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Sábados de Zen Cotidiano – El Relato – 30/03/24

por Sozan
Sábados de Zen Cotidiano

El Relato

30 de marzo 2024

TRANSCRIPCION:

Muchas veces, me pregunto cuánto de la dificultad y el sufrimiento que transitamos. ¿Cuánto de este Dukkha del que estamos hablando es externo y cuánto es producto de nuestra propia creación? ¿O quizá es todo producto de nuestra propia creación? No lo sé, pero me lo pregunto. ¿Cuánto es externo? ¿Cuánto es creado? Quizás todo es creado. Y esto es lo que me lleva a pensar…

Y estamos de alguna manera, compartiendo, investigando cuáles son las herramientas que nos ofrece la práctica del Zen para navegar esta dificultad externa o interna, y qué podemos hacer para minimizar la capacidad que tiene todo esto para meternos en problemas, de creación de más y más profundo Dukkha, complejidad, sufrimiento, dificultad.

Y por supuesto, estoy sobre-simplificando, este tema, es un tema complejo y en el tiempo que tenemos hoy, en estas palabras del Dharma es limitado lo que puedo decir. Pero continuemos investigándolo, continuemos viendo dónde se origina, cómo evoluciona y qué herramientas tenemos en nuestra práctica, para de alguna manera conectar con lo que está ocurriendo y transitar como bodhisattvas un camino hacia el cese de Dukkha.

Y cuando hable de aceptación, hablé de la manera en que aceptar desde un punto de vista de nuestra práctica, tiene mucho que ver con poder recibir, sostener, con poder, conectar con la realidad tal cual es, más allá de tal cual como queremos que sea, sino de la realidad tal cual es. Hablamos de aceptación. También en algún momento hablamos de paciencia.

Y un punto importante aquí es que más allá de aceptar la realidad tal cual es, una cosa es verla tal cual es y otra cosa es aceptarla. Yo puedo ver la realidad tal cual es y no aceptarla. Otra cosa es cuando más allá de la realidad que estamos viendo, sea o no sea la realidad tal cual es, es una realidad que estamos creando. Creamos nuestra propia realidad.

Y esto es en general lo que ocurre la mayor parte de las veces. Y por eso decimos que una de las definiciones del despertar de la conciencia, de la iluminación es poder ver la realidad tal cual es. Y no según nuestra propia idea de la realidad. Y esta, esta realidad que creamos, esta esta idea de la realidad, es lo que conocemos usualmente como el relato interno, esa voz interior que nos cuenta historias de cómo son las cosas según la perspectiva usualmente del ego.

Esa historia que nos cuenta nuestra mente, nuestro corazón, ese relato interno.

Entonces, partamos primero entonces de las historias que creamos y por qué nos empecinamos en ser autores de nuestras propias historias, de las fantasías de nuestra vida. Y por qué escribimos historias mentales de lo que ocurrió, O de lo que va a ocurrir¿No? O de lo que está ocurriendo.

Y esto es importante comprender también. Nuestra mente tiene circuitos creados que son necesarios para crear un orden, para crear una narrativa con sentido de la historia que estamos teniendo en nuestra vida, no, Y de alguna manera, nuestras historias se vuelven como anclas, se vuelven como sostenes de ese orden interno que el que el cerebro necesita, y nos dicen quiénes somos, qué es lo más importante para nosotros. de qué somos capaces.

En resumidas cuentas, de qué va nuestra vida. Tenemos toda una historia que el cerebro y el corazón procesan sobre de qué va nuestra vida. Esto, por eso digo, es muy complejo. Involucra nuestro sentido de identidad, nuestro sentido de los valores. Y esto es una maravillosa faceta del comportamiento humano.

No quiero entrar en un espacio dual de: historia “mala”, ver la realidad tal cual es, “bueno”. Simplemente comprender que es algo natural del ser humano crear esas historias es casi diría necesario para el ser humano, para tener cierto orden, para poder generar esa narrativa.

Si, estas historias son producto de nuestra mente, estas historias son producto de nuestro corazón. Son importantes. Pero ahora vamos a ver cómo también nos meten en problemas, porque a partir de estas historias actuamos o nos identificamos con ellas de una manera que es realmente muy genuina, las vemos como ciertas y de alguna manera lo son también. Muchas veces no lo son o no son exactas.

Los psicólogos desarrollaron una teoría que se llama la “teoría narrativa”. La teoría narrativa intenta explicar o demostrar cómo las personas construyen su propia identidad a través de estas narrativas, estas historias. ¿Hay un estudio psicológico o una teoría, la “teoría narrativa”? Entonces, por eso digo, este tema de las historias internas es muy importante. y porque es muy importante, es importante que lo veamos porque es sin duda un camino que conduce: a más, o a menos, o al cese de Dukkha.

Por eso digo, muchas veces estas historias son en sí mismas un mecanismo sano, un mecanismo de resguardo. Son un mecanismo de anticipación. La mente crea diferentes escenarios de lo que podría estar ocurriendo o de lo que podría ocurrir en el futuro. Y de esa manera se prepara con anticipación a ciertas reacciones que por ahí son necesarias. Esto es algo natural del comportamiento humano. Como digo, en sí mismo, no tiene nada de malo, sino todo lo contrario.

Y también existe un dicho yo no sé si en todos los países existe el mismo dicho. Por ahí tiene variaciones, pero de la manera que yo lo conozco es: “El que se quema con leche ve una vaca y llora”. El que se quema con leche ve una vaca y llora. Y así es como creamos estas historias que nos definen, que definen quiénes somos y nuestra relación con el entorno.

A mí quizá me encantan las vacas, me gustan mucho las vacas y voy al campo y estoy con las vacas y me gustan las vacas. Pero tú te quemaste con leche, quizá de pequeño, y ves una vaca y lloras. Y lo interesante es que estamos viendo la misma vaca tú y yo. La misma vaca. ¿Son dos realidades diferentes? ¿Son dos vacas diferentes? no, la misma vaca, la misma realidad. Una vaca. Pero las historias, el relato es completamente diferente.

Entonces, si prestamos atención, nos vamos a dar cuenta de que mi historia sobre la vaca es diferente a tu historia sobre la vaca.

Y por ahí un incidente con un producto de este animal -ni siquiera con el animal- transforma, cambia esa historia y crea una relación con el entorno, una relación con el momento presente, que puede no ser, como digo necesariamente precisa, necesariamente real. Esta vaca no tiene culpa de nada y sin embargo me genera temor. Entonces, cuánto, cuánto de esto, vamos creando en nuestra vida y cómo nos afecta en relación a nuestro comportamiento y a nuestra capacidad de relacionarnos con la complejidad.

Entonces, el problema no surge porque la mente nos cuenta una historia, crea una historia, sino que el punto es qué ocurre cuando nos dejamos llevar por esa historia. Y no solamente nos dejamos llevar por esa historia, sino que es una historia en evolución. Le vamos agregando cosas a esa historia a lo largo de nuestra vida. ¿Qué hacemos con esas historias? Cómo, cómo son historias vivas muchas veces y siguen incluso creciendo. La mente empieza a embellecer esas historias, el corazón empieza a darle emoción a esas historias. Y empezamos a crear nuevas situaciones protagonistas, a llenarla de estímulos, de vivencias.

Dicho de otra manera, la mente y el corazón, lleva nuestras historias al punto de lo palpable, sean historias reales o no.

De hecho, a veces hacemos esto con tanto lujo de detalle que perdemos noción de cuánto de esta historia es factual, vene de datos concretos o cuánto es imaginación. Entonces nos dejamos llevar, nos dejamos llevar por nuestra necesidad de crear historias que pueden o no ser más o menos reales para de alguna manera, justamente. manejarnos en ese ámbito seguro de nuestra propia creación y seguro, entre comillas, creemos que nos va a alejar de Dukkha.

¿Y será así? digo, nuestras historias, el relato tiene el potencial de alejarnos de la complejidad del sufrimiento, o pueden de alguna manera complicar nuestra relación con eso.

Entonces, nuestra práctica lo que nos propone, comprendiendo de que no vamos a dejar de crear historias, esto es un comportamiento natural del ser humano, es pensar un poco cómo nos relacionamos con nuestras historias, con lo que vemos como realidad.

Y diría. Tomar contacto con la narrativa interna, con la narrativa de nuestra mente, con mente y corazón de principiantes. Abiertos a que quizás esto es una historia creada. A que quizás esto es una historia en evolución. Que empezó con un. Pequeño guijarro arriba de una montaña y hoy es una enorme bola de nieve. Entonces empezamos a través de nuestra práctica a darnos cuenta de que casi todas nuestras historias pueden tener distintos matices. Matices que sean, dependiendo de nuestro punto de vista, nuestras experiencias vividas, valores, cultura, orientación sexual, lo que quieran. Todo eso. Es carne, es componente de nuestras historias. A veces somos los héroes de estas historias, a veces somos las víctimas.

A veces las historias no son nuestras o sobre nosotros, son sobre otros. Incluso a veces son historias que crearon otros y que nosotros tomamos como propias. Y eso, créanme, es uno de los puntos principales a observar desde el punto de vista de nuestra práctica. Qué historia es propia y qué historia es heredada. Qué historia viene de afuera y la empiezo a tratar, a creer, como propia.

Entonces, las historias de una persona, de una familia, una cultura, el país. Todo esto nos sostiene, por supuesto, pero también nos influencia de maneras potencialmente fructíferas o perjudiciales. La misma historia, incluso, y muchas de las guerras y muchos de los conflictos de este mundo tienen que ver con las historias que la gente te cuenta o se cuenta y con el modo en que influyen en nosotros y con el modo en que nos definen y nos desafían.

La mayor parte de los conflictos, desde los más pequeños o los más grandes, parten de estas historias. Y por eso es que es tan importante prestarles atención. Y diría que en relación a Dukkha y al cese de Dukkha, prestar atención a estas historias que creamos o que nos contamos o que nos cuentan, es un punto fundamental de nuestra práctica. Prestar atención con mente de principiante.

Entonces, una vez más, vuelvo a uno de los pilares básicos de nuestra práctica, que es el Zazen, la meditación. Porque la meditación, entre otras cosas, es un espacio de quietud, un espacio de quietud donde podemos primero dejar de contarnos historias. Soltar esta necesidad de narrativa y podemos observar sin apegos ni juicios, las historias que ya existen. Verlas surgir, observarlas sin juicio.

Porque necesitamos un espacio de silencio, de quietud, para poder ver el relato que conduce nuestra vida, para poder permitirnos un momento de conexión, un momento de conexión con el momento presente, un momento de conexión sin historias, sin cuentos. Un momento profundamente arraigado en el aquí y ahora del zazen de la meditación. Por eso es tan importante.

Y vivimos el día entero con esa narrativa interna de cómo son las cosas y de lo que me gusta. No me gusta, no me importa de lo que puede llegar a ocurrir, de lo que puede llegar a no ocurrir, de lo que debería ocurrir, de por qué soy así, porque no soy así. porque tú eres así. Todas estas historias… si, si supiécemos a la velocidad que va la mente y el corazón con esto durante el día.

En la quietud de la meditación, la quietud del zazen, nos detenemos. Y podemos verlo y decimos ¡Cuántas historias! Y alguien dice “No, no me siento en meditación, porque cuando me siento en meditación, mi mente empieza con todas sus historias”. No, tu mente está todo el tiempo con todas esas historias. Qué bueno que en zazen lo puedes ver, lo puedes, puedes conectar con ello, porque si puedes conectar con ello, puedes hacer algo al respecto.

Entonces, estas historias se convierten en la lente a través de la cual interpretamos la vida. Nos dan su perspectiva. Nos dan su capacidad de aceptación y lo hacen muchas veces desde el punto de vista del ego. Como dije. Pero de alguna manera definen nuestro sentido del yo y cómo y dónde nos vemos encajando en este panorama general de las circunstancias de nuestra vida.

Pero allí están, dándonos soporte y a la vez creando complejidad.

Entonces tendemos a ver qué lo que vemos atraves de esas historias. Es la más profunda y verdadera realidad. Especialmente esas historias recurrentes, esas historias que momento a momento vuelven y se revitalizan y la mente y el corazón perfeccionan, le dan, le dan esa capacidad de realidad que es un poco lo que nos ocurre en el cine o en la televisión, pero me gusta más el cine porque en el cine estamos como en un espacio oscuro, un espacio por ahí sin tantos estímulos y estamos viendo una película.

Y por ahí no dura. no pasa, no ocurre durante toda la película, pero por ciertos momentos nos metemos por completo. Y si esta pareja se separa y me crea esta congoja y quizás incluso lloro de emoción, de tristeza, me involucro con lo que está pasando en una pantalla que tiene de realidad cero. Son fotogramas en una pantalla. Pero yo me involucro a un nivel profundo, a nivel de llorar, a nivel de gritar, al nivel de reírme y pues de repente algo ocurre, termina la película, empiezan los títulos o todos los que trabajaron en esta película, y vuelvo a este espacio de la realidad, digo, uf!, estoy agotado de llorar, estoy agotado de reírme.

Ahora llevemos eso al plano de lo interno no, como al no prestar atención a esas historias al no estar de alguna manera conscientes de que ocurren y de que están ahí a través de la práctica de la meditación ingresamos en esa película y muchas veces, somos los directores nosotros y a veces no somos los directores nosotros de esa película. Pero lo que sí ocurre es que nos condicionan a cómo somos y cómo actuamos. Entonces, qué importante es detenerse a observar la historia que nos contamos, detenerse a observar la narrativa interna. Fundamental.

Nuestra práctica nos propone entonces que observemos y que comprendamos que nuestra narrativa propia o ajena es solo eso. Es una historia que nos contamos para definirnos y para definir nuestro entorno. Ni bueno ni malo, simplemente es lo que es, es una historia, es una narrativa. Pero en su observación, en tomar contacto con que esto ocurre. Podemos quizá reescribirlas, modificarlas.

Vamos a aceptarlas como son. O también podemos proponer que empiecen a subir los títulos, no, que concluya esa película. Hasta aquí. Esta historia, esta película ya la vi y no es más que eso, una película, una narrativa.

Entonces, continuemos en la vida, continuemos en la práctica, porque a través de la práctica, a través de la atención plena, en el momento presente, con mente de principiante. Podemos tomar acción casi directa, diría, sobre la capacidad narrativa de nuestra mente y nuestro corazón.

Podemos ser protagonistas reales de esa historia. Y observar la narrativa y observar qué papel cumple el ego en esa narrativa. Observar que es propio y que es heredado, que viene de afuera y simplemente soltarlo y simplemente vivir en función a esa narrativa y no presos de esas historias. Todo eso ha sido un cese de Dukkha. Todo eso ha sido un camino que nos lleva a menor complejidad, que nos lleva a menor sufrimiento, simplemente práctica, sin juicio, con mente de principiante.

Disfrutar de la película. Pero sabernos sentados en la butaca del cine de nuestra vida.

Muchas gracias.

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