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Sábados de Zen Cotidiano – La Sabiduría del Pensamiento – 15/07/23

por Sozan
Sábados de Zen Cotidiano

La Sabiduría del Pensamiento

15 de julio, 2023

TRANSCRIPCION

Ser sabio. ¿Qué significa ser sabio? ¿Qué significa la sabiduría? Y de esto hemos hablado en algunos encuentros anteriores. Recuerden que hablamos sobre la posibilidad de ver de una manera correcta las cosas tal cual son, como un componente fundamental de la sabiduría. Y hablamos del Noble Camino Óctuple, y cómo este Noble Camino Óctuple, que es la Cuarta de las Cuatro Nobles Verdades, se divide en sabiduría, conducta y estado mental.

Y estamos hablando un poco del tema de la sabiduría. ¿Qué significa Prajña, como se lo conoce en sánscrito? ¿Qué es la sabiduría? Porque escuchamos mucho en diferentes entornos el “ser sabio” o “los sabios” como algo deseable, como algo casi a veces inalcanzable.

Y la propuesta es que, quizá, no es inalcanzable. Y por supuesto, como muchas cosas, la sabiduría tiene grados. Uno no es sabio o no es sabio en general. Incluso en momentos de mayor sabiduría. Y hablamos de la sabiduría en relación a esta “Visión Correcta”, a la capacidad de ver las cosas tal cual son, sin otras cosas basado en nuestros condicionamientos. Y también hablamos del conocimiento.

¿Qué rol cumple el conocimiento en esto de la sabiduría?

Sin embargo, Prajña, cuando hablamos del componente de la sabiduría del Noble Camino Óctuple, incluye otro punto del Noble Camino Óctuple, no solamente la correcta visión o la correcta comprensión, sino que también incluye el “Correcto Pensamiento”. Y es un punto interesante, creo. Ir un poco más allá, volver a conectar, comprender, de qué hablamos cuando hablamos de pensamiento. Y cómo de alguna manera el pensamiento influye sobre esta posibilidad de ser sabios.

Y quizás esto es un tema un poco más de Occidente, pero usualmente pensamos que los pensamientos no son tan importantes desde el punto de vista del impacto en el mundo, el impacto en nuestra vida. Como que si queda del cráneo para adentro, está todo bien. Si las cosas quedan adentro de la mente, está todo bien.

Lo que importa, pensamos, es la acción.

Esta idea de que lo que importa es la acción y no lo que pensamos, es algo que en nuestra práctica -y de hecho, puntualmente-, el Buda en sus enseñanzas trajo a reflexión. Y el Buda habló sobre la importancia de nuestros pensamientos como precursores de las acciones, no haciendo una división entre, “Bueno, de este lado, de adentro del cráneo o de afuera del cráneo”, pensamiento o acción, sino diciendo “¡Momento! Quizás esa división no es tal”.

En el Dhammapada -en un sutra-, para ser un poco más concreto, el Buda dice lo siguiente: “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado. Está fundado en nuestros pensamientos, se compone de nuestros pensamientos. Si una persona habla o actúa con un pensamiento maligno, el dolor le sigue como la rueda sigue al pie del buey que tira del carro.” Y también dice: “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado. Está fundado en nuestros pensamientos, se compone de nuestros pensamientos. Si una persona habla o actúa con pensamiento puro, la felicidad le sigue como una sombra que nunca se le separa”.

Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado. Está fundado en nuestros pensamientos. Se compone de nuestros pensamientos. Es una propuesta bastante directa ¿No? No es “bueno… quizá”. El Buda está diciendo “Eres lo que piensas”. Y esto para mí, más allá de que cuando lo escuché por primera vez o cuando lo empecé a investigar por primera vez, me pareció lógico. Dije “Sí, tiene sentido”. No es algo que en mi vida traía tan presente. Para mí mismo siempre pensé: Yo soy lo que hago, no lo que pienso. Y la propuesta en la práctica es “Lo que haces, es el resultado de lo que piensas”. Y este segundo factor del Sendero Óctuple, del Noble Sendero Óctuple, que vemos como “pensamiento correcto”, también a veces se traduce o se comprende como “correcta intención”, no solamente como “pensamiento correcto”.

Y recuerden que cuando hablamos de correcto aquí no hablamos de correcto, incorrecto, bueno o malo. Hablamos de correcto como íntegro, como absoluto. No es un concepto dual, cuando hablamos de correcto o justo, a veces decimos “pensamiento justo” o “justa intención, no es justa o injusta, es más como “lo justo”, lo que lo que compone algo en su en su “totalidad correcta”.

Es difícil, porque hay que encontrar varias palabras para describir esto. Pero quiero que quede claro que este “justo”, este “correcto”, no es un juicio de valor, sino que es un estado de composición de ese pensamiento, de esa acción o de esa visión. Y entonces decimos que el pensamiento correcto puede traducirse también como intención correcta. Y para comprender un poquito más, busqué la palabra intención en el diccionario, y la respuesta o la definición que encontré es “Intenciones son estados mentales en los que el agente se compromete a un curso de acción”.

Intenciones son estados mentales en los que el agente -uno- se compromete a un curso de acción. O sea, claramente pensamiento e intención convergen en el mismo lugar y por eso -y vamos a ir un poquito más allá en el transcurso de esta charla hoy- cómo ese pensamiento, esa intención, nos definen como seres humanos en este mundo, y por ende, son un componente fundamental de la sabiduría.

Me gusta reflexionar sobre esto porque la sabiduría siempre me fue un concepto muy abstracto. Si, la sabiduría, ser sabio… me imagino esto o lo otro. Sin embargo, aquí lo estamos trayendo a algo muy concreto -y por concreto no significa fácil necesariamente-, pero sí algo más concreto: La sabiduría se compone de cómo y qué ves y cómo y qué piensas.

Y podemos decir que esa visión y ese pensamiento pueden conformar un punto de vista. Digámoslo más como una ecuación matemática: visión más pensamiento igual al punto de vista. Yo tengo un punto de vista sobre las cosas que surgen de la manera y que veo a través de mis condicionamientos y cómo pienso sobre las cosas. Eso me lleva a tener un punto de vista en la vida.

Entonces, visión más pensamiento igual punto de vista. Ahora… visión correcta, más pensamiento correcto es igual a sabiduría. Si uno puede ver más allá de sus condicionamientos, ver la naturaleza de las cosas tal cual son y a la vez pensar, tener una intención limpia, sana, iluminada… El resultado es la sabiduría. Y esto a mí me fue muy útil, más que nada para marcar un rumbo. Porque estamos diciendo que si el camino hacia el cese del sufrimiento es el Noble Camino Óctuple, que se compone de sabiduría, conducta y estado mental, entonces quiero entender cómo de alguna manera abarcar esos conceptos. Y este “abarcar la sabiduría” tiene que ver con trabajar sobre la manera en que veo y trabajar sobre la manera en que pienso. Y el resultado natural es algún grado de sabiduría, que ojalá se vaya transformando en mi vida.

Y todo esto es un ciclo, un círculo que puede ser virtuoso, porque este pensamiento y esta intención influye, condiciona, como veo. Si yo pienso que alguna persona es dañina, difícilmente en un encuentro pueda verla sin ese condicionamiento. Y como estos, podríamos tener varios ejemplos.

Cómo pienso influye en cómo veo. Pero también como veo influye en lo que empiezo a pensar. La manera en que veo las cosas influye en cómo pienso. Entonces lo que veo influye como pienso y lo que pienso influye como veo. Y cuando lo que veo y lo que pienso es correcto, es un punto de vista sabio, este ciclo de sabiduría, de visión e intención, se convierte en un ciclo del despertar de la conciencia. Cuando empiezo a ver más claramente, menos condicionado, menos ensimismado en todo mi karma, a través esa visión empiezo a pensar diferente. Y esto es muy lineal. Cuando alguien ve algo y de repente lo ve con más claridad, dice “¡Ah!, entonces esto no es lo que yo estaba pensando”… es súper directo, veo de una manera y empiezo a pensar de otra manera.

Y a veces cuando empiezo a pensar “Bueno, quizás esa persona no es tan dañina o no es tan falsa, o no es esto, no es lo otro”, y en mi pensamiento dejo ir ese concepto arraigado, luego cuando tengo ese encuentro veo a la persona de una manera diferente. Veo a la persona de una manera más sabia, no condicionado por mis pensamientos.

¿Se entiende la riqueza de este ciclo y lo importante que es prestarle un poco de atención. Y cómo al influir en cualquiera de esos puntos, ya sea a través de lo que vemos o a través de lo que pensamos, cambia el sentido del giro de esa rueda de sabiduría? Yo no sé a ustedes, a mí me parece fascinante.

Volviendo al tema del pensamiento ¿Qué es este pensamiento correcto, justo, esta intención?

Y, para definirlo de alguna manera es “Cómo aplicamos la mente de una forma determinada para ir hacia el despertar de la conciencia, para alcanzar los votos del Bodhisattva”. Como para tener como parámetro: el pensamiento correcto, la intención correcta es una manera de pensar, es una manera de intencionalidad conducente al cese del sufrimiento, conducente al despertar de la conciencia. Eso ya por lo menos nos da un parámetro de cómo sé si es un pensamiento correcto o no. Todavía no sé qué pensar, no sé el contenido, lo que sí sé es que si me aleja del despertar de la conciencia y genera sufrimiento para mí y para otros, probablemente no sea un pensamiento correcto o una intención correcta. Entonces podríamos decir que la intención correcta se define como “La aplicación mental, la aplicación mental necesaria para alcanzar el objetivo último del camino, que es la cesación del sufrimiento”. La intención es esencialmente entonces como “La voluntad de la mente de avanzar hacia su objetivo de liberación”. Cuando la mente tiene esa voluntad de avanzar hacia ese objetivo de liberación, lo que empieza a ocurrir, lo que empezamos a ver, es un pensamiento correcto. Y como dije, este pensamiento correcto empieza a influenciar como vemos. Y como vemos, empieza a influenciar cómo pensamos.

Y ¿Por qué es tan importante esto? Y por supuesto, hay muchas razones por las cuales es importante. Pero ¿Por qué ocupa este lugar tan preponderante, tan importante en el Noble Sendero Óctuple como condición o condicionamiento de la Sabiduría? Y, es tan importante porque de alguna manera esta función intencional de la mente forma un vínculo que es crucial y que conecta nuestra manera de pensar con la manera en que participamos de manera activa en el mundo. Volvemos a lo que decía Buda en el Dhammapada: Somos lo que pensamos. Y si los pensamientos son negativos, el sufrimiento nos sigue como la rueda que sigue al carro de un buey. Si los pensamientos son hábiles, sanos, iluminados, la felicidad nos sigue como nos sigue la sombra.

Y por eso es tan importante, porque entonces se abre una puerta de oportunidad. Se abre una puerta oportunidad de empezar a trabajar activamente en cómo pensamos. Y vamos a ver que eso es posible, la mente se puede entrenar.

Y el tema del pensamiento no es no es menor. La ciencia -hoy porque esto cambia-, pero la ciencia dice que tenemos alrededor de 6200 pensamientos por día. Y si consideramos que estamos despiertos unas 18 horas por día, significa que tenemos alrededor de 5 a 6 pensamientos diferentes por minuto. O sea, uno cada diez segundos durante todo el día. Tenemos un pensamiento que puede definirse como distinto, único cada diez segundos. Impresionante, ¿No? El punto es que rara vez nos detenemos a pensar en qué pensamos. Y por supuesto decimos “Bueno, pero ¿cómo controlo yo eso? ¿Se puede controlar?. Y… a veces no. La mayoría de las veces no, especialmente en los primeros pasos de la práctica. Empezamos a trabajar no tanto en restringir pensamientos, quiero pensar menos, sino en crear los condicionamientos internos para que lo que pensemos sea más beneficioso. Trabajamos sobre las causas de los pensamientos más que en las consecuencias del pensar o del pensar tanto. Y por eso es tan importante en nuestra práctica fundamental, el Zazen. Buda no despertó en una charla del Dharma, Buda despertó sentado bajo un árbol. Porque allí es donde no solamente los pensamientos pierden solidez, sino que perdemos, o dejamos ir, la manera en que las garras de los pensamientos nos tienen atrapados. Lo que ocurre en Zazen en general, o a veces, o la intención, no es “no pensar”. “Sozan no, no, Zazen a mí me cuesta mucho. Yo prefiero no hacerlo porque pienso demasiado. Cada vez que me siento a meditar no puedo parar de pensar”. Y vuelvo a la ciencia: hay un pensamiento cada diez segundos. ¿Qué esperabas? El punto es que en la vida activa, cotidiana, no estamos pendientes de lo que está pasando en nuestra cabeza. Pensamos, pensamos, pensamos y hacemos, hacemos y estamos en la vida más o menos conectados. Pero cuando nos sentamos en silencio, somos nosotros y nuestros pensamientos. Sin distracción. Y claro, puede ser mucho.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Qué hacemos con la meditación? Tenemos la oportunidad de dejar ir ese vínculo de apego con lo que estamos pensando. Poder observar los pensamientos con una diferente luz. Poder tener una visión correcta de lo que está ocurriendo en nuestra mente. Entonces no se trata de no pensar, se trata de observar en qué estamos pensando. Y en vez de ser presa de las garras de ese pensamiento que nos atrapa en nuestra mente, soltarlo y dejarlo fluir.

Zazen no comienza cuando nos sentamos ni culmina, termina, cuando nos levantamos del cojín del Zafu. Zazen continúa en nuestra práctica durante todo el día. Entonces, esa conexión con los pensamientos empieza a transformarse, empieza a transformarse profundamente, y eso no es nada menor, porque empezamos a ver la naturaleza, la composición de estos pensamientos.

Quisiera hoy traer quizás algo práctico con respecto a cómo pensamos para identificar dónde trabajar, dónde empezar a dar esos pasos hacia el cese de la dificultad que nos produce lo que produce en nuestra mente. Y lo primero que quiero traer es el tema del “efecto bola de nieve”. Como dije, la mente se puede entrenar, la mente de hecho se entrena en Zazen, se entrena en la manera en que nos relacionamos… Buenas relaciones traen buenos pensamientos, buena lectura trae buenos pensamientos. Se puede entrenar. Pero lo primero que tenemos que traer, o sobre lo primero que tendríamos que trabajar es sobre este “efecto bola de nieve”. Porque lo que en general nos lleva a la mayor dificultad, al sufrimiento, a dukkha, no es tanto el pensamiento que surge, sino todo lo que le agregamos.

Hay veces que el pensamiento es en sí, diría, casi inofensivo. Pero todos nuestros miedos, nuestras inseguridades, nuestra envidia, nuestra codicia, lo que quieran, comienza a agregarle a ese pensamiento una y otra cosa, como si fuera una bola de nieve bajando una ladera, y termina siendo a veces algo descomunal, algo insostenible, cuando el origen era pequeño. Este “efecto bola de nieve” es una de las cosas sobre las que primero podemos trabajar en este concepto del pensamiento correcto, porque podemos actuar desde la conciencia, podemos actuar activamente en detener ese agregado de la mente: Cuando algo surge, cuando un pensamiento surge, cuando tenemos una situación que ocurre en nuestra familia, nuestro trabajo, donde sea, decirnos a nosotros mismos “Ok, esto es lo que estoy pensando, esto es lo que ocurrió. Sí, pero en realidad si yo fuera esto, lo que pasa es que José…” y ya empieza, empezamos a crear y nos armamos una historia, armamos un relato que es digno de un cuento de hadas. El efecto bola de nieve es sobre lo primero que podemos trabajar cuando hablamos de trabajar sobre el pensamiento.

Y luego también está en reconocer aquellos pensamientos que podemos definir como “pensamientos parásitos”. ¿Vieron la definición de un parásito? Ese agente, ese ser que se nutre o que se alimenta en detrimento de otro ser, como los parásitos intestinales, y producen, provocan sufrimiento sobre el ser sobre el cual o del cual se están alimentando. Hay pensamiento que son iguales, que la única razón de ser que tienen en nuestra mente es consumir nuestra energía, es nutrirse a sí mismos sin ningún beneficio para nosotros. Igual que un parásito.

Y ustedes quizás lo sepan, o pueden si quieren esta semana detenerse y decir ¿Cuáles son esos pensamientos recurrentes, parásitos que yo sé que no me traen nada en concreto, no me sirven, me producen sufrimiento y siguen ahí? ¿Se siguen nutriendo de mi energía, se siguen nutriendo de mi existencia? ¿Y por qué están ahí? ¿Y para qué sirve que estén ahí?

Entonces, observar estos pensamientos parásitos nos permite también distinguirlos. Y quizá, como muchas cosas, a veces con solo verlas y decir ¡Te vi! las cosas se asustan y se van. A veces, con solamente ver el pensamiento parásito, lo descubrimos como parásito y decimos,”Basta Sozan, basta de pensar en esto. No tiene ningún sentido, no conduce a nada propicio. Es un pensamiento parásito”.

Luego también está el tema de la “Mente de mono”: Esos pensamientos, esa mente que va de una rama a la otra sin casi ningún control. Y observar cómo cuando pensamos a veces perdemos la línea, o muchas veces en general, perdemos la línea de pensamiento. En vez de pensar sobre una cosa en concreto, pensamos un poquito de muchas cosas, todo mezclado. ¿Qué voy a cocinar hoy? Esto y lo otro. Y ¿Qué hice u olvidé de esto? Ah… Tengo que llamarla Marta… y está todo concatenado. Parece un solo pensamiento, pero es un mono saltando de rama en rama. Y eso también es algo que podemos detenernos e intentar descubrir, e intentar ver si puedo concluir un pensamiento antes de empezar el otro. “Momento, Sozan, concéntrate dos segundos en qué vas a cocinar hoy. Después, piensa en quién tenés que llamar o que tienes que preparar para mañana. Pero detenerte dos minutos en pensar y en concluir este pensamiento”. La mente de mono no nos permite eso. Estamos saltando en veinte cosas diferentes al mismo tiempo.

Entonces: Bola de nieve, pensamientos parásitos y mente de mono.

Y lo otro que quiero traer también es el tema de “viajar en el tiempo”. Somos viajeros en el tiempo con la mente. Del futuro que aún no ocurrió a un pasado que quizá no es como me lo acuerdo. Y estamos haciendo eso constantemente: pensando en lo que pasará y pensando en lo que pasó. Todo el tiempo, constantemente. Pasando por el presente muy levemente, muy rápido, sin detenernos en el presente. Inventamos historias del futuro que no sabemos, y recordamos cosas del pasado que quizá no fueron tales. Pero esas invenciones, esas historias del futuro condicionan mi accionar de hoy. Cuando hablamos del pasado, hablamos de historias que quizá ocurrieron de cierta manera, pero nuestra mente que es fantástica la transforma según nuestros condicionamientos, los recuerdos que tenemos. Y esto es algo que la ciencia ha
estudiado mucho. Con el tiempo se van tergiversando para convertirse en un relato según quién somos. Entonces, ni siquiera el pasado es cierto necesariamente en nuestra mente. Y también condiciona quién soy hoy. Porque ese relato de lo que ocurrió en mi vida me convierte de muchas maneras en quien soy hoy. De la misma manera que el futuro, esas historias que invento o relatos me condicionan el presente.

Estas cuatro cosas, la bola de nieve, los pensamientos parásitos, la mente de mono y este viajar en el tiempo son puntos de partida maravillosos para poder trabajar sobre este tema tan importante de la mente en su expresión de pensamiento justo, pensamiento correcto, o intención justa, intención correcta.

Porque creamos karma con la mente, no solamente con la acción. Esta es una de las enseñanzas principales del Buda. El karma se crea con solo pensar, aunque pensemos que el karma se crea solamente cuando se lleva a la acción. No, ya con pensar de cierta manera estamos creando karma. Entonces la sabiduría, Prajña, que deriva de ver y comprender de cierta manera nos lleva a que este pensamiento produzca un tipo de karma u otro tipo de karma. Este pensamiento y esta manera de ver son materia prima de sabiduría hacia el despertar.

Entonces la manera en que pensamos nos hace más o menos sabios. Y ese es nuestro camino. El camino que tiene su origen en la manera de ver y en la manera de pensar conducente hacia el despertar de la conciencia.

Prajña. Sabiduría.

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