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Sábados de Zen Cotidiano – La marcha justa – 20/04/24

por Sozan
Sábados de Zen Cotidiano

La marcha justa

20 de abril 2024

TRANSCRIPCION:

Hemos hablado de la importancia de observar lo que ocurre en el entorno, que el entorno importa y que importa mucho, que las cosas a las que nos exponemos tienen fuerza propia, tienen mucha fuerza, más, más allá de lo que nuestro ego nos quiere hacer creer que detiene. A veces pensamos que todo es fuerza de voluntad o capacidad, pero el entorno importa e importa mucho, y la manera en que preparamos las cosas, la manera en que creamos las condiciones propicias para que algo ocurra.

Esto es tan importante como lo puede ser la fuerza de voluntad. Hablamos de la fricción, de disminuir la fricción. Las fricciónes que nos hacen más difícil el camino. Y como algunos de ustedes dijo, también existen fricciones internas o lo que podríamos quizás llamar el entorno interno. Y este entorno interno también, por supuesto, juega un papel clave.

Y no solamente juega un papel clave, tiene mil facetas, mil facetas del entorno interno que condicionan dónde nos ubicamos frente a lo que puede ser la creación, el desarrollo de mayor complejidad y sufrimiento de Dukkha o la sesación de Dukkha. Y dentro de todas esas facetas voy a hacer foco hoy en un tipo de faceta muy particular.

Probablemente la mayoría de ustedes conduce automóviles o si no conduce automóviles, viaja en automóviles o como mínimo, sabe lo que es un automóvil. Y esta analogía con los autos eléctricos cada vez tiene menos, se entiende menos, pero todavía entendemos lo que son los cambios en el automóvil o en algunos países le dicen las marchas en el automóvil. Las marchas en el automóvil, cuando manejamos, cuando conducimos un automóvil con cambios manuales o marchas manuales, es más fácil de distinguir. Ponemos primera cuando arrancamos, segunda, tercera, cuarta, quinta, los automóviles vienen con caja de sexta hoy, pero también cuando conducimos automóviles automáticos lo escuchamos, ¿no? El automóvil va cambiando la marcha va cambiando la marcha, y va cambiando la marcha en función a su entorno.

Va cambiando la marcha en función a su necesidad. Si queremos arrancar el automóvil en quinta, probablemente el automóvil incluso puede llegar a detenerse. O qué complejo sería conducir en una autopista en primera o en segunda o en tercera marcha. En tercer cambio, si voy a subir una cuesta por ahí, lo hago en una marcha, en un cambio más bajo.

Pero si estoy bajando una cuesta, quizá también, para que el automóvil se vaya deteniendo. Entonces este tema del, de las marchas del automóvil, de los cambios en el automóvil, es algo que cuando empezamos a conducir, de alguna manera lo integramos y cuando conducimos autos automáticos lo hace por nosotros. A veces también podemos poner un auto automático en secuencial o manual.

Pero ya sea para el automóvil o para nosotros, en una, eh, en una caja manual o cambios manuales se vuelve como, casi en un segundo plano. Sabemos que marcha poner casi por intuición ponemos la marcha que va.

Y la propuesta de nuestra práctica del Zen tiene mucho que ver con esta analogía. Muchas veces pensamos que o creemos o vemos personas que, indican o piensan que el Zen es la calma total. Inmutables en un estado de fuir que, que, en en la que pareciera que nada puede impactar. Y la realidad es que lo que nos presenta nuestra práctica la, una manera muy vívida o clara de ver la práctica del Zen, es que el Zen nos va enseñando a poner el cambio, la marcha correcta en el momento adecuado de nuestra vida.

A veces tenemos que estar en primera, aveces tenemos que estar en 5.ª, a veces en segunda, a veces en tercera. ¿Ahora, cuánto? ¿Cuánto de esto es parte de esas cuestiones que nos llevan a la complejidad del sufrimiento? estar en la marcha no correcta, no quiero decir equivocada, pero no correcta para el momento adecuado. Estar todo el tiempo en quinta, en sexta, cuando es momento de estar en primera y segunda. Estar en primera y segunda, cuando en realidad tenemos que movernos con más agilidad.

Entonces el Zen lo que nos presenta es una de las maneras de describirlo, Por supuesto, hay, hay, hay muchas, hay otras maneras de describirlo o hay otras cosas que describir también, pero quiero hacer hincapié en esta. Nuestra práctica nos propone poner la marcha adecuada para el momento presente, para el momento adecuado. Ir en primera cuando hay que ir en primera, en quinta, en sexta, cuando hay que ir en quinta en sexta.

Y eso lleva tiempo, ¿no? Cuando empezamos a conducir un automóvil vemos los principiantes que el auto por ahí se les apaga o, o empieza como a moverse así en, en, en, en movimientos bruscos, porque no tienen claro cómo, qué marcha poner y cómo ponerla y cómo cambiar de una marcha a la otra. Y esta analogía es muy buena con respecto a nuestra práctica, por qué, porque en nuestra vida, cuando aprendemos a poner la marcha adecuada y a cambiar de marcha en marcha de una manera sutil, suave, fluida, algo se transforma, algo, algo cambia.

Y hoy voy a hablar específicamente sobre algo que hace relación a esto. Pero que hace foco en un aspecto de lo que estoy hablando. Y es que en general, vivimos permanentemente en 5.ª o en 6.ª. Vivimos a toda velocidad, todo el tiempo.

Vivimos una vida acelerada más allá de lo que requiere nuestro entorno. Sí, y este acelere, llamémoslo así, de acelere en la vida. tienen causas y condiciones que son propias de cada uno, ¿no? Y esto es como con todas estas palabras del Dharma, cada uno las amolda las entiende según su propia realidad actual. Para algunos esto del tiempo, para algunos puede ser algunos momentos, pero en general vivimos muy acelerados.

Y esto no es solamente una cuestión personal, El entorno nos pone en ese lugar también, el entorno nos pone en ese lugar también. Y dentro de este acelere en el que vivimos. Quiero hablar de tres cosas en particular. Y estas tres cosas son primero, lo que podríamos quizás decir o nombrar como ajetreo en inglés le dicen “business”. “Business”.

Es como. Traduciría como, ocupadísmo o algo así. Business ajetreo. Y vamos a hablar más de eso. El segundo aspecto de vivir acelerados que voy a hacer mención hoy. Por supuesto, cada uno de estos aspectos tiene contenido para una charla entera, pero hoy vamos a hacer un poco de foco en cada uno para que les sirva de reflexión. Entonces, el business, el otro aspecto es la gratificación o la recompensa inmediata. Y el tercer aspecto es la obsolescencia.

Y quizás alguno de ustedes se sienta más identificado con alguno de ellos. ¿Y está bien, no? No, no es igual para todos. Pero puede ser que haya algo de alguna de estas cosas en nuestra vida hoy. Voy a empezar por el este business. Este ajetreo que se da cuando estamos permanentemente ocupados. Tenemos una sensación casi permanente de que el tiempo escasea, de que el tiempo nunca alcanza.

Llegamos al final del día, Decimos no, no, no me alcanzó el tiempo, pero mañana decimos lo mismo y el sábado y el domingo, es decir, nunca alcanza el tiempo. Vivimos ocupados. Haciendo un poquito de investigación para esta charla, Encontré que un análisis de datos realizado por el Harvard Business School descubrió que el porcentaje de personas que afirman que nunca tienen tiempo suficiente aumentó 70% en los últimos siete años.

El estudio de X cantidad de personas -no indagué demasiado-, pero en los últimos siete años cambió. Aumentó 70% la cantidad de personas diciendo “No tengo suficiente tiempo”.

Y hay muchas razones para esto. Existe lo que se llama la aversión a la ociosidad, que es algo que demuestra que ciertas personas prefieren estar haciendo algo, lo que sea, en tanto estén ocupados.

Incluso montar y desmontar una pulsera, lo que sea, sacársela, ponérsela, sacársela, Algo tiene que estar ocurriendo. Es una aversión a la ociosidad. Entonces, antes de esperar 15 minutos, siempre que puedan, generan alguna acción justificable. Porque parece que mantenernos ocupados justifica algo. No importa que hagamos si estamos ocupados. Eso justifica el momento.

Y no solamente eso, sino que también es un gran, una manera importante para no estar realmente en el presente. Estamos ocupados, pero en general digo que no estamos en el presente porque el momento puede pedir otra cosa y no lo estamos viendo. Y muchas veces este “business” también tiene que ver con. Si estoy ocupado, no tengo tiempo para otras responsabilidades.

No tengo tiempo de ocuparme de otras cosas, No tengo tiempo. Básicamente de eso estamos hablando. No tengo tiempo. Entonces se vuelve un mmm, Una excusa excelente para ciertos momentos. Y lo que ocurre es que volvemos hasta las actividades más mundanas en algo urgente. Y todo se vuelve urgente. Cuando todo se vuelve urgente, lo importante, pasa a segundo plano. Entonces, lo que quizás no podemos o no queremos enfrentar se vuelve secundario.

En Argentina decimos “estoy a mil”. Y por ahí en alguno de los países también lo escuché en México el otro día: “estoy a mil”.

Este punto. Y quiero hacer este efecto donde psicológicamente y también de manera concreta, no tenemos tiempo para nada. Siempre en quinta o sexta es el punto donde nuestra práctica nos invita a reflexionar. ¿Qué pasa, Que no tienes tiempo para nada? ¿Y qué tan real es que no tienes tiempo para nada y qué tan construido es? Porque, por supuesto, puede haber momentos en el trabajo que no tenemos tiempo, que tenemos una presentación.

Por supuesto, estoy hablando de algo que no es equilibrado. Y nuestra práctica nos invita a observar con cuidado que se encuentra detrás de estar siempre ocupado, siempre sin tiempo para nada, “business” ajetreo. Y su peligro, que puede robarnos nuestra experiencia humana. No tenemos tiempo ni para sentir.

¿Entonces, cuál es el cambio? ¿La marcha adecuada para la condición presente que nos trae nuestra práctica?

En relación a ese “business” ¿Qué? Qué momentos de pausa nos invita a tomar para reconocer qué es realmente importante y urgente en este momento. Y qué es importante e importante en este momento, y que solamente urgente y no tan importante, pequeño koan.

Entonces, esto no implica que el ritmo externo de nuestra vida no pueda ser agitado, en momentos lo es. Decimos el El Zen nos invita a poner el cambio, la marcha adecuada, el momento adecuado. Pero no dice solo primera, segunda y tercera, no, quinta, sexta veces.

El punto, como siempre digo, es ir a la velocidad de nuestra atención Cuando vamos más rápido que la capacidad que tenemos de prestar atención. Vale la pena detenerse y observar. ¿Entonces, cuál es la velocidad adecuada en este momento? Bueno, la velocidad en la que puedes prestar atención. Como un marcador bastante claro, bastante clave en relación al “business” y en relación al cambio adecuado a la marcha adecuada para este momento.

Seguramente vamos a hablar más de esto, pero quiero por lo menos presentar el tema como para que los invite a la reflexión.

El segundo punto en este “acelere”, en este vivir de esta manera, es la gratificación o la recompensa inmediata.

Vivimos en una sociedad que tiene una tendencia de que, cada vez más las cosas tienen que producir su resultado lo más rápido posible. Y por eso vuelvo a este tema del acelere. Acción, resultado, acción, resultado, gratificación inmediata. Cada vez se hace más pequeño el espacio para el análisis, la maduración para el desarrollo adecuado de los resultados. Voy a traer el ejemplo del Big Mac.

¿El Big Mac? No. Creo que todos sabemos lo que es un Big Mac o una hamburguesa de una cadena de comida rápida. Es eso, Es un pico de glucemia. Es… Carbohidratos vacíos que nos dan una gratificación instantánea. Es rico. Nos hace sentir bien. Inmediatamente. Y así como sube, baja. Una ensalada de garbanzos con espinaca y remolacha no. Sin embargo, tiene otra curva. Pero estamos viviendo una sociedad y una realidad. Y yo me veo honestamente muy, muy impactado por esto a veces. De querer tener ese chock calórico de la hamburguesa.

De que no tengo tiempo para esperar, no tengo ganas de esperar y lo sumo al “bussiness” no tengo tiempo de esperar, que las cosas vivan o tengan un ciclo de maduración. Necesito resultados ya. Y empiezo a buscar las cosas que me lo dan. Empiezo a buscar ciertas cosas que me, me permiten no perder el tiempo, entre comillas, esperando un resultado.

Por supuesto, esto se traduce a otras cosas en la vida. Es el acelere de la gratificación, es la alta velocidad de la recompensa. No estamos para esperar. Queremos resultados, los queremos ya. Y no solamente con la hamburguesa. En las relaciones. Lo veo muchísimo. En las relaciones queremos resultados y lo queremos ya. En el trabajo. Incluso en el ocio.

Queremos vernos entretenidos urgente, en algo que nos haga reír rápido o llorar rápido, o gritar. Un permanente estado de vivir en 5.ª o 6.ª en relación al entorno de acción y resultado. Como dije al principio, y esto usualmente se convierte en un ciclo vicioso porque se vuelve más difícil aprender a esperar el resultado, un resultado distinto o superador.

Cuando empezamos a acostumbrarnos a este ciclo veloz de acción resultado, se hace más difícil ingresar en un espacio donde empiezo a comer más ensaladas y dejo de comer menos hamburguesas.

Porque necesito esa, esa adrenalina o esa sensación interna, endorfinas, lo que sea que tengo con el resultado. Ni empecemos a hablar de las redes sociales. Subir un post. Y empezar, refrescar, refrescar, refrescar, refrescarme. ¿Cuántos “me gusta» tengo? ya, resultados. Las redes sociales, con todo lo bueno que tienen, tienen estos aspectos más oscuros y nos invitan, nos llevan a un espacio de acelere de acción, resultado muy complejo y nuestra práctica nos invita a observarlo.

Nuestra práctica nos invita a, darle tiempo al tiempo. Darle tiempo al tiempo. Permitirnos vivir el ciclo de las cosas. O mejor dicho, porque el ciclo de una hamburguesa, es el ciclo una hamburguesa y lo estoy viviendo, pero mejor dicho, permitirnos vivir cosas con ciclos más largos.

Permitirnos esperar resultados, Permitirnos esperar recompensa de una manera diferente.

El nivel de ansiedad y el nivel de dukkha que nos produce ese espacio de, acción resultado acción, recompensa, hasta que esa recompensa se da. Es enorme. Es enorme. Es ahí donde aparece en nuestra práctica el Zen y nos dice. Momento, detente, detente un segundo, observa, observa.

Ve la gratificación en el camino. No todo es resultado. Hay algo muy poderoso, muy potente cuando podemos ver el resultado. No como una unidad de tiempo. Al final, sino como un continuo de tiempo en el proceso.

Pero cuando vivimos en un entorno de “business», cuando ingresamos en este círculo vicioso de acción, resultado de gratificación inmediata, qué complejo se hace el día a día, ¿verdad? ¡Que complejo! Entonces, atención a esto. Y el tercer punto al que quiero hacer mención hoy, tiene que ver con la obsolescencia. Y también tiene que ver con la velocidad. Estas tres cosas tienen que ver con la velocidad, porque cada vez descartamos las cosas más rápido.

Las cosas se nos vuelven obsoletas más rápido cada vez. Y no estoy hablando solamente del teléfono celular. Por supuesto, el teléfono celular es un caso. Y como todas estas cosas, el resultado inmediato y el ¿business? Hay un entorno propicio para que entremos en ese sistema.

De hecho, hay algo que se llama obsolescencia planeada. O sea, ya hay. Hay cosas que nosotros adquirimos, o que, o que, o que tenemos que básicamente ya tienen planeado su obsolescencia. Pero más allá del teléfono celular, en general, tendemos cada vez más a descartar las cosas más rápido. Las relaciones, los trabajos, las oportunidades, el momento presente.

Existe una sigla “FOMO”, EFE-O-EME-O, que en inglés es “Fear of Missing Out”, que significa algo así como el temor a quedarse afuera, de no estar en lo último, de perder algo, cuando nos quedamos con lo que ya tenemos. Y entramos en esa, en ese ciclo de adquirir y descartar, de adquirir y descartar de nuevo parte también está todo muy unido con este tema de los resultados inmediatos. O bien ya me dio el resultado y ya no lo necesito, sin darme cuenta que este fue simplemente un primer resultado o no está dandome el resultado en el tiempo que yo quiero, entonces lo descarto. No tengo paciencia.

O me aburro. Nos aburrimos fácil hoy en día. Entonces, este tema de la obsolescencia es un tema importante. Porque de una manera, esta tendencia a descartar con rapidez se convierte también en ocasiones. No digo siempre. En una velocidad inadecuada, en un cambio inadecuado en relación con lo que existe en este momento y sus procesos naturales.

Descartamos las cosas antes de que maduren. Entonces, nuestra práctica nos anima primero a no incorporar lo que no es necesario. Punto que, es por supuesto, importante, e incorporamos cosas que no son necesarias. Somos humanos y lo hacemos mucho, pero por lo menos nos invita a observarlo. Nos invita a ponerle foco. Necesito esto en este momento. Y una vez que lo tenemos, una vez que existe, a tomar contacto, permitiendo que eso que existe se exprese en su totalidad antes de descartarlo.

Tenemos hoy en día -y nos han enseñado- que lo nuevo es mejor y más gratificante. Yo trabajé en marketing muchos años. Y cuando las ventas no iban también lo primero que decíamos todos era pongámosle nuevo en la etiqueta. Inmediatamente las ventas, van para arriba. Nuevo es mejor. Y así ingresamos en un ciclo no del todo sano de incorporación y descarte, incorporación y obsolescencia.

Entonces, detenerse para observar. Y practicar para ser conscientes de cuál es el cambio más adecuado, la marcha más adecuada. En este momento, a veces es estar en neutral, a veces poner primera, moverse lento, a veces moverse rápido.

Pero como digo, no importa cuál sea la marcha, el foco puesto siempre en moverse a la velocidad dictada por nuestra capacidad de prestar plena atención al momento presente.

Muchas gracias.

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