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Sábados de Zen Cotidiano – Las Tres Ruedas de la Abundancia – Recibir – 21/10/23

por Sozan
Sábados de Zen Cotidiano

Las Tres Ruedas de la Abundancia - Recibir

21 de octubre, 2023

TRANSCRIPCION:

Dador, receptor y obsequio se describen en el budismo zen, como hemos visto, como tres ruedas, tres ruedas que giran entre sí, tres ruedas que dan vueltas y que se transforman mutuamente. Y hemos hablado de la recitación antes de las comidas, parte de la cual dice “que podamos comprender el vacío de las tres ruedas: dador, receptor y obsequio”. Que podamos comprender el vacío de las tres ruedas: dador, receptor y obsequio.

Y esta recitación la hacemos todos los días en los espacios de prácticas formales como como un templo o monasterio, y es una recitación que también pueden eventualmente hacer ustedes en sus casas. Voy a asegurarme de que en la aplicación y en el correo que reciben tengan la recitación, les llegue un link a la recitación.

Y este dar, este recibir, este obsequio, usualmente los vemos o los entendemos como algo separado y quizás a veces lineal. Doy o hay algo que doy, y hay alguien o algo que recibe. Yo, el que da, te doy a ti, el que recibe, algo, un obsequio. Y vamos a ver que en el contexto de nuestra práctica este dar, recibir y obsequio en realidad son parte de la misma cosa y decimos que están vacías, que estas ruedas están vacías. Pero no vacías de “no hay nadie que da y no hay un objeto y no hay un receptor”. Están vacías de naturaleza separada del resto. Así como cuando hablamos sobre la vacuidad en nuestra práctica, esa vacuidad no es inexistencia. Esa vacuidad es inexistencia de naturaleza separada de todo el resto.

Y en nuestra práctica, enseñamos y hablamos mucho sobre la generosidad, sobre el dar. Como muchos de ustedes saben, el primero de los Paramitas, de las sabidurías, es Dana, la generosidad, el primero. Entonces, sin duda, es algo que estudiamos mucho, reflexionamos mucho, trabajamos mucho en nuestra práctica. Y sin embargo, esa generosidad, ese Dana, eso que damos, a fin de cuentas no existe o no puede darse sino hay algo o alguien que lo reciba. Para poder ser generosos, para poder dar tenemos que tener o conectar con alguien que lo recibe. El acto de dar requiere un receptor. Y en nuestra práctica no hablamos tanto de recibir. Hablamos mucho, mucho de dar, mucho de la generosidad, pero no hablamos tanto de recibir. Y sin embargo, es tan importante como el acto de dar. E incluso diría, quizá en la sociedad en la que vivimos y la manera que hemos sido educados, recibir es incluso más difícil que dar. Porque hemos sido educados con una idea, un mandato de logro, de autosuficiencia, de poder valerse por una, por uno mismo. Y eso en sí mismo no está mal. Digo, hay que poder valerse por uno mismo, por supuesto, hay cosas que es importante lograr, pero como todo y como mucho de lo que vemos, el problema son los extremos, el problema son los apegos, el problema es cuando eso se convierte en condición única. Tener que lograrlo todo, tener que hacer todo por uno mismo. Y así como el acto de dar, cuando damos para recibir algo a cambio, es un acto transaccional de alguna manera, es más bien una negociación, para ponerlo en otras palabras, (“yo doy para recibir algo”), por supuesto, hay un componente generosidad, pero no es la generosidad de la que hablamos cuando hablamos de la generosidad de Dana.

Y cuando hablamos de recibir, tampoco hablamos del recibir por haber dado algo. Es parte de lo mismo. Así como decimos, “no doy para recibir”, cuando me pongo del lado del receptor, cuando recibo algo porque dí algo, no es de la “recepción” o no es del “recibir” del que estamos hablando aquí. Si yo doy mi trabajo y recibo un honorario, es maravilloso, es perfecto, es parte de la vida. pero estas ruedas de las que estamos hablando van un poco más allá. Estas ruedas del dar, del recibir y del objeto que están vacías, vacías de independencia. Nos llevan a que podamos hablar de la generosidad de dar, pero también podamos hablar de la generosidad de recibir.

Y por supuesto, la mayoría de nosotros nos pasamos la vida creyendo y, más allá de creyendo, convencidos de que debemos trabajamos incansablemente para conseguir lo que necesitamos o lo que queremos. Y muchas veces pensamos cómo lograrlo, actuamos de maneras diferentes para alcanzar nuestros objetivos, buscamos activamente consejos, aprendizaje para conseguir lo que queremos. Y todo eso está muy bien. Eso está muy bien. Pero también en ocasiones podemos crear Karma en este acto de conseguir lo que necesitamos o lo que queremos, especialmente cuando tenemos un apego a ese deseo, cuando eso que queremos recibir nace de un apego, nace de una idea equivocada o una idea no sabia de qué es lo que necesitamos. Entonces a veces manipulamos, a veces mentimos, y llegamos a un punto, a veces, en el que pensamos o conectamos con un aprendizaje de que si no nos cuesta trabajo lo que recibimos de alguna manera tiene menos valor. Incluso a veces lo que recibimos nos incomoda. Y con esto, por supuesto, no quiero minimizar el valor del trabajo y el esfuerzo. Oorque el trabajo, el esfuerzo son también enseñanzas profundas, importantísimas en nuestra práctica. Hemos hablado del esfuerzo, Virya, (Virya es la palabra esfuerzo en sánscrito, como uno de los Paramitas, una de las Sabidurías), el Trabajo como el quinto elemento en el Noble Óctuple Sendero. El trabajo, el esfuerzo es importante, pero la manera en que hemos sido condicionados en la sociedad actual nos lleva a ponernos en un lugar que en muchas ocasiones nos hace incapaces o nos pone en un lugar de incapacidad para recibir si no damos algo a cambio. Y por supuesto, siempre podemos dar algo a cambio, siempre podemos dar las gracias, por ejemplo. Pero el punto es que sentimos que tenemos que dar algo equivalente o mayor a cambio de lo recibido. A veces, internamente, hasta se convierte en una competencia que intentamos superar. Con cada cosa que recibimos, queremos dar algo a cambio, igual o mayor.

Y quiero que reflexionemos sobre esto. Quiero que reflexionemos sobre cómo somos como receptores y qué se juega en el acto de recibir en cada uno de nosotros. Y por qué a veces dar se nos hace tan difícil, pero recibir se nos hace tanto o más complejo. Y ¿es necesario que esto sea así? ¿Qué ocurre cuando podemos comprender que no existe alguien o algo que da y alguien o algo que recibe? ¿Que existe cuando podemos conectar con esta rueda de la abundancia, que son ruedas vacías y naturaleza única, independiente?. ¿Qué ocurre cuando podemos conectar con la generosidad de recibir y no nos sentimos menos o inferiores, o limitados o incapaces cuando recibimos algo? Porque, y esto es muy interesante creo yo, hablamos o decimos que el mundo necesita mayor generosidad, que el mundo necesita más Bodhisattvas en el mundo dando, dando y dando y siendo generosos, y pocas veces hablamos de que parte de la ecuación es que esta rueda de la abundancia a veces se encuentra bloqueada o rota, no solamente en la parte de dar, sino también en la parte de recibir. No sabemos recibir. Aprendimos que recibir nos minimiza. Aprendimos que recibir nos hace vulnerables. Y no queremos ser vulnerables. Y en ese no permitirnos ser vulnerables, en ese no permitirnos abrir nuestro corazón a recibir algo muy, muy importante, se pierde.

Y recibir sin tener que dar nada a cambio, por lo menos sin esa sensación de tener que volcar algo similar o superior a lo que estamos recibiendo, ese recibir por recibir es tan maravilloso como dar sin esperar nada a cambio, y quizá tan difícil. Cuando hablamos de dar y dar sin nada a cambio, pensamos desde la lógica que es algo que por supuesto podemos lograr. Pero ¿cuántas veces se juega un dejo de sentirse un poquito superior o un poquito bien, un poquito más grande, más completo, algo que satisface ese acto de dar? ¿Y cuántas veces podemos recibir sabiendo que podemos conectar con esa generosidad y que no se nos exige nada a cambio?

Y aquí, donde vemos con claridad estas tres ruedas, dar sin esperar nada a cambio, recibir sin necesitar dar algo a cambio. Sólo abrirse a la abundancia. Sólo abrirse la posibilidad de que existe a nuestro alrededor todo esto que es tan importante y que es tan relevante en nuestra vida y desde ese lugar abrirnos sin culpa a ser un Bodhisattva no solamente cuando damos, sino también cuando recibimos.

Y lo que sí podemos hacer, y no es necesariamente algo que estamos dando cuando recibimos, es apreciar, tener aprecio, tener respeto por lo que recibimos, agradecer. Y allí es donde esa rueda se completa, allí es donde esa rueda empieza a funcionar y empieza a girar. Porque este no abrirse a recibir corta en nosotros un importante circuito de nutrición.

Como dije, no buscamos ayuda, no nos abrimos a recibir porque no queremos que se nos vea como débiles, no queremos que se nos vea como incapaces o porque a veces sentimos que no somos merecedores de ayuda, que no nos merecemos. Y este es un acto consciente de no abrirse a recibir, internalizado, un mandato. ¿Qué dice de mi identidad o cuál es mi identidad si tengo que pedir, cuál es mi identidad, si tengo que abrirme a recibir? Y a veces llego a la conclusión de… bueno, si no me queda otra, entonces pregunto, si no me queda otra, entonces pido y con culpa. Y esa rueda se hace más lenta. Y también nuestras vidas tan ocupadas que vivimos y con tantas cosas y con tan escasa conexión con el momento presente.eso también es algo que se involucra y nos lleva a no ver lo que ya se encuentra disponible para nosotros. En esa vorágine del día a día no vemos la sonrisa de un niño, no tomamos contacto con un cálido rayo de sol que pega a nuestro rostro. En esa desconexión con el momento presente no recibimos la generosidad de alguien que nos dejó pasar primero en un semáforo cuando estamos conduciendo, ni lo vemos. Nos pasa desapercibido. Entonces, ¿cuántos no recibimos porque no queremos o por toda esta sensación de culpa o de este mandato del que estoy hablando? ¿Y cuánto no recibimos porque simplemente no estamos presentes para hacerlo? Y alguien nos dice una palabra amable y ni nos damos cuenta, ni nos damos cuenta.

Entonces, no solo no nos ponemos en contacto con esa abundancia, esa capacidad de recibir, sino que recibimos y no nos damos cuenta. Y este “recibimos y no nos damos cuenta” es muy importante porque dijimos que cuando damos estamos dando todo el tiempo. O sea que en situaciones en que ni siquiera nos damos cuenta, estamos dando. Y planteamos que es importante detenerse a pensar en eso, a conectar con este hecho de que estamos dando algo todo el tiempo, pero también estamos recibiendo todo el tiempo. Como digo, a veces la sonrisa de un niño, alguien que nos deja pasar en el semáforo… porque somos seres porosos y nos demos cuenta o no recibimos algo, recibimos algo de alguien, recibimos algo del ambiente, recibimos algo todo el tiempo. Por supuesto, recibimos el oxígeno en cada inhalación, recibimos el sonido del ambiente, pero también recibimos estímulos de las noticias, recibimos estímulos de las redes sociales, recibimos aquello que nos brindan las personas con las que nos relacionamos en nuestra familia, nuestra vida social, nuestro trabajo.

Entonces, así como pusimos una intención o pusimos una manera de observar con cuidado cómo estamos dando todo el tiempo, también es importante fijarnos a qué nos exponemos y en esa exposición qué recibimos, porque esto tiene un efecto, un impacto mucho más profundo de lo que imaginamos. Así como esa desconexión del momento presente, o esa intención de no recibir o de no querer recibir es importante y es clara, también tenemos que saber elegir a qué nos exponemos sabiéndonos, como dije, seres porosos, que algo vamos a recibir, nos demos cuenta o no. Entonces todo este tema de recibir es fundamental. Es fundamental que hagamos una evaluación consciente, un estudio consciente de qué significa esto de ponerse o de ubicarse en esta rueda, en la rueda de quien recibe, preguntarse qué es importante para uno, qué necesita uno. Y ver de qué manera puede abrirse a recibirlo. Y sin temor al impacto sobre la identidad.

Algunas vez escuché una frase que dice algo así como “quien pregunta será un necio por un minuto quien no pregunta será un ignorante toda la vida”. Y ¿qué significa eso para nosotros? Y ¿por qué no nos animamos a preguntar? Y ¿por qué no nos animamos a abrirnos? ¿Por qué no nos animamos a mostrarnos vulnerables para poder decir “necesito algo” y pedirlo y abrirse? ¿Por qué no nos podemos poner en un lugar donde podamos estar conscientes y abiertos a la abundancia que nos rodea?

Y como estudiosos del ser que somos, lo hacemos y lo hacemos con cuidado, eligiendo de qué nos rodeamos, porque también sabemos que recibimos todo el tiempo, así como damos todo el tiempo.

Y cuando hablamos de recibir, usualmente pensamos o nos vemos como un eslabón en esta rueda, en esta cadena de dar y de recibir, y lo que recibimos viene a nosotros. Pero también tenemos que ser muy conscientes de qué somos capaces de recibir de nosotros mismos. Muchas veces nos damos algo a nosotros mismos, pero somos incapaces de recibirlo, y muchas veces no nos damos algo a nosotros mismos porque sabemos que no lo vamos a poder recibir.

A veces quiero darme un minuto de respiro, pero sé que si me lo doy, voy a sentirme o pensarme como ineficiente. Entonces no me doy ni un minuto y ahí se juega toda esta rueda. No doy porque soy incapaz de recibir, incluso de mí mismo.

Y es interesante esto porque en nuestra práctica, en el Zen, hablamos mucho de la cuestión de los deseos, de qué significa esto de desear algo o de las necesidades. Y lo hablamos con conciencia y lo hablamos varias veces y desde varios ángulos, porque no se trata de no necesitar o querer algo. Se trata de investigar por qué necesitamos o queremos algo. Y se trata de investigar si existe o no existe un apego a eso que estamos queriendo, a ese deseo o esa necesidad. Entonces, a veces ingresamos en una zona que vale la pena explorar cuando estamos ahí, que pensamos que nuestra práctica es no desear ni querer nada. Entonces, cuando estamos allí cercenamos esa capacidad de recibir, porque una manera de bloquear esa cuestión de recepción, esa posibilidad de conectar con ese deseo o esa necesidad, es simplemente separarse.

Incapaces de recibir somos incapaces de desear. Incapaces de recibir, somos incapaces de necesitar. Y no es de esto de lo que estamos hablando. Necesitamos, nos necesitamos unos a otros para poder vivir en un mundo pleno y abundante. Pero nos cuesta dar y nos cuesta recibir.

Entonces, ¿cómo vamos a hacer para empezar a integrar estas ruedas? ¿Cómo vamos a hacer para empezar a entender que si somos incapaces de recibir, somos igualmente incapaces de dar? Porque en esta rueda, dar es recibir, y recibir es dar. Y si no podemos conectar con la abundancia de recibir, que nos nutre en todos planos, físicos, materiales, espirituales, emocionales, poco vamos a poder dar. Y allí comienza este hermoso balance, este precioso balance de conexión con la abundancia.

Yo pienso que practicar el recibir de manera consciente es tan importante como practicar la abundancia de manera consciente. Y les propongo que lo hagan. Les propongo que dediquen un tiempo a conectar con cómo son en el acto de recibir, qué eligen recibir y qué no, qué tan difícil se les hace, qué tanto les cuesta a veces mostrarse vulnerables, cuánto esa vulnerabilidad es sólo una idea mental, cuánto hay de verdad en que ser capaces de recibir nos hace más fuertes, no más vulnerables. Y cuánto aprendimos en esta sociedad que nos invita a conseguir, conseguir, conseguir, lograr, lograr, lograr. Siempre de un modo transaccional, siempre de un quid pro quo. Siempre transaccional. Yo te doy si tú me das.

Y vuelvo al tema de darse uno mismo y recibir de uno mismo. Y qué complejo eso es eso también a veces. Qué complejo se hace a veces abrirse a recibir lo que tenemos para darnos.

Entonces en un solo movimiento del Dharma, al dar recibimos. En un solo movimiento del Dharma, al recibir damos. Y quizá descubrimos que en este espacio de absoluta abundancia no hay nada que dar y no hay nada que recibir, que no hay nada que es dado, que no hay nada que es recibido, y que ese nada en realidad lo es todo.

Abrirse a la rueda de la abundancia es la conexión más profunda con todo lo que tenemos para dar, con todo lo que tenemos para recibir, desde nosotros mismos hasta todo lo que existe en el Universo. Este nada, este vacío de la rueda de la abundancia, no es más que absolutamente todo.

Muchas gracias.

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