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Sábados de Zen Cotidiano – Lava tu cuenco – 27/04/24

por Sozan
Sábados de Zen Cotidiano

Lava tu cuenco

27 de abril 2024

TRANSCRIPCION:

Vimos anteriormente que una de las cosas principales quizá, son el resultado de la práctica del Zen de nuestra práctica es que nos instruye cómo poner la marcha adecuada o el cambio adecuado según las condiciones presentes, la marcha o el cambio, como un automóvil. Si primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta. Un automóvil tiene varias marchas y cada marcha es adecuada para un momento adecuado para una condición adecuada.

Y de alguna manera, nuestra práctica nos invita, nos enseña, nos propone que deberíamos poder poner la marcha adecuada en el momento justo, en el momento adecuado. Sin embargo, humanos como somos, ponemos primera cuando por ahí deberíamos estar en tercera o cuarta y vamos en quinta o sexta, cuando quizá deberíamos estar en primera o segunda marcha.

Y sin juicio, observamos eso. Observamos si la marcha que ponemos es adecuada para el momento en el que estamos. Muchas veces descubrimos que quizá sí, muchas veces descubrimos que quizá no.

Y a veces vivimos acelerados. A veces vivimos en una marcha alta todo el tiempo. Lo denominamos “acelere” o “busyness”. Pero también hemos hablado de cuestiones como la búsqueda de resultados inmediatos o de gratificación inmediata, o la de la velocisima obsolescencia en la que vivimos hoy. Vivimos acelerados.

Y también a veces nuestro camino no se pone siquiera en movimiento. Ponemos nuestra vida en neutral, A veces diría en retroceso, pero vamos a quedarnos con neutral. Aveces ponemos la vida en neutral, no avanzamo cuando hay que avanzar. A veces no paramos de avanzar para cualquier lado, no necesariamente hacia en o la dirección correcta, pero a veces no avanzamos, a veces no hacemos lo que debe ser hecho y de hecho tienen mucha relación porque en ocasiones la excusa para no avanzar en el camino adecuado es ese acelere. “Estoy demasiado ocupado para…” y ese “para” lo que hace es nos pone en neutral o a veces en retroceso en otras cuestiones que son importantes en nuestra vida.

Hace unos minutos mencioné la palabra koan. Algunos de ustedes saben lo que es un koan, pero para los que no saben o no tienen claro lo que es un koan, es un cuento o una parábola usualmente corta que se ha utilizado por muchos siglos en el Zen para promover una enseñanza. Los koan son cuentos o racontos cortos que promueven una enseñanza y koan es una palabra en japonés que deriva de el chino y que en chino significa “Caso público”.

Un caso público y un koan en general no tiene la claridad desde el punto de vista racional que tiene un cuento común, un cuento normal. No, un koan no funciona desde la lógica. A veces parece que sí, y cuando un koan pareciera funcionar desde la lógica, los invito a detenerse y decir. Aquí hay, aquí hay gato encerrado. Si este koan parece funcionar desde la lógica es que hay algo que no estoy viendo.

Porque él koan nos propone ir más allá de la lógica. Nos propone hacer un bypass, ir por arriba de esa mente que quiere pensar y racionalizarlo todo e ir más profundo. Trata de ir más allá del pensamiento, del pensamiento teórico. Nos invita a conectar con la enseñanza de todo el ser de una manera holística, no simplemente desde el cerebro.

Típico koan que muchos conocen es ¿Cuánto sonido hace cada mano al aplaudir? ¿Cuánto sonido hace cada mano al aplaudir?

Entonces, a veces vivimos acelerados y a veces no nos movemos. Y en relacion a ese, no hacer, un no hacer, que muchas veces ocupa ocupado nuestro tiempo. Voy a traer un koan de tanto el “Libro de la Serenidad” como el “Registro del Acantilado Azul”, El Libro de la Serenidad en el libro de la serenidad es el caso número 39 y en el “Mummonkan” o el Registro del Acantilado Azul. Es el caso número siete.

Este es: Este es el Blue Cliff Record el Registro del Acantilado Azul. Y este es el El Libro de la Serenidad. Estos dos libros son compilados de koans. El Libro de la Serenidad es un compilado que utilizamos mucho en el Zen Soto, pero es un compilado de muchos koans y muchas enseñanzas, con comentarios, comentarios de diferentes maestros y demás.

Entonces este koan es el caso número treinta y nueve del Libro de la Serenidad, el caso número siete del Registro del Acantilado Azul.

Y este koan, como la mayoría de los koans, ocurre como un intercambio, un intercambio entre un maestro zen y un monje o un practicante. Y en este caso, y en varios casos, en este también, el. El maestro es un maestro que nació en el 778, murió en el 897, o sea, más de mil años atrás, y este maestro se conoce como Jôshû’s en japonés Zhaozhou en chino.

Y a Joshu se lo ha conocido como el “maestro de la Lengua de plata”, porque sus koan son absolutamente sencillos y a la vez profundamente instructivos. El maestro de la lengua de plata, Joshu. A mí me gusta mucho Joshu en sus enseñanzas, porque tiene una gran neutralidad y una profunda simpleza. Lo que creo trae, provoca, nos muestra profundamente la esencia del Zen.

El koan es el siguiente:

Un monje preguntó a Joshu “Acabo de entrar en el monasterio ¿Puede por favor orientarme?”
Joshu dijo “¿Ya has desayunado?”
El monje respondió “Sí, ya he comido”.
Joshu continuó “Entonces ve y lava tu cuenco”.

Ese es el koan.

Acabo de entrar en el monasterio. ¿Por favor, puedo orientarme?, ¿Ya a desayunado? Si ya he comido. Entonces ve y lava tu cuenco.

Este koan es uno de mis koanes favoritos. Sigo trabajando con este koan. Sigo, sigo permitiendo que este koan me siga enseñando. Desde lo más profundo de su significado.

Comienza con el monje pidiendo orientación en su arribo al monasterio, que por supuesto, orientación en su arribo al monasterio no significa ¿Dónde queda el baño? ¿Dónde queda el toilette? No, es una manera de pedir instrucción hacia el despertar. Lo que aquí el monje está diciendo es, al maestro Joshu es “Acabo de arribar al camino. ¿Me puede instruir en cómo despertar?”.

Y Joshu pregunta simplemente “¿Ya has desayunado? Entonces ve y lava tu cuenco.

Esa es la única y profunda instrucción que le da el maestro Joshu al el monje en su camino al despertar.

En otras palabras, Joshu está diciendo “Si comprendes esto estaras despierto”.

¿Lo comprenden ustedes?

En general, un koan contiene también una instrucción o es parte del mismo texto. Vieron que en Blue Cliff Record el Registro del Acantilado Azul, es un libro importante de muchas páginas, porque, como digo, tiene comentarios, pero también tiene instrucción. Y en el caso de la instrucción de este koan, la instrucción es la siguiente.

Dice. “Cuando llega la comida, abres la boca. Cuando llega el sueño, cierras los ojos. Cuando te lavas la cara, encuentras tu nariz. Cuando te quitas los zapatos, sientes tus pies. En este momento, si te pierdes lo que se está diciendo, entonces toma una linterna y hace una búsqueda a fondo en la noche”.

¿Cómo puedes alcanzar la unidad?. En este momento si te pierdes lo que se está diciendo toma una linterna y haz una búsqueda a fondo en la noche. ¿Cómo puedes alcanzar la unidad? Esa es la instrucción para este koan.

Se dan cuenta que maravillosos son los koans para guiarnos en nuestra práctica. Vamos a utilizar más y más koans.

El monje pregunta ¿Como alcanzo el despertar? Maestro, oriénteme, Acabo de llegar al monasterio. Y ese, ese practicante, ese monje dentro de cada uno de nosotros se pregunta seriamente no solo como debo practicar. En esa pregunta se encierra también como soy o quién quiero ser en el mundo. Entonces este lava tus cuenco de Joshu nos revela que la actividad cotidiana no es otra cosa que la expresión misma de nuestra naturaleza esencial.

La más profunda expresión de la práctica.

¿Qué significa despertar? ¿Terminaste de desayunar? Sí. Lava tu cuenco. Eso es Zen. Porque el Zen afirma que no hay mérito. Comer y lavar el cuenco son entonces tan sagrados como cualquier otro ritual en nuestra vida.

Sin embargo por supuesto. Una y otra vez desayunamos y no lavamos nuestros cuencos. Estamos todos incluidos en eso. No avanzamos en la actividad adecuada para este momento. No ponemos la marcha adecuada para avanzar. Procrastinamos. No hacemos lo que es necesario.

Y como digo, no estamos solos. Procrastinar es una condición humana. No, no, no, no creamos que esto nos ocurre solo a nosotros. Y existen muchísimas razones por la que no hacemos lo que sabemos que tiene que ser realizado. Por lo cual, luego de desayunar, no lavamos nuestros cuencos. Sin embargo, cuando nos detenemos a pensar qué hay detrás de esto, descubrimos que la conciencia plena del momento presente suele ser todo respecto a la procrastinación.

Entonces, el punto no es encontrar demasiadas soluciones a. El por qué, sino quizá detenernos en observar el qué, ¿Qué está ocurriendo, ¿Dónde estoy? Y muchas veces, simplemente poniendo el foco en la actividad, algo cambia. Simplemente observando nuestros cuencos sucios, algo cambia, algo se dispara. Entonces, de lo que nos está hablando Joshu, el maestro Joshu aquí y parte de, de esta enseñanza de ponerse en movimiento tiene que ver con un compromiso total, con el momento presente, un compromiso total con lo que sea que está frente a mí. En este momento.

Y usualmente no deberíamos hacer lo que solemos hacer o muchos hacen de regañarnos a nosotros mismos cuando nos encontramos procrastinando, cuando vemos que no estamos avanzando o cuando no hicimos lo que tenemos que hacer. Llega la noche luego de un largo día y muchas cosas quedaron pendientes, porque esto también nos mete en un círculo vicioso. Ese juicio. Nos lleva a un estrés que nos lleva a posponer otras cosas para evitar ese estrés, lo que nos hace dar más estrés y fracasar y estresarnos más.

Entonces, en lugar de ponernos en un espacio de culpa y juicio y mis cuencos sucios, mis cuencos sucios. La propuesta es ponerse en movimiento, soltar eso también y ponerse en actividad.

Hay una frase, existe una frase del maestro Thich Nhat Hanh, el maestro vietnamita japonés, que me parece fantástica y dice: “A la gente le cuesta desprenderse del sufrimiento, por miedo a lo desconocido prefieren el sufrimiento ya que les es familiar”.

“Más vale malo conocido que bueno por conocer”, dice la frase ¿no? A la gente le cuesta desprenderse de su sufrimiento, por miedo a lo desconocido, prefieren el sufrimiento que les es familiar. Y con esto pasa lo mismo con no realizar la acción que deberíamos realizar. Sabemos que nos causa Dukkha por ahí un Dukkha en segundo plano, no, porque pareciera que no lavar los cuencos nos da la gratificación inmediata de no tener que hacer la tarea.

Sin embargo, todos sabemos que esto causa una complejidad, un sufrimiento en segundo plano y a veces en primer plano. Y preferimos esto que es conocido, que ponernos en acción y quizá ver algo que es nuevo.

Otra de las maravillosas facetas del ser humano.

Descubrimos entonces que realizar la tarea que debe ser realizada en este momento, ponernos en movimiento en lugar de demorarnos, puede ser incluso hasta liberador. Puede incluso crear oportunidades para comprometernos con aquello que realmente nos importa en la vida, que está profundamente alineado a nuestros valores.

Porque en general, creo que estamos todos de acuerdo. El tener los cuencos limpios es importante para nosotros y con la mayoría de las cosas que procrastinamos ocurre lo mismo. No es que no son importantes, simplemente que no nos ponemos en movimiento.

Y esto, así como hablaba del círculo vicioso del procrastinar cuando empezamos, cuando comenzamos a, no dejar para mañana lo que tenemos que hacer hoy. Cuando nos ponemos en movimiento algo, algo se suelta. Sí, es, es como que. Descubrimos la maravillosa sensación de habernos puesto en movimiento.

Y este responder al momento presente con la actividad justo la actividad necesaria luego se convierte en un hábito. Esa atención al momento. Desayuné, lavo mis cuencos, salí del baño, apago la luz. Lo que sea. Se convierte en un hábito. Un hábito que es útil y liberador. ¿Has desayunado? Lava tu cuenco. Pon en acción, en acción inmediata lo que debe ser realizado, lo que ha de ser realizado en este momento.

Nuestra práctica, como indica el maestro Joshu, es una práctica de acción. El Zen es una práctica de acción, de actividad. Es algo que simplemente ocurre en nuestras mentes. Eso no es zen. Es algo que solamente ocurre leyendo un texto. Solo eso no es zen. El Zen, la verdadera práctica, la profunda práctica se da cuando todo eso se manifiesta en la acción.

Como Bodhisattvas en el mundo. Yo puedo decir los seres son innumerables. Hago el voto de liberarlos. Y lo puedo leer por lo que tiene que decir el Maestro Joshu. Puedo meditar sobre eso. Fantástico. Sumamente importante. Pero nuestra práctica realmente se da allí cuando me pongo en acción, cuando lavo mi cuenco, cuando libero el primer ser. Comenzando por uno mismo, por el ser que es uno mismo. No nos olvidemos de ese ser.

Ponernos en acción. Ese es el corazón del Zen. Es el corazón de nuestra práctica. Entonces, vivir acelerados puede conducir a Dukkha, puede conducir a la complejidad, por supuesto, al sufrimiento, y no entrar en acción. Quizá otro lado, otra cara de esta moneda también puede ser fuente de sufrimiento y malestar.

Como decimos en la analogía del automóvil, la marcha justa, el cambio adecuado para las condiciones presentes.

Entonces, la invitación aquí es, a ingresar este koan a sus vidas. Repítanselo, escríbanlo, pongan un post-it en alguna parte: ¿Has desayunado? Lava los cuencos. Una invitación a recordar una y otra vez que un cuenco sucio sin lavar junta moscas.

Y que la acción justa, la marcha justa, es fundamental. Como la más profunda expresión de nuestra práctica del Zen.

Muchas gracias.

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