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Sábados de Zen Cotidiano – La Sabiduría del Conocimiento – 08/07/23

por Sozan
Sábados de Zen Cotidiano

La Sabiduría del Conocimiento

8 de julio, 2023

TRANSCRIPCION

Cuando hablamos de las Cuatro Nobles Verdades, y transitamos ese paso que va desde la primera verdad de la existencia de Dukkha, de la dificultad, de la complejidad de nuestra vida, del sufrimiento, a la cuarta verdad que es ese camino de liberación de esta complejidad, el “Camino Óctuple”… Hemos visto anteriormente que este Noble Camino Óctuple, esta Vía hacia el despertar, puede dividirse, si se quiere, en tres categorías: Sabiduría, moral y estado mental. Prajna, Sila y Samadhi (en sánscrito). Prajna, Sila y Samadhi: Prajna es sabiduría, Sila es moral y Samadhi es estado mental. Y cuando hablamos de este primer componente, del componente de “sabiduría” o “Prajna”, hemos hemos visto que los grandes maestros en la historia del budismo comprendieron las superioridad de la sabiduría sobre el conocimiento, y vimos que el conocimiento es parte de la sabiduría, pero no es en sí mismo sabiduría.

Digamos que la sabiduría se compone de dos principales factores: Lo que veo, y cómo lo veo. “Lo que veo” es el conocimiento y “cómo lo veo” es esa correcta visión o correcta comprensión, que son estos dos pilares del Noble Camino Óctuple, y esta introducción la hago para poder luego abordar lo que quiero abordar hoy sobre qué es el conocimiento y qué rol cumple el conocimiento en nuestra práctica.

Hemos hablado de la Perfecta Gran Sabiduría y cómo esta perfecta gran sabiduría, de Prajna, tiene como condición necesaria -quizá no suficiente-, pero necesaria de poder ver, poder ver correctamente sin todos los filtros de nuestro karma, nuestros mandatos, nuestros condicionamientos. Entonces, si decimos “poder ver” ¿qué es lo que estamos viendo? Y aquí es donde entra el conocimiento.

Y el conocimiento como componente de Prajna es sumamente importante, porque es a lo que me expongo cuando abro esos ojos de la visión correcta. Digámoslo, para ponerlo de una manera muy simple, si tengo los ojos cerrados no ingresa conocimiento visual en mi mente. Cuando decido abrir los ojos, comienza a ingresar conocimiento. Ahora, ¿cómo interpreto lo que veo? Esa es la visión correcta, y eso es lo que integra la sabiduría. Entonces, por supuesto, tengo que abrir los ojos. Y en nuestra práctica, en nuestra vida, cuando hablamos de abrir los ojos estamos hablando de abrir los ojos al conocimiento, a los estímulos, a lo que existe en nuestro mundo.

Y esto incluye todo lo que ingresa a nuestra mente y en nuestro corazón. Incluye la vida en sí misma, las relaciones, el estudio… todo lo que ingresa como dato en nuestra mente y en nuestro corazón. Y esto es importante y es importante comprender el rol que juega. Y por eso lo traigo hoy y quiero que lo exploremos como parte de este tema de la sabiduría. Porque muchas veces en general confundimos o unimos de una manera no balanceada el conocimiento como sabiduría. Aquí hay algo que es muy importante y es comprender la diferencia entre lo que es un dato y lo que es información, porque la información nos informa, los datos no nos informan, los datos son el recurso primario de la información. La información es la manera de ver los datos, de interpretar los datos. Entonces yo puedo tener un montón de datos, pero no estar informado. Ahora, es muy difícil que me pueda informar sin datos. Y lo que vamos a explorar es cómo el conocimiento, estos datos, informan nuestra práctica. Cómo el conocimiento se transforma en información a través de la visión correcta y el pensamiento correcto, estas dos piezas claves del Noble Camino Óctuple. Entonces, lo que hacemos en la práctica es: vemos, estudiamos, nos relacionamos para convertir esos datos en algo que informe nuestra práctica, que informe nuestra vida. Y esto ya lo hemos visto varias veces: estudiar el zen o el budismo o el estudio en el Zen, en el budismo, no consiste en adquirir conocimientos, adquirir datos. Esto es algo que yo he visto mucho en el ámbito empresarial y en otros ámbitos -también seguramente educativos y demás-, que es “recopilar datos”. Parece que si tuviéramos muchos datos tenemos un tipo de poder o un tipo de capacidad extra. Bases de datos completas, llenas de datos. Y cuando uno le pregunta ¿para qué los usas? ¿Cómo conviertes estos datos en información? “Y no, la verdad que mucho no, la verdad es los tenemos ahí por las dudas o queremos…”. No hay realmente extracción de información de esos datos, y en nuestra práctica cuando no hay extracción de información de esos datos, del conocimiento, es cuando se convierte en un mero ejercicio intelectual.

Cuando estudiamos, cuando incorporamos conocimiento en el Zen, en nuestra práctica, no estudiamos para incorporar datos. Estudiamos para desafiar las ideas que ya tenemos y que en ocasiones se fijan en nuestra mente. Porque el Zen es una práctica que debe experimentarse, no es un mero concepto que pueda comprenderse intelectualmente sin incluir otros pilares fundamentales, como el Zazen. Entonces estudiamos para desafiar las ideas que ya tenemos.

Estudiamos con mente de principiante, escuchamos charlas, Teishos, Palabras del Dharma con mente de principiante. Y esto es importante porque como vamos a ver más adelante, necesitamos desafiar estas ideas que tenemos en nuestra mente, preexistentes. Necesitamos ingresar nuevas y desafiar las que ya tenemos. Entonces, el conocimiento que viene a través de la lectura en el Zen, a través del estudio, de las charlas, desafía nuestro intelecto. Y esto lo vemos claramente en el tema de los koan. Muchos de ustedes ya saben lo que es un koan, estos escritos que se originaron en China que son historias, generalmente cortas, que plantean dudas para desafiar el sentido mismo del conocimiento y a través de este desafiar nuestra idea de lo que sabemos, encontrar verdades más profundas sobre la existencia, sobre nuestra vida.

Entonces, incluso cuando adquirimos conocimiento como el conocimiento que nos puede traer un koan, ni siquiera eso o especialmente eso en nuestra práctica es lineal, porque la idea aquí es desafiar el conocimiento y llevarlo de una idea, a “práctica”.

El primero o uno de los primeros koan que se estudian en los esquemas de estudio de koan es el koan de Mu”. Quizás alguno de ustedes lo ha visto o escuchado antes. El koan de “Mu” que es el primer koan en el en el Blue Cliff Record, un compilado de 100 koans. En este koan Joshu -que fue un maestro zen que vivió en una provincia que tenía su nombre en el año 770 después de Cristo- se encontraba en su templo, y un día un monje muy preocupado se le acercó y le pidió un consejo. Se le acercó con intención de pedirle un consejo. Y mientras estaban allí, un perro pasó caminando en frente de ellos, y el monje le preguntó a Joshu ¿Tiene ese perro naturaleza de Buda o no?

Y el monje, Joshu, casi antes de que termine la pregunta le gritó “MU!”. El monje seguramente se quedó medio duro. ¿Tiene naturaleza de Buda el perro? La respuesta de Jushu fue “Mu”, que Mu significa en realidad algo como “vacío”, y no el vacío de que “no tiene”. Y este es el punto. Me puedo quedar una hora explicando “Mu” y el koan, y si lo queremos asir intelectualmente nos vamos a quedar aquí bastante tiempo.

Pero esto es lo que desafía también, a través del estudio, nuestra idea de comprensión de lo que pensamos que podemos asir intelectualmente. Es muy interesante, porque en Occidente mucho de lo que ocurrió, de lo que recibimos, es que el estudio cumple un rol no tan preponderante en nuestra práctica. Y la realidad es que en Japón, donde se originó el Zen -Zen Soto hasta tiene una universidad, la Universidad de Komazawa. Todos los monjes antes de ir a Eikeiji pasan por la universidad y estudian. Hay un componente de estudio muy importante en nuestra práctica. Muy, muy importante.

Yo creo que cuando el Zen llega a Occidente ocurren algunas cosas. Una de ellas creo que es una “manera hábil” de los maestros, habiendo comprendido que en Occidente somos muy científicos y rápidamente nos volcamos hacia el lado intelectual de las cosas. Estos maestros con mucha sabiduría deben haber dicho “Aquí hay que ingresar a un paso previo. Hagamos silencio, sentémonos”. Y de allí que el Zazen se convirtió en Occidente, en ocasiones, en lo único que se hace en ciertos grupos de práctica. Y eso, por supuesto, también tiene sus consecuencias. Acá estamos hablando de un tema de balance.

El budismo y el Zen es, de las prácticas que existen, una de las que tiene más material de estudio. Piensen que Dogen, el fundador de la escuela del Zen Soto, dejó una cantidad increíble de material escrito, escrito por él: El Shobogenzo y todos sus tomos entre otras cosas. Se dice (no sé si es verdad o no), que Dogen leyó el Tripitaka dos veces.

¿Qué es el Tripitaka? El Tripitaka, que se puede traducir como “triple cesta” es lo que se conoce también como el Canon en pali. Y el contenido del Canon son las palabras del Buda y su y sus discípulos. Y es enorme. Y me pregunté ¿qué tan enorme es? Y descubrí que el canon en pali tiene 1.496 títulos divididos en 6.568 libros, 6.568 libros que ocupan 81.258 páginas. Me gustan los datos. Ahí tenemos. ¿Les gustan los datos? Acá tenemos datos. Existe un proyecto de traducción del Canon en pali al inglés que, se dice, está ocupando a cien traductores por cien años. No sé qué tan cierto será eso, pero podría ser cierto. Y este Canon en pali, este documento seminal del budismo, está dividido en tres cestas: tri-pitaka.

La primera cesta, la cesta del Vinaya Pitaka, que es la secta de la moral -Hay una parte de los libros que hablan sobre la moral-. El Sutta Pitaka, que es la parte de la recopilación de los discursos de Buda y sus discípulos, y el Abiddharma Pitaka, que son escritos, canciones y poesías que se centran principalmente en la filosofía y la psicología del budismo. Y esto ocupa estos 6.568 libros.

Si Dogen lo leyó dos veces o no, no lo sé, no me importa demasiado. Pero lo que sí me importa es que tengamos una dimensión de que esto ocupa un rol en la práctica. Pero este conocimiento lo utilizamos para ampliar nuestra sabiduría a través de lo que ya pensamos y desde lo que incorporamos como materia prima, para luego ser procesada por esa capacidad de “ver” que tenemos en ese momento.

Y por eso esto es tan importante, este punto. Porque el dato es dato, el conocimiento es conocimiento. Ahora… cómo vemos, cómo interpretamos, como informa nuestra práctica ese conocimiento, he ahí la cuestión. Y Dogen pudo haber leído el Tripitaka dos veces, y yo lo podría leer una, y seguramente mi comprensión va a ser diferente a la de Dogen. Ni mejor ni peor, pero diferente.

Y por eso volvemos al conocimiento una y otra vez. Quienes están participando de estos encuentros, de estas charlas con cierta asiduidad -algunos de ustedes hace muchos años- han escuchado ciertas cosas, ciertos conocimientos una y otra vez. ¿Y por qué es esto? ¿Porque no es suficiente, porque son cinco cosas y las repetimos? No. Esto es porque cada vez que las escuchan, ustedes son personas diferentes.

El practicante que escuchó sobre las Cuatro Nobles Verdades ayer no es el mismo practicante de hoy. Y por eso volvemos, porque se va incorporando este conocimiento en la manera de la sabiduría y va transformando nuestra vida, va transformando nuestra práctica.

Entonces, muchas veces pensamos que el Zen consiste solamente en sentarse y así encontrar el silencio y la sabiduría interior. Y por supuesto, cuando empezamos a practicar, es fácil trasladar este estereotipo a nuestro camino espiritual. Pero la mayoría, o muchos maestros, creo, van a traer -y es parte de mi enseñanza- que es importante encontrar un balance, que es importante complementar la práctica con el estudio. Pero con cuidado, porque por mucho que leamos, por muchas charlas que escuchemos, por muchas páginas web que visitemos y frases de Instagram que encontremos, no hay ninguna garantía de que obtengamos ningún beneficio real de toda esa información, de todos esos datos.

Entonces es bueno conectar con ese conocimiento, con esos datos, pero lo importante es dejar que estos conocimientos nos transformen, que comprendamos que el beneficio de la lectura, de escuchar las charlas del estudio, llega en el punto de encuentro entre tú y el Darma. Cuando una enseñanza aparentemente externa toca una profunda fibra interior, nos transforma. Entonces estudiamos, leemos, escuchamos, charlas no para acaparar conocimiento, no para juntar datos, sino para ser transformados.

Por ejemplo, cuando hablamos sobre las Palabras del Dharma, un Teisho, decimos que en general no tomamos nota durante un Teisho, no tomamos nota como en una clase. ¿Y por qué no tomamos nota? ¿Por qué tradicionalmente no se toma nota durante un Teisho? Porque la idea es soltar esa búsqueda del tecnicismo, esa búsqueda del conocimiento para abrirnos a la posibilidad de transformación más allá de la lógica, más allá de la razón. Intentar involucrar el hemisferio izquierdo del cerebro menos, ese hemisferio analítico “¡ah! lo que dijo Sozan, ¡ah! lo que no dijo, ¡ah! cómo lo dijo”. Dejar ir eso, y simplemente, como dice ese sutra al principio de las palabras del alma, “saborear las palabras del Tathagata”. Saborear… ese saborear tiene como una cosa menos intelectual, sino que es más profundo.

Por supuesto, después pueden ver el video de las Palabras del Dharma y tomar la nota que quieran y seccionarlo en todas las partes que quieran. Pero en principio, dejarse transformar. Entonces, estudiar es importante, informa nuestra práctica, pero tiene que estar, o tiene que ser parte de nuestro zazen. Y estudiar y no meditar es una mera búsqueda intelectual. Ya lo he dicho cientos de veces. Es desequilibrado. Por otra parte, a veces no estudiamos o no nos permitimos vernos transformados a través del conocimiento suficiente. Y eso también está desequilibrado, porque hay tanto que no sabemos que no sabemos… Y ese es el punto también: hay muchísimo que no sabemos que no sabemos. Y por eso la guía de un maestro, la sangha, el conectar con otros practicantes que están en la misma búsqueda, en la misma vía, es tan importante.

Hay ciertas cosas que sabemos que no sabemos y entonces las podemos buscar, o podemos leer, podemos hacer algunas cosas, pero hay mucho que no sabemos que no sabemos. Y entonces si lo único que hacemos es silencio, también hay una parte que no se transforma, que no se integra.

Estos tres componentes tan importantes del Noble Camino Óctuple: Prajña, Sabiduría, que incluye el conocimiento y la manera de interpretar ese conocimiento. Fundamental, pero no es el único. Estamos hablando de tres componentes. Luego hablamos de Sila, la moral, la conducta ética: cómo actuamos, cómo somos en el mundo. Y luego hablamos de samadhi, esa profunda conexión con el universo que ocurre a través del Zazen, a través de la concentración. Y todos son fundamentales. Si solamente hacemos foco en uno de estos, solamente en estudiar o solamente en observar la manera que nos comportamos, o solamente en meditar… Estos “solamente” producen que algo se estanque en este proceso de práctica. Por eso es tan importante encontrar ese balance, encontrar esa capacidad de traer los datos para desafiar, para comprender, para ver. Pero no para acumular.

De alguna manera el estudio guía tu práctica, y tu práctica guía el estudio. Si estás practicando y no tienes muy claro a dónde remitir tus experiencias, por ahí pueden crearse dudas innecesarias. Si empiezan a surgir cosas y no se tiene posibilidad de hablar con un maestro, escuchar algunas charlas, leer unos libros que clarifican, dan otra dimensión… porque surgen cosas en nuestra vida, en nuestra práctica. Cosas muy importantes, cosas muy relevantes. Y entonces estos datos que convertimos en información que ayudados, guiados por los escritos, por los maestros, por las charlas, esto hace que estas dudas innecesarias se disipen. Por otro lado, estudiar, estudiar, estudiar sin llevar estas reflexiones al cojín, al zafu, y permitir que maduren como una experiencia directa -no como un dato solo- sino como una experiencia directa, también puede sembrar semillas de duda. Si lo único que hacemos es leer, leer, incorporar, incorporar y no encontramos este lugar, este crisol donde se convierten en experiencia directa, que es el Zazen.

La sabiduría, prajña, incluye el conocimiento. Pero no solo el conocimiento intelectual, sino la manera en que a través de la visión y el conocimiento correcto, justo, convertimos todos estos datos en información real, que nos ubica en el lugar donde podemos vernos transformados.

Estudiamos para desafiar las ideas que ya tenemos. Estudiamos -y cuando digo estudiamos- me refiero a “nos exponemos a estos datos, a las lecturas, a las charlas”… pero también a la vida misma.

Cuando hablamos de los tres tesoros, Buda, Dharma y Sangha, ese “Darma” incluye esto de lo que estamos hablando. Y por supuesto es muy vasto, como lo es el zazen, como lo es la conducta. Son conceptos vastos, son conceptos que pueden en un principio sonar o ser un poco “demasiado grandes” y casi llevarnos al punto a veces del desánimo. Si el Tripitaka tiene seis mil libros, no voy a poder leer el Tripitaka, entonces… ¿Qué estoy haciendo aquí? Y no dejarse llevar por eso tampoco, no dejarse llevar por esa idea de que cuanto más incorporamos mejor. Y por ende, si hay tanto para incorporar que casi es imposible, entonces directamente lo descarto. No de lo que estamos hablando. Una sola palabra, una sola línea de un libro, transforma nuestra práctica. Transforma nuestra vida.

Perfecta, Gran Sabiduría. Prajna. Qué es lo que vemos, y cómo lo vemos. Y este es el punto de reflexión en el que estamos profundizando hoy. Y lo que les propongo es que no traten de intelectualizar lo que acabamos de ver, sino que permitan que esto sea transformador desde un lugar mucho más sutil. En vez de salir de esta charla diciendo “Bueno, ¿Qué leo? ¿Qué estudio? ¿Cómo lo hago?… Permitir dar un paso para atrás y reflexionar sobre esto, tanto en la práctica más tradicional y más pura, como en la vida misma. Cómo encuentro este balance entre el conocimiento, y cómo ese conocimiento se transforma en un componente esencial de nuestra vida desde el punto de vista de la sabiduría. Y que lo saboreen. Sin juicios. “¡No! en realidad lo que hay que hacer es esto, o lo otro. Hay que…” No. Sin juicios. Simplemente dar ese paso para atrás y decir “Esta Perfecta, Gran Sabiduría… ¿Cómo se ve reflejada hoy en mi práctica?”

Y volver al cojín, volver al zafu, volver a Zazen… y dejarlo ir.

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