&nsbp;&nsbp;&nsbp;

Sábados de Zen Cotidiano – La Paciencia – 17/02/24

por Sozan
Sábados de Zen Cotidiano

La Paciencia

17 de febrero 2024

TRANSCRIPCION:

Estuvimos hablando de Dukkha y Dukkha dentro del contexto de las Cuatro Nobles Verdades. Dukkha es un concepto que usualmente traducimos como sufrimiento, pero como vimos, tiene mucho más que eso en lo que encierra, en lo que comprende. Tiene que ver con la insatisfactoriedad, tiene que ver con dificultad, tiene que ver con estrés. Tiene que ver con sed.

Y las Cuatro Nobles Verdades, por supuesto, vale la pena repetirlas una y otra vez. Son la existencia de dukkha, la existencia de esta complejidad en nuestra vida. La causa o que hay una causa para que esto ocurra, pero que también existe un camino de cesación. Y esa es la Tercera Noble Verdad. Y la Cuarta Noble Verdad es que ese camino es lo que conocemos como el Noble Camino Óctuple. Ese Noble Camino Óctuple de alguna manera, quizá como un mapa de ruta de cómo transitar nuestra vida, nuestra práctica, para ir hacia o llegar al destino de la sensación de Dukkha.

Y estos ocho componentes, como el habla justa y correcta, el pensamiento justo y correcto, la visión justa y correcta, son en sí mismos componentes que encierran muchas otras cosas. Más allá de su enumeración principal, hay quizá infinitas expresiones de práctica que integran cada uno de estos componentes. Y una de esas expresiones de práctica, que es sobre la que voy a hablar hoy, es la expresión de práctica de la paciencia.

Esta expresión es tan importante que hoy vamos a ver por qué, es considerada como uno de los Paramitas. Los Paramitas, que son algunas expresiones de práctica que consideramos la perfección de la sabiduría. Paramita se traduce como perfección de la sabiduría, la sabiduría perfecta. Y la paciencia es un componente fundamental de esa sabiduría perfecta. Este Paramita de la paciencia, dentro del contexto de los Paramitas, en sánscrito se conoce como Kshanti.

Y este Kshanti, ocurre algo parecido a lo que ocurre con Dukkha, que cuando queremos traducir Shanti a paciencia, el concepto nos queda un poco corto, no suficiente. Porque Shanti se puede traducir como paciencia y es usualmente como lo traducimos, pero también podemos decir tolerancia, resistencia, hay como otras cosas o componentes que podrían ser parte de esta traducción. Entonces, como muchos de estos conceptos, una palabra no alcanza.

Por supuesto, elegimos una palabra para poder expresarnos aquí, comunicarnos. Pero cuando piensen en paciencia, quiero que piensen en algo más que la paciencia, en algo más amplio que la paciencia, que denominamos paciencia. Y principalmente una de las razones por las cuales no hay una traducción que digamos completa de lo que significa Shanti es porque resistencia, tolerancia, incluso paciencia, a veces tiene connotaciones de cierto quietismo o pasividad. Y cuando estamos hablando de la paciencia como una perfección de la sabiduría, la paciencia de la que estamos hablando hoy va mucho más allá de eso. No es un concepto de quietud y pasividad, no es un concepto pasivo, como nos solemos imaginar cuando hablamos de paciencia.

Entonces es importante comprender esto, porque cuando practicamos la paciencia, cuando practicamos esta perfección de la sabiduría, es traer paciencia a nuestra relación con lo que está ocurriendo en nuestra relación con dukkha, con las dificultades, con las circunstancias, pero no pasivamente. Puede haber un componente de quietud, pero no hay un componente de pasividad, especialmente esa pasividad que nos separa.

No hay un componente de… La paciencia de la que estamos hablando no es una virtud de desconexión, sino que es profunda conexión con el momento presente. Lo que Shanti o Paciencia en este sentido quiere significar o abarcar es una profunda aceptación, un profundo abarcar del momento presente y la circunstancia presente. Y es por esto que esta perfección de la paciencia es tan importante y tan transformadora, porque la paciencia es el espacio o el contenedor que transforma las circunstancias difíciles, más o menos complejas, desde lo más cotidiano, o lo que puede ser alguna desgracia o un desastre, en algo positivo, en algo beneficioso quizá más que positivo, desde el punto de vista mental, emocional y espiritual. La paciencia transmuta Dukkha en alimento, en alimento para el cuerpo, mente y espíritu. Transforma, digiere la dificultad en algo que es beneficioso, aunque sea difícil, y por eso es una práctica especialmente poderosa y esencial en nuestro zen, en nuestra práctica.

Tan esencial diría que es una de las prácticas, sino quizá la práctica más importante del Bodhisattva. Porque si no hay paciencia, todo el resto suele terminar fracasando. La conducta ética, los preceptos, no matar, no mentir, las otras prácticas maravillosas como la generosidad. Cuando no hay paciencia, algo no se termina de desarrollar allí, especialmente cuando las cosas no van tan alineadas con lo que quisiéramos que ocurra.

A veces va fantásticamente bien y ser generoso me sale del alma en el momento presente y a veces no, muchas veces no. Me animo a decir casi siempre no. Y allí es donde ingresa la paciencia, donde ingresa el Shanti. Un abarcar transformador y no pasivo, que nos permite sostener el momento presente en lo que requiera su maduración.

Entonces, cuando no hay paciencia, todas estas prácticas de las que estamos hablando pierden fuerza, a veces se desmoronan. Y cuando eso ocurre, usualmente volvemos una y otra vez a nuestros viejos patrones, nuestros viejos patrones de conducta, nuestros hábitos. Entonces, la paciencia nos permite también o nos da el espacio para que no volvamos automáticamente a nuestros patrones, nuestros patrones de conducta.

La paciencia nos da ese momento de reflexión, de pausa, para no caer nuevamente en esos hábitos que muchas veces nos hacen tanto daño. Entonces vuelvo a este punto, la paciencia no significa suprimir, la paciencia no significa reprimir. Entonces, si ocurre algo y aprietas los dientes y lo soportas y lo aguantas y piensas que eso es paciencia, no es la paciencia la que estamos hablando, no es Shanti, porque eso tiene una vida limitada.

¿Cuánto tiempo puedes aguantar apretando los dientes? ¿Cuánto tiempo puedes aguantar soportando algo desde el lugar de separación? Es muy posible que pronto eso se agriete, pronto eso se rompa. Entonces las enseñanzas del Buda, de Shanti, las enseñanzas sobre la paciencia, es que es algo muy importante porque nos da ese espacio, ese contenedor para sostener el resto desde la práctica, pero que es algo que tenemos que entrenar.

La paciencia, como muchas de estas cosas, es algo que se entrena, es algo que se practica. Por eso hablamos de que estamos en la práctica del zen.

Por supuesto, hay tendencias del carácter y hay personas que son naturalmente más pacientes que otras. Eso no lo es todo, porque esto es una práctica que podemos y debemos entrenar. Allí es donde se vuelve importante conectar con estos conceptos. Y por eso lo estamos tratando hoy, porque desde el momento en que estamos hablando de esto, desde el momento en que lo ponemos bien claro y enfrente de nuestro espacio de atención, nos llama a la reflexión de ¿cómo estamos con esto en este momento, cómo estamos con respecto a la paciencia o Shanti en este momento, y qué más podemos hacer?

¿Cómo podemos seguir cultivando? Me gusta más la palabra cultivando que entrenando, pero usualmente hablamos de entrenando, pero cultivando la paciencia, nutriendo esa paciencia con sol, abono y agua como una hermosa flor para que siga creciendo fuerte y nos apoye en nuestra práctica. Y cuando digo nos apoye en esa práctica, me lleva a este punto que es usualmente cuando hablamos de la paciencia en el contexto del Zen y el contexto del budismo, hablamos principalmente que esa paciencia se debe cultivar en tres ámbitos o en tres aspectos.

Y es paciencia con uno mismo, paciencia con una misma, paciencia con los demás y lo demás, y paciencia con el Dharma.

Yo creo que nuestra práctica es una de las prácticas que tiene más enumeraciones. Nos encanta enumerar cosas y hacer listados. Este listado es un listado importante Paciencia con uno, una misma, paciencia con los demás y lo demás, y paciencia con el Dharma. Y este primer ámbito de paciencia con uno o con una misma, es fundamental, porque es en muchas ocasiones algo que no tomamos tan en cuenta. Cuando hablamos de la paciencia, como con muchas otras de estas cosas, pensamos “Bueno, ¿como soy paciente con lo que ocurre en mi vida con los otros?” y nos olvidamos, nos olvidamos de nosotros o no lo ponemos suficientemente claro en su espacio de prioridad. Practicar, cultivar la paciencia con las dificultades personales, cualquiera sea, el dolor físico, frustraciones, no conseguir lo que queremos, es el ámbito primordial y quizás el espacio de entrenamiento de la paciencia más importante y más potente.

Cuando hablamos de todos estos conceptos, incluso cuando hablamos de la compasión, por ejemplo, decimos hay que ser compasivo con todos. Si no podemos ser compasivos con nosotros mismos, difícilmente podamos ser compasivos con los demás. Y aquí es lo mismo, si no podemos practicar la paciencia con nosotros y con lo que nos ocurre internamente y con nuestra dificultad para, de alguna manera, estar presentes, estar conectados.

Si no podemos cultivar la paciencia ahí difícilmente podamos cultivar la paciencia con otros, con el resto y con el Dharma. Entonces esa es la primera indagación. ¿Cuánta paciencia me tengo? Cometo, por lo menos yo, cometo infinidad de errores y me meto en infinidad de situaciones difíciles por mi falta de contacto conmigo mismo, por mi falta de contacto con el momento presente.

Y nosotros decimos que nuestra práctica es una práctica de volver, nuestra práctica es una práctica de volver porque somos humanos, lejos de ser perfectos y erramos y nos equivocamos y nos confundimos una y otra vez, y nuestra práctica es una práctica de volver en vez de juzgar, en vez de alejarnos porque esto es imposible o porque somos imposibles. Volvemos. Volvemos al momento presente, volvemos a la práctica. Reconocemos lo que ha ocurrido, conectamos con eso. Pedimos o nos pedimos perdón por haber, una vez más, llegado a ese punto al que no queríamos llegar de complejidad. Y volvemos. Paciencia con uno, con una misma. Pero luego viene, por supuesto, la paciencia con los demás y con lo demás.

No solamente con personas, principalmente con personas. Allí está el eje, el corazón de nuestra práctica, pero no solamente con las personas, sino con las circunstancias, con las cosas, con el mundo y como ya sabemos y es importante recordar, son todas cosas que no controlamos, no controlamos. Queremos creer que controlamos ciertas cosas y en general podemos crear ciertos ámbitos que hacen más posible que ciertas cosas ocurran.

Pero al final de cuentas no controlamos a la persona que tengo enfrente, a la situación que tengo enfrente. Y ahí ingresa Shanti. Ese poder, abarcar ese poder, sostener sin separarse, pero sin desconectarse, sin suprimir, sin reprimir. Estar presentes con la situación y abarcarla y sostenerla. Eso es paciencia, eso es Shanti. Y muchas veces en especial, no sé a ustedes, pero con ciertas personas, con ciertas situaciones, lo único que quiero es salir corriendo o negarlas o estar ahí, pero no estar ahí.

La paciencia nos propone estar ahí, mantenerse ahí, pero mantenerse desde un lugar de eje. Hablamos cuando hablamos de Dukkha, de esa rueda con un eje que no está en el centro, cómo gira esa rueda con un eje que no está en el centro y de alguna manera llevamos eso como una explicación de Dukkha o de la complejidad o del sufrimiento.

La paciencia nos pide que encontremos ese eje para estar con la situación y mantenerse con la situación, permitiendo que esa situación madure, llegue a donde tiene que llegar. Y por supuesto en el tema de la paciencia, especialmente en el tema de las relaciones, es sumamente transformadora, porque la paciencia en las relaciones, en este segundo ámbito, este aspecto de la relación con los demás y con lo demás, puede ser una fuente de enorme transformación y alegría.

La paciencia, por supuesto, con nosotros, pero también con otros, puede hacer que tengamos una experiencia humana mucho más plena y positiva. Es el espacio para que esas relaciones humanas florezcan. Y cuando hablamos de los cuatro grandes votos del Bodhisattva y decimos en el primer gran voto: “los seres son innumerables y hago el voto de liberarlos a todos”.

¿A alguien se le ocurre cómo podemos hacer eso sin ser pacientes?

Ya el voto arranca con innumerables. Entonces si estoy apurado, si estoy impaciente… ¿Qué complejo, no? ¿Cómo hago para liberar a todos esos seres que son innumerables, 1, 2, 3, 100.000, 100 mil millones, 1 trillón de trillones, si no puedo ser paciente? Entonces fíjense como Shanti, esta perfección de la paciencia, como ocurre con muchos de estos conceptos, están fuertemente vinculados. Como la paciencia está tan vinculada, Shanti está tan vinculado con todos los votos.

Porque hablamos de que los seres son innumerables y hago el voto de liberarlos, como hablamos de que la ira, la codicia, la ignorancia es inextinguible y hago el voto de lograr trasvasar todo eso, todo nos lleva a pensar que si no hay paciencia esto no se puede lograr. Entonces la paciencia con uno nos permite esa reflexión, ese volver al eje.

La paciencia con los demás nos permite conectar con el universo, con los seres, ir hacia el corazón de esos votos de una manera diferente, de una manera presente.

Y esto me lleva al tercer punto, que es la paciencia con el Dharma. Es un tema muy importante y es un tema que les propongo tengan muy presente, porque a veces tienen ganas de practicar y a veces no tienen ganas de practicar.

Y no estoy hablando solamente de la práctica formal, por supuesto, a veces tienen ganas de sentarse en zazen y a veces no. Nos pasa a todos, es nuestra humanidad. A veces tienen ganas de escucharlo a Sozan y a veces no, fantástico. A veces tienen ganas de leer, estudiar algo y a veces prefieren leer una novela. Y eso está bien.

Esto no es una crítica. Lo que sí es importante es tener paciencia, tener paciencia con el Dharma, comprender que esto es una maratón, no una carrera de 100 metros. Esto que estamos haciendo, esta práctica, como decimos, liberar esos seres innumerables, también es una práctica que no concluye. ¿Quién puede decir bueno, listo, ya está, ya practiqué lo suficiente? Qué sé yo, Buda por ahí. Ni siquiera sé si Buda dijo eso.

Ya practiqué lo suficiente. Porque al Buda lo vemos sentado en zazen después de su despertar una y otra vez. El punto es la paciencia. No tenemos que juzgarnos, rendirnos cuando las cosas en nuestra práctica no salen como queremos que salgan. Especialmente porque, en general, nuestra mente condicionada, nuestro karma, nos propone que la práctica debería ser de cierta manera.

Esto es la práctica, así me debería sentir a través de la práctica, esto debería lograr, en esto me tendría que convertir a través de la práctica. Todos vaivenes de la mente que no nos llevan en realidad a ningún lado. Entonces volvemos a la paciencia, a ser pacientes con nosotros en el Dharma. Y decir OK, hoy no, hoy esto es de otra manera, esto no lo entiendo, no estoy comprendiendo lo que ocurre. Y en vez de separarme de la situación, me integro con la situación a través de la paciencia. Lo sostengo y permito que evolucione.

Nos lleva de vuelta al tema de volver. Hace dos semanas que no me siento en zazen. Con paciencia vuelvo. Y esto no es solamente como dije con respecto a la práctica formal. El Dharma es la vida misma. Entonces quizás hoy no fueron los generosos o generosas que querían ser en general o con una situación en particular. Bueno, esto es un camino, esto es una vía.

Aprendamos de eso, integremoslo, veamos qué pasa la próxima vez. Paciencia, paciencia. Cuando hablamos de El Espíritu Mushotoku, en japones, que ya lo hemos visto antes, que es el espíritu de no búsqueda de provecho en la práctica. No ponernos ideales de cómo deberían ser las cosas, porque como dije recién, en general tenemos ideales que no, quizá no son los más reales, son los que proponen nuestra mente condicionada.

Entonces, en lugar de practicar para, practicamos por. En lugar de practicar para, practicamos por. Y hacia, por otros, por nosotros. Paciencia. Entonces, cuando nos encontramos con lo impulsivo, y pensemos que vivimos en un en una sociedad en un momento de la historia, en lo cual en general las cosas nos llevan a ser impulsivos, es estar ocupados todo el tiempo, ese pasar de una cosa a la próxima, sin pausa, sin conexión, todo eso nos lleva hacia el lugar, no quiero decir la antítesis, pero hacia un lugar que no representa esta posibilidad de cambio que es la paciencia.

Queremos controlar, queremos que todo salga como queremos que salga. Rápido, rápido, rápido. Entonces ahí, ahí nos lleva a la reflexión y me hace pensar en esta frase que dice que la paciencia es la virtud de los dioses.

Quizás alguien lo escuchó aquí, “la paciencia es la virtud de los dioses”. Wow, si la paciencia es una virtud de los dioses, algo hay en lo que estamos, en lo que estamos trayendo hoy, algo importante hay. Entonces la paciencia en el Zen es una práctica poderosa que, como digo, no significa tolerar las cosas, aunque hay un componente de tolerar, no significa tolerar desde el punto de vista de apretar los dientes, sino que practicamos, trabajamos en no ser víctimas de lo que está ocurriendo, nos unimos, nos integramos a la situación en lugar de ser víctimas de la situación.

Entonces la paciencia nos da la fuerza, nos da la energía para trabajar en beneficio propio de los demás. Y es uno de los factores principales entonces, que nos impulsan hacia la liberación y la iluminación nuestra y de todos los seres. Cuando hablamos del Pāramitā de la paciencia, cuando hablamos de Shanti… y en el Zen, muchas veces hacemos estas comparaciones o tenemos esto como imagen, es nos mantenemos imperturbables como una montaña, presentes, en contacto con todo lo que nos rodea, pero sin buscar algo que nos lleve a conectar con sensaciones de enojo, con sensaciones de desconexión o desinterés, sino que nos mantenemos allí e integramos lo que está ocurriendo. Y nos mantenemos presentes y en eje, con nosotros, con el resto y con el Dharma. Entonces, cuando en contacto con Dukkha, cuando en contacto con la dificultad, encontramos que surge la desconexión, el sufrimiento, el dolor, nos invita a reflexionar ¿cuál es nuestra capacidad hoy de esta perfección de la sabiduría de la paciencia? Quizá el espacio de nuestro corazón sigue siendo pequeño. Entonces seguimos cultivando la paciencia, seguimos cultivando la paciencia a través de la manera en que nos relacionamos con las cosas, a través de aumentar esa bondad amorosa, la compasión, la alegría, la ecuanimidad, todo nos ayuda aumentar la paciencia, cultivar la paciencia. Para que de esa manera también nosotros podamos abrazar, perdonar, podamos sostener, superar los obstáculos en nuestra vida. Y llevar ese fuego de Dukkha, ese fuego de la vida misma, hacia un espacio donde sea fuente renovadora de compasión y felicidad.

Paciencia, paciencia y paciencia, hasta el cese de Dukkha.

Muchas gracias.

Quizá te interese