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Sábados de Zen Cotidiano – Odio- 16/06/24

por Sozan
Sábados de Zen Cotidiano

Los Tres Venenos: Odio

15 de junio 2024

TRANSCRIPCION:

«Todo mi antiguo y retorcido karma
Por la incesante codicia, odio e ignorancia
Nacido de mi cuerpo, palabra y pensamiento
Asumo ahora plenamente.»

«Todo mi antiguo y retorcido karma
Por la incesante codicia, odio e ignorancia
Nacido de mi cuerpo, palabra y pensamiento
Asumo ahora plenamente.»

«Todo mi antiguo y retor Por la incesante codicia, odio e ignorancia
Nacido de mi cuerpo, palabra y pensamiento
Asumo ahora plenamente.»

Como ya comenté anteriormente, este sutra, esta recitación, se hace todas las mañanas, en los templos, en los monasterios zen y en algunos grupos de práctica. Y les recuerdo que no se trata de conectar con la culpa. No es lo que es esto. Esto que estamos recitando no es una admisión de culpa, sino que es una aceptación de responsabilidad, eso es lo que estamos haciendo, aceptando la responsabilidad de nuestro antiguo y retorcido karma.

Y cuando hacemos esto, al reconocer esto, al sentir el peso de la responsabilidad, entonces ahí sí podemos sentar las bases para la práctica, las bases para llevar la práctica a todo lo que hacemos, para crear la intención de ser o de operar de otra manera en el mundo. De ser en el mundo de una manera virtuosa.

Porque; la codicia, el odio, la ignorancia, la influencia de estos tres que llamamos “venenos”, son básicamente, o el Buda nos enseña que es básicamente la raíz del sufrimiento, la raíz de Dukkha, son estos tres venenos. Kleshas, como se los conoce en sánscrito: codicia, odio e ignorancia.

Y según el Buda también, la condición básica para la felicidad es la libertad. Si somos libres, seremos felices. Pero ¿Libres de que? no estamos hablando necesariamente de la libertad física. Por supuesto eso, seguramente es parte, pero estamos hablando de la libertad de los tres venenos, de las formaciones mentales de la codicia, el odio y la ignorancia. A eso se refería el Buda con; si somos libres, seremos felices.

Anteriormente hablé de la codicia y hoy voy a hablar del odio, que es el segundo de los Kleshas, de los venenos. “Odio”, odio es una palabra grande, como codicia, y no siempre, en general, por ahí a algunos nos puede ocurrir, pero en general, no estamos odiando todo el tiempo, o el odio así con esa carga emocional no es algo que nos ocurre necesariamente todo el tiempo.

Pero como con los otros Kleshas, odio, no es solamente eso que imaginamos tan grande cuando imaginamos odio. Cuando hablamos de odio incluimos todos los diferentes aspectos de este estado mental. Cuando hablamos de odio, incluimos la ira, incluimos la aversión, aversión hacia las cosas que no queremos, personas que no nos agradan, circunstancias, ira incluso a nosotros mismos, por supuesto. Y esto puede manifestarse como una aversión, pero también como impaciencia, como mala voluntad, fastidio, como celos, como hostilidad.

En Argentina le diríamos “bronca”, en otros países también. Entonces, como ven, hay muchas expresiones del “odio”, cuando hablamos de este Klesha que conducen al sufrimiento, a Dukkha. Cuando digo “odio”, cuando digo “ira”, entonces; me estoy refiriendo en general, a todos estos condicionamientos a todos estos estados mentales que son conducentes a Dukkha.

Y como con cada uno de estos Kleshas es importante comprender, o tomar contacto con cómo operan en nuestra vida y por eso es importante que hablemos de esto, y por eso es importante que, aunque hay ciertas cosas que parecen evidentes o casi obvias, las volvamos a escuchar, volvamos a tener ese pequeño o gran contacto con cómo este estado mental nos lleva a un lugar o un lugar diferente. Todo depende de cómo actúa en nosotros, por dentro y por fuera.

Entonces a veces podemos enojarnos mucho y a veces podemos llegar al odio. Pero en general en el día a día, estamos más como en situaciones donde por ahí nos resistimos y evitamos sufrimientos o circunstancias, cosas que no nos gustan, personas que no nos gustan, porque creo que todos queremos que nuestra vida sea perfecta y agradable, que no haya ningún problema, que no haya nada que no nos gusta y saben que no es así.

Entonces ¿Qué ocurre con todo esto que nos genera aversión?. Porque, es parte de la naturaleza humana, tenemos o estamos condicionados a la aversión de aquello que no nos gusta. De aquello que no nos lleve a ese imaginario, de esa vida fantástica donde todo nos agrada. Y ese, esa ira, ese odio, entonces se manifiesta a veces de una manera muy sutil. Cuando hablamos de la codicia también tocamos este tema, no tiene que ser solamente ese odio, esa ira que es tan fácilmente perceptible cuando estoy enojado, eso es más fácil, es muy detectable. Pero qué pasa con esa sensación de malestar, de desgano, de no me gusta, de aversión.

Y es interesante porque la ira, el odio, es como un pegamento. ¿No? Es un koan, una paradoja, porque cuando hay algo que no nos gusta, hay algo que nos molesta, nos queremos separar de eso. El odio nos separa, eso lo vamos a ver con un poco más de profundidad, nos queremos alejar de lo que no nos gusta. Y el odio, la ira, lo que hacen es actúan como un apego, no podemos dejar ir aquello a lo que le tenemos aversión u odio o ira. Entonces ahí está el koan, queremos dejarlo ir, y la aversión, el odio, la ira nos mantiene pegados.

Y así funcionan estos venenos, cuanto más presentes se encuentran en nuestra vida, más nos atan a sus condicionamiento. ¿Interesante no? porque, podríamos pensar que operan de la otra manera, operan para alejarnos de, y en realidad nos acercan, nos apegan a lo más profundo de su condicionamiento.

Y no nos damos cuenta del daño que nos hace, el daño que nos hace a nosotros y el daño que les hace a otros seres. Y hago énfasis sobre nosotros porque la primera persona perjudicada por esto, y especialmente por la ira y el odio, es uno mismo.

Y no solamente es como un pegamento, es como: “Toma vida propia”, el odio, la ira genera más odio y más ira. Pero por otro lado también tienen la cualidad de que es como una, como una llama pongámoslo así, como una llama de un fuego, puede surgir con mucha rapidez y puede quemarlo todo, pero a la vez cuando quema todo, ya no tiene más combustible y se apaga. Pero lo que queda son cenizas, brasas.

Entonces es interesante preguntarse cuál es el combustible de nuestra ira, la fuerza que alimenta esta versión para entender cómo opera ese fuego en nosotros. Y como digo no tiene que ser una enorme llama de odio y de rencor y de ira. También está ese pequeño y constante estado mental de aversión.

Y la ira es uno de los obstáculos más importantes, los tres venenos lo son, pero la ira en nuestra vida cotidiana, en nuestra práctica, es uno de los obstáculos más importantes. Y no solamente es un obstáculo importante, sino que es muy contagiosa la ira, es contagiosa, más de lo que creemos. A veces a través de una conversación o a través de una imagen, a través de las redes sociales, una película, no sé. Cantidad de cosas que nos exponen al odio, a la ira y sin darnos cuenta algo se modifica en nuestro estado mental. Una pequeña llama, esa llama de la que estoy hablando se enciende o crece y eventualmente puede convertirse en el fuego del sufrimiento.

Por eso lo digo en varias ocasiones y lo voy a repetir; tenemos que tener cuidado a qué nos exponemos. Tenemos que tener cuidado a qué nos exponemos porque el odio es contagioso, la ira es contagiosa, y por supuesto nosotros que estamos aquí estamos en una práctica, estamos intentando profundizar en todas estas maneras que conducen hacia el cese de la dificultad del sufrimiento, y a veces tenemos más herramientas para poder filtrar o para poder de alguna manera lidiar con estos estímulos. Pero no nos sobreestimulemos, no nos enfrentemos o expongamos si no es necesario. Porque esto es contagioso.

El Dhammapada, es uno de los escritos, uno de los sutras más antiguos de las palabras del Buda, y está escrito en verso. Y en el Dhammapada el Buda dice lo siguiente sobre el odio: “En este mundo, el odio nunca ha disipado el odio. Solo el amor disipa el odio. Esta es la ley antigua e inagotable”. “En este mundo, el odio nunca ha disipado el odio. Solo el amor disipa el odio. Esta es la ley antigua e inagotable”. Palabras del Buda en el Dhammapada.

Y Thich Nhat Hanh, un maestro vietnamita Zen que algunos de ustedes seguramente conocen, dice lo siguiente sobre esto: “La enseñanza de Buda es que la ira nunca puede eliminar la ira. La ira sólo puede promover más ira, solo la comprensión y la compasión pueden apagar la llama de la ira en nosotros y en la otra persona. La comprensión y la compasión son el único antídoto contra la ira. Y utilizando esto, te curas a ti mismo y ayudas a curar a las personas que son víctimas de la ira. Por eso no podemos creer en el beneficio de la ira, porque la ira siempre traerá más ira. -como dice el Buda en el Dhammapada- la violencia siempre traerá más violencia y en una relación de persona a persona esto también es cierto, en una relación entre un grupo de personas con otro grupos, o un país con otro país, también ocurre lo mismo”.

Y continúa Thich Nhat Hanh: -Y lo quiero leer entero, porque cuando leí esto hace creo que varios años, realmente me tocó con profundidad la claridad de sus palabras, continúa diciendo; “Buda nunca nos aconsejó que reprimieramos nuestra ira, sino que nos enseñó a cuidarla. Al igual que cuando algo va mal físicamente en nuestro estómago o en nuestro cuerpo, tenemos que cuidarlos, hacerles algún masaje, usar una bolsa de agua caliente o lo que sea; y al igual que con nuestros órganos, nuestra ira forma parte de lo que somos y debemos reconocer su dolor, tratarla con cuidado y curar su herida”.

La ira es parte de nosotros, es parte de quienes somos, estos Kleshas son parte de quiénes somos y nuestra práctica tiene que ver con entenderlos, con comprenderlos, con aceptarlos y tomar responsabilidad. Y la aceptación de nuestra ira es una parte importante de la práctica de Metta del amor benevolente. Este Metta es poder aceptar, poder incluso amar aquello que no nos gusta, el combustible de nuestra ira.

Como dice el Dalai Lama, “Mi religión es la bondad”. ¿Qué bello eso, no? “Mi religión es la bondad”. Podría traducirse quizá como a “Mi religión es el no odio”. Porque Metta, el amor benevolente es el punto principal, el antídoto principal que comprende esta capacidad de comprensión, esta capacidad de entregarnos a esa situación con compasión; de la que está hablando el Buda, de la está hablando de Maestro Thich Nhat Hanh o el Dalai Lama.

Y este Metta, este amor benevolente, recuerden que Metta es la primera de las Cuatro Moradas Sublimes. Este amor benevolente es la raíz de la no violencia, es el antídoto contra la ira, la agresión, nos brinda la calma, nos brinda la claridad. Nos brinda la posibilidad de ver las cosas sin juicio, sin reproches. Y esto, digo sin ir más lejos, es el núcleo de la práctica del Zen.

Y es parte de nosotros, sin duda la ira puede surgir sin que lo podamos controlar, porque nos podemos enojar por muchas cosas. Y ahí es donde surge una pregunta ¿Pero está bien enojarse? ¿Está mal enojarse? entramos en ese lugar dual de bueno o malo ¿Qué pasa con la injusticia?. Hay cosas en el mundo que me enojan. ¿Qué puedo hacer entonces?. Porque no podemos controlar que surja o no surja la ira, como no podemos controlar de que surja o no surja la pena o el amor. La ira es un estado emocional, un estado mental que surge frente a ciertos disparadores como lo es la pena, o ciertos estímulos como lo es el amor.

Entonces algo ocurre y la ira surge. ¿Qué es lo que sí podemos hacer? ¿Qué es lo que nos enseña nuestra práctica con respecto a qué hacer cuando surge el odio, la ira, la aversión? Y lo primero que podemos hacer es responder en lugar de reaccionar, tiene que ver con ese espacio que se da entre el estado mental, la emoción y la acción.

En lugar de reaccionar, poder responder desde la práctica. Poder responder desde ese lugar conducente al cese de Dukkha, darse esos tres segundos para conectar con un espacio de luz, y luego operar desde ese lugar. Eso es lo primero que podemos hacer.

Y esto es real para todas estas situaciones, incluso el amor, el amor es algo que nuestra práctica nos invita a responder en lugar de reaccionar. Por que asi mismo con el amor podemos hacer daño o llevar al cese de Dukkha si reaccionamos en lugar de responder, lo mismo con el odio, con la ira, entonces lo primero que tenemos que hacer es darnos ese espacio; cuando surge la ira, cuando surge el odio, cuando surge la aversión, detenerse un segundo. Y luego no permitir que la ira tome vida propia y que se establezca como ese fuego del que estoy hablando dentro de uno mismo y nos mantenga “calentitos”. Nosotros decimos “te calentaste” cuando alguien se enoja, “te calentaste”. Y qué perfecto es esto, porque estamos hablando del fuego de la ira, entonces, no permitir que la ira tome vida propia dentro de nosotros, que se convierta en algo casi, que está separado, pero dentro. Cuando surge la ira, cuando surge el enojo; tiene que ser condicionado con eso que lo está disparando.Y eso es lo que ocurre; surge algo, ahí un estímulo, surge la ira, surge el odio, surge la aversión, ocurre algo o hay algo y surge esto.

Pero lo que nos ocurre muchas veces es; ese algo desaparece y lo que hace la ira se vuelve una bola de nieve más grande o más pequeña, de vuelta no quiero que entremos en ese lugar de; a mí no me pasa, porque no, esto es muy grande, -no, lo pequeño también, esa pequeña bola de nieve de ese pequeño fuego que ya ni siquiera tiene nada que ver con lo que ocurrió, que lo lo disparó con el estímulo, ya tomó vida propia es como una bola de nieve. Y eso hay que detenerlo. ¿Y cómo lo detenemos? Lo detenemos con Zazen, deteniendo la mente, deteniendo el cuerpo, soltando mente y cuerpo, con Metta, con conectar con la compasión, con el amor benevolente. Eso de alguna manera apacigua, apaga esos pequeños o grandes fuegos que están dentro de nosotros.

Cuando surge, cuando no podemos de alguna manera trabajar con esto, que fíjense que digo trabajar y no controlar, practicar, trabajar con esto. Entonces se crea una separación, una división, porque lo que hace es; el odio, la ira nos aleja, o nos intenta alejar de aquello que lo creó, pero cuando se vuelve un estado del ser, nos aleja de todo, ya no importa “qué», la ira vibra en nosotros y nos separa de la vida misma, lo cual es muy triste y por eso es tan importante que trabajemos sobre esto.

Porque la ira, por otro lado, puede tener o tiene en general largo alcance. Ocurre que un segundo de ira puede traernos un año, dos años, cinco años, una vida de sufrimiento. Que potente. ¿No? Ese segundo de ira cuando no lo podemos sostener desde la práctica, no podemos darnos ese segundo para responder en lugar de reaccionar, no podemos dar ese paso hacia atrás para observar algo más.

¿Qué más hay alrededor de todo esto?, cuando ese fuego nos consume, realmente lo que puede ocurrir, puede durar, quién sabe cuánto, y puede lastimar, llevar a al sufrimiento, la complejidad a quién sabe cuántos, no solamente a nosotros.

Entonces esa es la reflexión que les invito a hacer. ¿Qué rol juega la ira, la aversión, el odio en la vida de ustedes en la práctica de ustedes hoy? Porque juega un rol en todos nosotros. Aquel que esté diciendo no, esto a mí no me compete, hablemos, porque seguramente hay algo que no está muy claro ahí.

Entonces, como dice el Buda, en este caso el fuego no se combate con fuego. Y las herramientas de nuestra práctica nos ayudan a relacionarnos con este Klesha de una manera hábil. Entendiendo que está presente, siempre está presente y que su energía incluso puede ser una energía de movimiento, cuando siento ira por la injusticia, eso me moviliza a ir, a hacer algo con respecto a la injusticia. Pero si ese algo que hago surge de la ira, aunque la ira me haya movilizado, si lo que hago surge de la ira, estoy combatiendo fuego con fuego es odio lo que estoy trayendo. Entonces la ira puede movilizarme hacia hacer algo por la injusticia pero al minuto que decido hacer algo, que ese algo sea desde el amor, que sea algo sea desde Metta.

Sino lo único que produce es más dolor y más complejidad, probablemente más injusticia. Y como con todo, y en especial con los Kleshas, el espacio del Zazen, y por eso es tan importante y tan eje la meditación en nuestra práctica, no hay Zen sin Zazen. Si no se están sentando en Zazen una, dos, tres, cuatro veces por semana, deténganse y observen. Porque es allí donde estos fuegos de estos venenos se apaciguan, se apaciguan suficiente como para poder verlos. Cuando la luz es muy fuerte, nos encandila. En Zazen estos fuegos apaciguan y podemos verlos y podemos trabajar, practicar con ellos de una manera diferente.

Porque como todos estos Kleshas; el odio, la ira, también es nuestro maestro, estamos aquí en un mundo complejo, atrapados por nuestros venenos. El Buda decía “libertad”. ser felices, ser libres. Y yo por lo menos no me considero libre, del todo por lo menos, me considero preso en varias oportunidades, en mayor o menor medida, por la codicia, por el odio y por la ignorancia. Entonces, en lugar de tener odio por los tres venenos, y volvemos a un círculo vicioso; estos tres venenos no me gustan, “los odio”. Los observo con amor, con amor a ese humano que soy, ese humano falible, sensible, vulnerable que soy.

Y desde ahí practico, desde ese lugar tengo la fortaleza para hablar mano a mano, con el odio, con la ira y tener una conversación seria. Y ver hasta qué punto voy a dejar que el odio, la ira, la aversión, la desconfianza, toda esta nube de cosas que representa el odio, sea quien maneja mi vida, o no, sabiendo que siempre va a estar ahí y que siempre va a ser mi maestro.

Cuánto más podemos aprender de la ira, y de la ira de los demás, entonces más podemos transformar la ira y más podemos transformarnos nosotros en este camino de práctica.

Como dice Buda en el Dhammapada; “En este mundo, el odio nunca disipa al odio. Solo el amor disipa el odio. Esta es la ley antigua e inagotable”.

Muchas gracias.

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