De la misma manera, si nos entregamos por completo a un momento único del presente, con absoluta exquisita atención, el ego se quema por completo. No queda nada. Combustión total.

¡Y qué importante es observar esto! ¡Qué importante es darse el espacio! Para luego de estar involucrados en algo. Conectar con, con qué pudo haber quedado como vestigio del ego.

Cuando la actividad es absoluta desde la práctica, Cuando es la práctica en actividad, La actividad iluminada.

Nos sentimos realizados en cada cosa que hacemos. Esto no significa que tiene que salir bien. No, no es porque ahí volvemos a la mente transaccional y dualista. Si las cosas me salen bien, entonces las puedo soltar. ¡Y qué maravilloso! No queda nada. Y no estoy hablando de eso. No estoy hablando de un resultado en particular de lo que estamos haciendo.

A veces las cosas no salen, a veces son difíciles, pero nuestra práctica nos anima a vivirlas de la misma manera que cualquier otra cosa. Lo mismo con las cosas que nos gustan como las que no nos gustan. Porque si nos entregamos al acto, al presente y nos consumimos por completo en la actividad, entonces lo podemos soltar.

Esa envidia, esos temores, esa gloria… muchas cosas que a veces lo que nos hacen es apegarnos, apegarnos al resultado, apegarnos al pasado, incluso. Nos mantenemos fijos en aquello que ocurrió allí, entonces, por todos estos vestigios del ego que nos mantienen ahí, en lugar de poder pasar al próximo momento, libres, abiertos. Abundantes. Porque allí donde no quedó nada, hay espacio para todo.

Cuando el ego empieza a llenar esos espacios cada vez más, cada actividad se hace más difícil. Es como querer hacer un fuego sobre los restos húmedos del fuego de ayer. No, no es tan fácil.

Suzuki Roshi, maestro fundador de nuestro linaje, dijo: “Normalmente un maestro Zen te dirá: Práctica Zazen para alcanzar la iluminación. Si alcanzas la iluminación, estarás desapegado y verás las cosas tal cual como son.” El Maestro continúa diciendo “Pero no siempre es así. Lo que dice el maestro Zen es, por supuesto, cierto. Pero el Zazen que nos enseñó Dogen Zenji es vivir cada momento en completa combustión, como una lámpara de queroseno o como una vela. Es la manera de vivir cada momento, de hacerse uno con todo e ingresar el espacio de unidad con todo el universo. Es el objetivo de su enseñanza y de su práctica. Cuando la llama está en combustión completa, no se huele el aceite. Cuando está humeante, tendrá una cierta clase de olor.” Cuando la llama está en combustión completa, no se huele el aceite, cuando está humeante, tendrá una cierta clase de olor.

El maestro Suzuki nos trae a Dogen, fundador del Zen Soto, en nuestra línea del Zen. Y nos dice el Zazen que nos enseñó Dogen es vivir cada momento en completa combustión. Fíjense cómo habla del Zazen de Dogen, no solamente como el acto puro de sentarse en Zazen, de la meditación, sino como el Zazen que continúa más allá del zafu, más allá del almohadón, del cojín.

Nos dice que el Zazen en nuestra práctica es “vivir cada momento en completa combustión, como una lámpara de queroseno, como una vela”.

Cada momento presente al que ingresamos, sabiendo que es único y con exquisita atención. Por completo. ¿Y qué ocurre cuando ocurre esto? Cuando vivimos cada momento. Suzuki dice “Es la manera de vivir cada momento.” Y cada momento es cada momento. No es “Bueno, estos momentos que hoy estoy relajado y no tengo tantos problemas, mis hijos en la escuela, esto, lo otro. Hoy puedo vivir el momento como una vela o una lámpara completamente encendida”. No, la práctica es cómo puedo llevar eso a mi vida a cada momento. Porque como dice aquí el maestro Suzuki nos hacemos uno con todo e ingresamos al espacio de unidad con todo el universo. Y continúa “Es el objetivo de su enseñanza y su práctica.” De Dogen. Como si. Como si esto casi englobara todo. Como si dijéramos “Si uno vive el momento presente, ese lugar único, con atención exquisita y consumiéndose por completo, es Buda. Buda. Completamente Buda”.

Y como dice el maestro Suzuki, si la lámpara no quema bien. Si no hay combustión total, el aroma de nuestro ego permanece en el aire. Se huele.

Entonces, para hacerse uno con el todo, con el universo, como dice el maestro Dogen, debemos concentrar el tiempo, el espacio y la acción en un solo punto de práctica que se da en este instante, sin que queden olores ni vestigios del ego en el pasado, sin que el ego perfume la actividad del futuro, por completo. Nos damos ciento por ciento a la práctica del presente.

Esta idea de darlo todo, de entregarse por completo, hasta en la acción más pequeña -quiero ser claro con esto- no está hablando, no intenta decir que debemos quedar exhaustos en esa entrega por completo, sin fuerzas. No estamos hablando de darlo todo como esforzarse al punto de saturación. Nos propone darlo todo dentro del contexto, de la energía de ese momento. De no ser mezquinos en la manera que hacemos las cosas. Sino estar cien, ciento por ciento presentes y ciento por ciento comprometidos.

Cuando estamos presentes y comprometidos, eso no necesariamente nos quita la fuerza, No nos agota. Pero nos pide que estemos vivos, realmente vivos en el momento presente.

Entonces, esa es nuestra intención de práctica. Por supuesto, luego la vida misma se interpone y es difícil llevarlo a cabo. Como digo, si pudiéramos hacerlo siempre seríamos Buda. No somos perfectos. Somos humanos. Fallamos una y otra vez en el intento. Dejamos rastros del ego así dispersos en nuestra vida y también en la de los demás. Y no importa. No importa. Porque sin criticar, sin ingresar a un espacio de dualidad, de bueno o malo, perfecto, imperfecto, me gusta, no me gusta… Intentando no ingresar en ese espacio, continuamos. Continuamos. Continuamos viviendo cada momento. Lo más vivos posible. Buscando que nuestra llama ilumine por completo la existencia de todos los seres. Como una vela, como una lámpara que ilumina el camino hacia el despertar. Nuestro y el de todos los demás.

En combustión total.

Muchas gracias.

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