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Sábados de Zen Cotidiano – El Entorno – 13/04/24

por Sozan
Sábados de Zen Cotidiano

El Entorno

13 de abril 2024

TRANSCRIPCION:

Hemos hablado de la paciencia, de la alegría empática, la aceptación. Hemos hablado del relato. Muchas de estas capacidades o virtudes que pueden ser conducentes al cese de Dukkha al cese de la dificultad del sufrimiento.

Y en estos últimos meses, en algunos encuentros personales que he tenido con algunos de ustedes en Dokusan en discusiones de práctica, ha surgido o surge a veces una pregunta o un interrogante que podría quizá resumir de la siguiente manera.

Sozan… paciencia, aceptación, alegría empática ¡Qué difícil! ¡Qué difícil! ¿Cómo? ¿Cómo hago? Realmente, realmente es un tema que cuando lo escucho, que cuando lo pienso hace muchísimo sentido tiene eh tiene ese sabor a práctica. Pero luego. ¿Qué difícil, no? El, el camino hacia el cese de Dukkha era más difícil de lo que creía. Si. Estás en lo cierto. Y por supuesto, no es fácil. La vida no es fácil. Y esta práctica no es fácil. Pero por eso estamos aquí. Porque queremos transformar la manera en que vivimos, la manera en que somos en el mundo. Y por eso cuando hablamos del Zen hablamos de una práctica. La práctica del Zen hablamos mucho de la práctica. Y es una práctica porque, como otras cosas con la que se practica.

Se debe practicar, valga la redundancia, si uno quiere llegar a algún lado. Si yo quiero tocar la guitarra -por ejemplo, Andrés, Tomás, tocan la guitarra- pero no practico, el sonido, mi instrumento va a estar de acorde con mi compromiso con esa práctica, No, Sin duda. Esa es la diferencia entre una hermosa melodía y un gato arañando las cuerdas. Qué es lo que se parece si yo agarro una guitarra.

¿Y les aseguro que con la práctica del Zen pasa lo mismo, no? Aunque no lo veamos o no lo querramos ver. Si yo tomo clases de guitarra una vez por semana o una vez por mes, pero no practico, no estudio, no investigo, no me detengo a escuchar la sutileza de los diferentes sonidos como suena cada cuerda, como suena el instrumento un día de más calor, de más frío, cualquiera de esas cosas. Si no estoy comprometido con el instrumento y no practico, pero tengo la expectativa de que este instrumento, eh, va a sonar de una manera maravillosa. ¿No? de allí va a salir un sonido armónico, aunque uno sea una gran melodía, ¿no? Pero va a salir algún sonido armónico, es una ilusión. Si no practico, no puedo esperar que la guitarra haga por sí sola el trabajo.

Y con la práctica del Zen ocurre algo que siempre me resultó curioso. Muchas personas, muchos practicantes, deciden que el Zen es como esa guitarra que toco y el sonido no es melódico porque no practico. Y la conclusión es el zen no funciona, no me sirve. Le ponemos la responsabilidad a la guitarra.

No, no hay armonía. No me veo transformado. Sigo sufriendo. Y por supuesto, esto es como mirar la guitarra apoyada en esas bases de guitarra, parada ahí en el rincón de la habitación y exigirle que funcione. Vamos, guitarras, haz algo toca una melodía. La guitarra no funciona. Y eso que tomo clases, una vez por semana tomo clases, pero no la guitarra. no, no funciona.

Y muchas o una gran cantidad de veces la intención está ahí. La intención existe. No es que no queremos practicar. No es que no queremos involucrarnos más con la práctica del Zen. No es que no queremos. Tocar la guitarra, practicar, investigar. Pero se hace difícil, Se hace difícil. por ahí ir a ir a la clase es un poco más fácil. Voy a la clase. Lo tengo en mi agenda. Voy, vengo. Es más fácil, pero después la práctica continua. ¿Qué es lo que hace realmente la diferencia? Se hace difícil.

Como que queremos ser músicos en la orquesta de la vida, pero no logramos conectar con el instrumento con la frecuencia necesaria. Entonces la intención está ahí. Las ganas de ser de cierta manera en el mundo son reales. Está ahí. Pero sin embargo, algo no cambia, no se ve transformado. Y esto se vuelve muchas veces frustración o negación. O echamos culpas.

Culpas a la agenda, culpas a los hijos, culpas al trabajo. Y esa frustración es real. Esa frustración es real porque la intención es real. ¿Pero entre la intención y la frustración, qué es lo que ocurre? Y por eso es importante detenerse y verlo. Y por eso lo estoy trayendo hoy, porque podemos hablar de paciencia, aceptación, podemos hablar de compasión, generosidad. Todo eso que es parte de nuestra vida en práctica.

También podemos hablar de la práctica formal, ¿no? Eso que ocurre cuando nos sentamos en zazen, cuando escuchamos un té o palabras del Dharma. Lo mismo. La intención es real y cuando no practicamos, cuando no nos mantenemos en contacto con el instrumento, la frustración también es real.

Entonces volvemos a esa pregunta. ¿Shoshan el camino al cese dukkha es arduo? Mi respuesta es sí, por supuesto. Entonces vuelvo a este tema. Es importante detenerse y observar este camino. Y quiero traer un punto aquí porque digo la intención está. Vamos a, vamos a partir de la base de que la intención está. Y quiero hacer foco entonces en otra cosa.

Quienes no tanto observar lo que ocurre en el interior, sino más bien observar lo que ocurre afuera, a nuestro alrededor, porque la intención está y nos vemos convencidos de que todo es pura fuerza de voluntad y convicción. Todo es una cuestión de ganas, de intención, ¿no? y, por supuesto, si la intención no está, eh, ese, ese es el punto de partida. Si la intención no está, se hace más, diría imposible que difícil. Pero no todo es fuerza de voluntad y convicción.

Por supuesto, es importante, pero también hay que observar que las condiciones en las que nos vemos inmersos, el entorno en el que estamos, importa, importa mucho. Que las cosas a las que nos exponemos tienen una fuerza a veces muy poderosa, muchísimo más poderosa de lo que nuestro ego nos quiere hacer creer. Nuestro ego a veces nos propone que somos medio como superhéroes. Yo, yo puedo con esto, no así, ningún problema. Esto, esto, esto no tiene fuerza sobre mí. Yo soy más fuerte que esto.

El ego. Es maravilloso. Cuántos recursos que tiene el ego ¿No? Entonces, este entorno, este lugar donde nos vemos inmersos, estas condiciones tienen mucho, mucho poder, tienen mucha fuerza. Y la manera en que preparamos las cosas, la manera en que creamos las condiciones. Cuando esas condiciones son propicias para que algo ocurra. Diría que es tan importante como la fuerza de voluntad. Tan importante como las ganas. Qué condiciones creamos para que algo ocurra, es tan importante como la fuerza de voluntad. Pongámoslo así, volvamos al tema de la guitarra.

Supongamos que cada vez que quiero tocar la guitarra, cada vez que quiero practicar, necesito buscar la guitarra en la casa del vecino. Quizá porque no tengo guitarra, no tengo, no tengo guitarra, no tengo el instrumento. Pero la intención es tal la fuerza de voluntad, En algún momento, quizá, tenga mi propia guitarra, pero ahora no la tengo, tengo que ir a buscarla a la del vecino cada vez que quiero practicar. Por supuesto, esto no significa de que, potencialmente la práctica exista, pero se hace más difícil.

Se hace más difícil que se de este movimiento de práctica. Este ir a buscar la guitarra a lo del vecino es lo que se conoce como fricción. Y como algo que, que, que no fluye. fricción y sí la fricción de tocar la guitarra es alta, como por ejemplo buscándola en el vecino. O por ejemplo, bueno, solamente puedo tocar la guitarra cuando no hay nadie en casa.

Y disculpen. Y solamente puedo tocar la guitarra cuando no hay nadie en casa. Es posible. Y a veces es lo único que tenemos. Pero es fricción. Si tengo que esperar que se vayan todos de casa para tocar la guitarra. Y justo hoy, mi hijo, mi hermano, decide quedarse. No puedo practicar. Sin duda se hace más difícil crear el hábito.

Y como digo, en ocasiones, esa es la situación que es. Y nos vemos em, puestos en un lugar donde esa es la práctica que podemos hacer dentro del entorno de esa fricción. Y eso también está bien.

Pero si puedo crear las condiciones propicias para que haya menor fricción, si puedo reducir la fricción, es más posible que practique. Entonces vayamos de la guitarra al Zen, porque con el Zen ocurre algo similar. Si puedo preparar un ambiente para meditar, que no requiera gran esfuerzo, cada que quiero hacerlo. Si reduzco la fricción. Esto seguramente ayudará a mi meditación, ayudará a mi zazen.

A veces es posible, a veces no. A veces vivimos en un lugar donde no puedo tener un lugar siempre preparado para el zazen. ¿Pero la pregunta que me puedo plantear es ¿Qué fricción puedo reducir aquí? ¿Hay algo que pueda hacer, que reduzca la fricción? ¿Hay algo que pueda hacer que cree condiciones más propicias para que cuando me quiero sentar, me siente? para que cuando lo observo o cuando estoy cerca, me invite a sentarme.

Entonces, a veces es posible. A veces no es posible. Pero, por ejemplo, para aquellos que se sientan en el suelo, los que se sientan en el piso. Si consigo un safo, un cojín de meditación redondo, firme, que está creado para sentarse a meditar en el piso. ¿Es muy posible que mi propensión a sentarme sea mayor que si cada vez que me quiero sentar tengo que elegir un par de almohadones del sillón que no son necesariamente adecuados, que se caen, que me hacen doler la espalda.

¿Entonces, eh? Y vuelvo al punto Si no tienen o zafo, que eso no los detenga. ¿Pero por qué vale la pena pensar quizás si estoy meditando en conseguir un almohadón de meditación? Porque eso reduce la fricción.

¿Está preparado para eso? Cuando me siento en el saf, el safo ya me recibe listo para zazen. Cuando me siento sobre dos almohadones que por ahí no son siempre lo mismo que se corren. No está preparado para zazen. Y a veces es lo único que tengo y entonces uso eso. Y si lo que tengo es una guía telefónica, existen las guías telefónicas parese que no existen más.

Pero bueno, alguno de ustedes tienen suficiente conocimiento de guías telefónicas. Me siento sobre dos guías telefónicas. He escuchado alguna vez que alguien se sentaba sobre las guías telefónicas. Fantástico, pero crea fricción. Entonces la pregunta que me hago es. ¿Puedo reducir esta fricción? ¿O es lo que hay y es con lo que tengo que practicar?

En el Fukan zazengi, es un texto escrito por el maestro Dogen y Dogen quien fuera fundador de esta línea del Zen. Dogen, en el año 1227 escribe este texto Fukanzazengi sobre las instrucciones para sentarse en zazen. Y en parte ese texto dice lo siguiente: “Para zazen conviene una sala silenciosa come y bebe sobriamente, abandona todo compromiso y aparta los asuntos cotidianos. En el lugar donde te sientes, extiende una manta y coloca un safo encima.” Y pues si es un texto bastante más largo que esto. Pero aquí el maestro Dogen nos propone crear las condiciones, reducir la fricción para que el zazen tenga más posibilidad de centrarnos en ese espacio. Y esto es importante.

Y de alguna manera, la pregunta aquí también surge ¿Y en qué otros aspectos de mi vida y en qué otros aspectos de mi práctica las condiciones no son adecuadas?

Mhm. Si, por ejemplo, quiero dar otro ejemplo que no sea solamente el zazen… ¿La intención de del Bodhisattva, de liberar a todos los seres, de traspasar las pasiones. Es posible que los tenga más o menos presentes. Que mi Bodhicitta, -esta palabra que significa este “despertar de la Budeidad”- lo tenga más o menos presente en mi día a día.

Ahora, si decido armar un pequeño altar en un rincón en mi casa, o si tengo una pequeña imagen de un Buda o de Kanzeon, el Bodhisattva, el arquetipo de la compasión. Esto sin duda me va a recordar sobre esta búsqueda de este Buda interno. Creo condiciones, creo condiciones que me recuerdan, que me acercan.

Creo condiciones propicias que conducen a la reducción de la fricción y que hacen que nuestra práctica fluya con más facilidad sea la guitarra, sea el zen. Cuando hay fricción, las cosas no fluyen. Cuando no la hay, todo fluye con más facilidad.

Y este tema del entorno es muy vasto. Es es grande y los invito y las invito a que reflexionen sobre esto. Vamos a hablar un poco más que que observen a su alrededor, que vean qué fricciones pueden reducir. Vean que entornos pueden crear más propicios, para la generosidad, que vean que entornos pueden crear más propicios para la paciencia, para la aceptación, para la alegría empática, que entornos pueden crear para el relato.

¿Cuántos relatos internos son disparados por el entorno?

Y eso crea fricción. Porque. Si mi cocina está desordenada, eso puede disparar un relato interno sobre el orden y sobre el desorden. Y como soy o como no soy, eso crea fricción.

Y no todo es solamente reducir la fricción donde existe. Cambiar el el entorno o crear las condiciones propicias para el cese de Dukkha o para profundizar la práctica. A veces, y esto es maravilloso, creamos fricciones donde no las hay. O sea, no solamente hablo de reducir la fricción, reducir, cambiar el entorno para que sea más propicio. Hablo también de no crear fricción allí donde no la hay.

Por ejemplo, si quiero conectar con el amor benevolente de Meta. Meta ese esa palabra en sánscrito que significa amor benevolente. Y sin embargo, cada noche antes de irme a dormir, veo una película o una serie de acción: disparos, muerte, sangre por todos lados. Y, puede ser que creamos las condiciones para que Meta exista, pero estamos creando fricción. Y voy a lo mismo.

Esto no significa que no podamos ver una película de acción. Por supuesto, podemos ver una película de acción. Una serie violenta. Digo. No, no. No hay nada de malo en esto. No estoy proponiendo. No, no hacerlo. Pero estoy proponiendo que observemos, qué fricción creamos cuando nos exponemos a ciertas cosas, que no ayuda, no ayudan a esa intención de lograr algo.

Hay un libro que se llama Hábitos Atómicos. Seguro algunos de ustedes aquí lo han leído de James Clear y Clear dice que el ámbito es la mano invisible que moldea el comportamiento humano. El ámbito es la mano invisible que moldea el comportamiento humano. Y esto es muy cierto.

Tendemos a creer que nuestros hábitos son sólo producto de nuestra intención, motivación, nuestro talento, nuestro esfuerzo. Sin duda, cualidades importantes.

Pero lo que es sumamente sorprendente es que, sobre todo a largo plazo, la manera en que somos y actuamos y las decisiones que tomamos suelen verse más superadas por el entorno y por la fricción, por el ámbito, que por el talento y el esfuerzo. Es notable. ¿Entonces, qué podemos hacer? Volviendo a la pregunta inicial, Zozan, esto, esto que estás proponiendo es complejo.

El cese, el sufrimiento de la complejidad en mi vida de dukkha es complejo. ¿Qué puedo hacer? Porque ganas tengo. Entonces una de las cosas que todos podemos hacer es crear condiciones propicias y no crear fricción donde no existe. Y por supuesto, hay algo que es clave y no en vano es uno de los tres tesoros. Y cuando creamos esas condiciones, una de las condiciones más propicias para la práctica y el cese de Dukkha es rodearnos de amigos del Dharma.

Personas como uno, como una que se encuentran explorando este mismo camino que también les es difícil. Que también tienen una intención, ganas. Y que están realizando este viaje en el gran vehículo del Bodhisattva. Este es uno de los componentes más importantes del entorno de práctica, diría casi fundamental. Como digo, tomo refugio en Buda, tomo refugio en Dharma, tomo refugio en Sangha,

El grupo no. Aquí estamos en este espacio. En este momento, el grupo de amigos y amigas del Dharma que nos acompañan, que nos empujan, que nos apoyan y a quienes nosotros apoyamos también. Crean un entorno que nos invita a profundizar en la práctica. Y reducen con mucha fuerza la fricción.

Y esto lo veo mucho, lo veo mucho. Podemos rodearnos de safos, podemos rodearnos de libros, de estatuas de Buda. Podemos hacer de Google nuestro maestro. Todo bien. Pero si no hay Sangha, si no estamos practicando. En grupo. Algo, algo, algo en general, no ocurre. Y por eso el Buda lo propone como uno de los tres tesoros, una de las tres joyas principales para poder practicar.

Rodearnos de Sangha es el entorno más adecuado, la tierra más fértil para que florezca la práctica.

Entonces, la propuesta es que observes a tu alrededor. Y que veas qué condiciones existen en tu vida hoy para profundizar en la práctica y no solamente en la práctica formal, no solamente en el zazen.

Pero en el Zen, visto como la vida misma. ¿Qué condiciones existen en tu vida para que seas más generosa?

Y qué fricciones puedes quitar y qué fricciones puedes no crear para profundizar en la generosidad, en la compasión, en la paciencia.

De quien te rodeas es importante. Y alguna vez leí por allí que somos el producto de las cinco personas más cercanas a nosotros. De alguna manera sé que absorbemos algo de esas cinco personas e influyen en nuestro comportamiento. El entorno. Observa a tu alrededor, elige de quién y de qué te rodeas.

Y en esa observación observa como tu práctica se nutre paso a paso. Un paso y luego otro paso en un entorno adecuado hacia tu liberación. Sin fricción o la menor cantidad de fricción posible. En este camino de liberación de todos los seres.

Muchas gracias.

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