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Sábados de Zen Cotidiano – Rituales de Pasaje – 11/11/23

por Sozan
Sábados de Zen Cotidiano

Rituales de Pasaje

11 de noviembre, 2023

TRANSCRIPCION:

Quizá cuando hablamos de ritual, cuando escuchamos el término ritual, muchos de nosotros, en especial los que crecimos en familias judeo cristianas o en culturas judeo cristianas, cuando escuchamos esta palabra, es posible que pensemos en algo, quizá con una connotación religiosa, algo… A mí se me ocurre la misa, ritual. Pero por supuesto, hay muchísimo más para explorar en el concepto de esta palabra, en el concepto de ritual. Especialmente cómo lo podemos entender desde el punto de vista del día a día y cómo lo podemos entender desde el punto de vista de nuestra práctica.

Entonces, como me gusta hacer en ocasiones, fui a buscar la definición, la definición de ritual, a ver qué significa. Y ritual, según Wikipedia, es una secuencia de actividades que implican gestos, palabras, acciones u objetos realizados según una secuencia establecida, y se hacen principalmente por su valor simbólico. Una secuencia de actividades que implican gestos, palabras, acciones u objetos realizados en una secuencia establecida. Y desde el punto de vista etimológico, la palabra ritual deriva del latín ritualis que significa lo que pertenece a un rito, ritus.

Entonces fui y busqué ritus. Y ritus proviene del sánscrito, para mi sorpresa. Y la palabra en sánscrito es Rta y significa “orden visible”. Ritus, rito, significa orden visible. Entonces, ¿qué es un ritual? o ¿qué podríamos decir que es un ritual cuando lo vemos desde el punto de vista de la definición y su definición etimológica? Este orden visible. Podemos decir que un ritual hace visible lo que es invisible.

Eso es lo que hace un ritual: hace visible lo que es invisible. Y quizá algunos aquí tengan una relación con los rituales en la que se sienten conectados/conectadas, los aprecian, en muchas ocasiones pueden llegar a formar parte de sus vidas. Y otros, y esto ocurre especialmente cuando tuvimos alguna separación con un tema de la religión o estamos alejados de la religiosidad.

Hay algo que nos lleva o nos recuerda a ciertas cosas que no son ajenas. La palabra ritual puede provocar una cierta distancia emocional, una cierta distancia mental. Sin embargo, un ritual no es más que eso. Es una secuencia de actividades, como dice Wikipedia, que implican gestos, palabras, acciones, objetos con una secuencia establecida. Principalmente por su valor simbólico. Y agregamos: y que hacen visible lo invisible. Y por invisible no me refiero a algo así misterioso o santo o esotérico. ¿No? Lo invisible como el espíritu que se hace presente. Para nada. No hay nada más invisible que cumplir años. Desde el punto de vista de cumplir años, en sí mismo es invisible. Ayer tenía 50. Hoy tengo 51.

Hoy no es mi cumpleaños, es un ejemplo. Entonces, ¿cómo podemos hacer visible lo invisible de este momento? ¿Cómo llegamos al plano de lo concreto el hecho de que nosotros o alguien cercano cambie de edad? Y el ritual del cumpleaños es quizá uno de los rituales más comunes que con seguridad todos aquí lo hemos pasado y lo hemos transitado.

Cantamos el Feliz Cumpleaños o Las Mañanitas, si están en México. Quizás alguien aparece con una torta con velas encendidas para que el cumpleañero, la cumpleañera, apague. Y esto es un ritual. Cantar el feliz cumpleaños es un ritual. Soplar las velas es un ritual. Hacen visible lo invisible. Conmemoran el paso del año en la vida de una persona de un año al otro de una manera física.

Una vez en una conversación, hace muchos años, una persona por una situación de la vida no pudo festejar su cumpleaños y no tuvo las velitas y no tuvo el feliz cumpleaños. No me acuerdo si estaba de viaje o qué pasó. Y me impactó cuando me dijo “Este año no cumplí años”. Y dije a wow ok, “este año no cumplí años”, no se dio ese ritual. No se llevó a lo visible lo invisible de cumplir años.

Un ritual puede ser también darnos la mano cuando conocemos a alguien por primera vez. Sin tener que ir al cumpleaños específicamente. Darnos la mano. “Juan, te presento a María”, y nos damos la mano. O cuando le damos un abrazo a alguien querido. Este abrazo hace visible lo invisible, porque lo que siento por esa persona está en mi corazón, está en mi cuerpo y en mi mente.

¿Cómo hago visible lo invisible? Quizás lo hago a través de un abrazo. Y es como un ritual que cada vez que te veo, te abrazo. Y las invito, los invito a reflexionar ¿qué otros rituales existen en sus vidas? Que por ahí se han convertido en algo cotidiano, común. Nadie canta el feliz cumpleaños pensando que está ingresando en un ritual, pero sin duda lo es.

Y algunos rituales son muy significativos. Aquellos que les gusta el fútbol, aquellas que les gusta el fútbol. Quizás hayan visto que en ocasiones el jugador antes de entrar a la cancha como que se agacha y toca o toma una hebra de pasto, ¿no? Del campo de juego antes de ingresar. A veces también se persigna la señal de la cruz. Este ritual hace visible lo invisible de la conexión entre el jugador y el espacio de la competencia.

Para el jugador, está como ingresando a un espacio sagrado. Cuando pasa esa línea ingresa al campo de juego, y el ritual de agacharse y tocar el pasto, tocar la cancha. ¿Qué significa? Y nada. Difícilmente tenga una consecuencia desde el punto de vista de lo físico. Si la tiene para el jugador, si la tiene para el jugador. El jugador ingresa formalmente a través de hacer invisible lo visible, a través de ese ritual al campo de juego. Está adentro, algo cambia. Hay muchos rituales más o menos significativos, más o menos pequeños o grandes, en la vida de cada uno. Y hay un tipo de ritual, un tipo de ritual muy específico, y es del que quiero hablar hoy. Qué es lo que se conoce como un ritual de pasaje o un rito de pasaje. Y estos son rituales o ritos de transición.

Marcan una transición entre un momento de la vida y otro momento de la vida de una persona.

Antes somos esto o estamos aquí. Ocurre un ritual, un rito de transición. Y ahora somos esto otro o estamos en este otro lugar. Es un pasaje visible, ese ritual, de un pasaje que de otra manera suele ser invisible. Marca ese pasaje. Hace esa transición visible. Y por supuesto, el ejemplo más obvio que podemos tener en nuestra sociedad para un ritual de transición es, por ejemplo, el matrimonio.

Justamente lo que ocurre es, por lo menos en mi caso, conocemos a alguien, desarrollamos con esa persona una relación profunda, una relación, una conexión íntima y luego quizá nos convertimos en pareja, nos reconocemos como pareja. Y para algunos, y no necesariamente para todos, esto conlleva la decisión de contraer matrimonio. De pasar por este ritual de transición. ¿Y qué cambia en el matrimonio? Más allá del punto de vista legal.

No quiero entrar en la parte legal del matrimonio, que es otro tema. Pero desde el punto de vista del ritual, ¿qué cambia? Y no cambia nada y cambia todo. Seguimos en pareja, nos seguimos queriendo. Bueno, quizás ahora para algunas personas vamos a vivir juntos, que en realidad ese sí es un cambio grande. Pero hoy por hoy muchas personas viven juntas antes de casarse.

Entonces seguimos viviendo juntos. No cambia nada y cambia todo. Ese ritual de matrimonio hace visible lo invisible. Crea un soporte emocional para la pareja y para otros. Tiene la función de incluir a otras personas como testigos de esa transición y a la vez compromete a esa pareja, desde el punto de vista moral, a ciertos derechos y obligaciones.

Y todo se hace carne en ese ritual, en ese ritual de pasaje.

Ni mejor ni peor. Esto no significa para nada que todo el mundo debería casarse. No. Sin embargo, el matrimonio en sí mismo, es un ritual de pasaje importante. Y estoy seguro de que conocen otros rituales de pasaje. Cuando, por ejemplo, se reciben de una carrera en la universidad, en la facultad, y se les otorga un diploma. Hay una ceremonia y dicen su nombre y uno sube al escenario y le dan un diploma, la gente aplaude. Eso es un ritual de pasaje.

Antes eran estudiantes y ahora son profesionales.

Ahora, si no les dan el diploma pero a la vez concluyeron toda la carrera y dieron todas las materias y demás, ¿dejan de ser profesionales? Y no, pero algo ocurre y por eso lo hacemos. En esa ceremonia de graduación. Antes eran estudiantes, ahora son profesionales, pero ante la vista propia y del resto del mundo. Hacemos visible lo invisible, algo cambia.

Y por ejemplo, en la religión judía existe el Bar Mitzvah. Algunos de ustedes pueden pertenecer a esa religión o pertenecían a esa religión, o conocen a alguien. Y allí un niño de 13 años pasa de niño a adulto, y no cambia nada. Sigue siendo tan niño o adulto como era en ese momento desde el punto de vista madurativo.

Pero todo cambia. Transita un ritual en el cual, a través de ciertos actos y ciertos ritos, frente a uno mismo y frente a los demás, toma el rol de adulto, toma un rol. Y hoy tres compañeros de la Sangha van a transitar por uno de los rituales de pasaje más importantes en nuestra práctica. Hoy Viviana, Camilo y Daniel van a transitar por el ritual del Jukai.

Hace ya algunos días que están aquí en el templo, están viviendo en el templo, practicando conmigo cerca. Y hoy es el día en el cual van a ingresar a otro espacio a través de un ritual que hace visible lo invisible, el ritual del Jukai. ¿Y qué es lo que se hace visible en este ritual? Es el profundo deseo del despertar.

Es un profundo deseo del despertar, de vivir en el mundo, de ser en el mundo de cierta manera que por supuesto ya existe. Pero sin embargo queremos hacerlo visible, porque en esa visibilidad, en ese materializarlo, nos compromete a nosotros de otra manera y compromete al resto también como testigos de lo que está ocurriendo.

La ceremonia del Jukai comienza con la oración del refugio. Así es como comienza. Tomo refugio en Buda, tomo refugio en Dharma, tomo refugio en Sangha. Tomando refugio en las tres joyas, ingresamos en el camino de todos los Budas. Tomando el refugio de las tres Joyas, ingresamos en el camino de todos los Budas. Este ritual hace visible, hace concreto para cada uno que está tomando esos votos y para los demás. Lleva de lo invisible a lo visible este camino, esta intención de transitar el camino de todos los Budas. Ingresamos en el camino de todos los Budas. Y lo decimos en voz audible para que el mundo lo escuche. Y el Jukai, esta palabra en japonés que a veces la explicamos o lo decimos como tomar los preceptos, son dos conceptos: Ju y Kai. Ju que significa recibir, otorgar o transmitir, y Kai que es preceptos.

Entonces Jukai significa exactamente eso, ¿no? Recibir desde el punto de vista de quien los toma, o otorgar o transmitir desde el punto de vista de quien los da, los preceptos. Y Dogen Zenji que fue el fundador de la escuela del Soto Zen, la escuela del Zen en la que estamos, allí por el siglo 13, dice que recibir los preceptos es ingresar en el camino del Buda. Y penetrar en el Dharma es siempre recibir los preceptos.

Cuando los seres reciben los preceptos del Buda, alcanzan el nivel de todos los Budas. Son verdaderamente hijos e hijas de todos los Budas. Cuando los seres reciben los preceptos del Buda, alcanzan el nivel de todos los Budas. Es interesante que no dice “se acercan al nivel” o “están un poquito más arriba en el nivel”. No, dice “cuando los seres reciben los preceptos del Buda, alcanzan el nivel, el mismo nivel de todos los Budas”. Y la forma de realizar esta transición vital en nuestra práctica es tomar estos preceptos.

Ese es el contenido. ¿No? Cuando hablamos de un matrimonio se me ocurre que hay un contenido muy claro. Tal, ¿aceptas recibir como esposo a …? ¿No? Y hay como un contenido. Si no está esa frase, es como ¿qué pasó? Algo, hay algo raro, no hubo un momento donde concretamente se preguntó ¿Aceptas tomar por esposo, por esposa? Y aquí es ¿aceptas tomar estos preceptos?

La palabra se hace visible, la palabra se hace carne y decimos… y para aquellos que hayan participado o puedan participar, lo van a ver. La persona que otorga, el que oficia, el maestro que oficia y otorga los preceptos, dice: “Y luego de recibir estos preceptos, ¿vas a continuar, continuarás el camino de todos los Budas?”. Y así como en el matrimonio uno dice “Sí quiero”, aquí uno dice “Sí lo haré, sí lo haré”. Tres veces. Me comprometo a vivir la vida bajo cierta luz, me comprometo a vivir la vida de cierta manera. Y lo hago visible, para mí y para los demás.

Entonces tomamos los 16 preceptos que incluyen la toma de refugio en los tres tesoros, los tres preceptos de evitar el mal, hacer el bien, vivir y ser vivido en beneficio de todos los seres. Y luego los preceptos de no matar y preservar la vida, no faltar a la verdad. Ya los hemos visto alguna vez. Y también, muchas veces en estos rituales de pasaje, se crea algo o se da algo que marca esa transición.
Por ejemplo, voy a hacer un paralelismo de vuelta con el matrimonio, muchas veces en el matrimonio se da un anillo, ¿no? Un anillo que se intercambia, se pone, una pareja, la otra. Y esto marca esta transición. Y en este ritual en particular del Jukai, lo que entregamos es la vena de sangre, o el kechimiyaku. Y el kechimiyaku es esto que ven aquí y lo que tiene es al Buda aquí arriba y luego en esta vena de sangre, esta línea de sangre, todos los ancestros de Shakyamuni Buda, pasando por Dogen y llegando a nuestro maestro.

Y ahí, aquí aparece nuestro nombre, ponemos nuestro nombre, o el Maestro pone nuestro nombre. Entonces en este ritual, en este ritual del Jukai, pasamos a ser parte o nos integramos a la vena o línea de sangre de todos los ancestros. Este documento formaliza el linaje de sucesión entre varios maestros, comenzando por el Buda Histórico y llegando a nuestros días, formaliza esa transición. Y cuando hablamos de nuestra familia de sangre, en general pensamos en nuestras relaciones familiares más directas, ¿no? En nuestros padres, abuelos, hermanos, hermanas.

Esos son familiares de sangre. Y esta línea de sangre, está vena de sangre que se plasma en el kechimiyaku hace visible lo invisible. Hace visible que ahora pertenecemos a la familia de sangre de todos los ancestros de nuestra práctica. De ancestro a discípulo, de ancestro a discípulo, de ancestro a discípulo. También, por supuesto, para aquellos que lo han hecho y para los que lo saben, se entrega también el Rakusu, que es el manto de Buda.

Muchas veces, para llegar a este ritual de transición, nos preparamos de cierta manera. Y la manera de prepararse para el Jukai tiene que ver con un proceso largo que dura más de un año de estudiar los preceptos con maestro, de comprender cómo los preceptos son parte fundamental de una manera en que uno quiere vivir y también de ir cosiendo este Rakusu, este manto de Buda, que utilizamos colgado en el cuello. Y en esa costura, lo que hacemos en realidad es tomamos un pedazo de tela que está completo, entero y se cortan muchos pedazos y se vuelve a unir, se vuelve unir. Y en cada puntada con esa aguja y ese hilo tomamos refugio. Tomo refugio en Buda, tomo refugio en Dharma, tomo refugio en Sangha, con cada puntada. Son como 1500 puntadas, tomamos refugio. Y todo eso nos lleva a este momento, este ritual de pasaje. Y en este ritual de pasaje lo que ocurre también es que el maestro le da al practicante un nombre nuevo, un nombre nuevo, nombre del Dharma.

Un nombre del Dharma que representa dos cosas. La primera parte representa dónde está el alumno hoy, y la segunda es, según el maestro, a donde tiene que aspirar, hacia dónde se tiene que orientar. Entonces todo eso ocurre en este ritual de pasaje del Juaki. Viene de una preparación de un año de estudiar los preceptos, de un año de coser el rakusu, o más a veces. Y llegamos a este momento. Hoy Viviana, Daniel y Camilo están en silencio, en silencio profundo. Hoy no van a hablar con nadie, hoy van a estar sentados en zazen todo el día hasta el momento del Jukai, hasta el momento de la ceremonia, hasta el momento del rito de transición. Y en ese rito, en esa transición, se toma el voto, se toma un compromiso público, se hace visible esa intención de vivir una vida despiertos y plenamente consciente del impacto de quiénes somos y cómo somos y de lo que hacemos.

Existe una frase en nuestra práctica que es muy conocida que dice: “Antes del despertar, cortar madera y llevar agua. Después del despertar, cortar madera y llevar agua”. Cortamos madera, llevamos agua. Despertamos, cortamos madera y llevamos agua. Todo cambia cuando despertamos y no cambia nada.

Lo mismo que ocurre aquí. Ya no somos quienes éramos, no somos quienes éramos un segundo atrás. Y sin embargo, continuamos siendo esta persona que ha transitado por este ritual de pasaje donde lo invisible se hizo visible, y donde ya la vida no, no vuelve a ser la misma después de egresar de una carrera, después de un matrimonio, después de un Jukai. Y sin embargo, todo sigue igual, todo sigue igual en la efímera historia de nuestras vidas.

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