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Sábados de Zen Cotidiano – Una Vida con Sentido: Sentido de Trascendencia – 19/08/23

por Sozan
Sábados de Zen Cotidiano

Una Vida con Sentido: Sentido de Trascendencia

19 de agosto, 2023

TRANSCRIPCION:

Y probablemente a cada uno de ustedes le ocurrió esto. Es posible. Que a veces, o alguna vez, conectan o conectaron con algo tan profundamente que es como que pasaron a otro plano. Algo que los conmueve tan profundo, o que los absorbe tan profundamente que todo a vuestro alrededor toma otra dimensión.

Pero no estoy hablando de la distracción. Estoy hablando de esa profunda conexión en la cual claramente todavía se encuentran presentes en ese momento. Completamente presentes, pero casi en otro plano. Y eso es lo que podríamos definir quizá inicialmente como un sentido de trascendencia.

Pienso que esto de lo que voy a hablar hoy es muy importante en este momento de nuestra vida, de la sociedad. Porque las tradiciones espirituales, quizá diría incluso que están luchando para seguir siendo relevantes frente a un mundo más materialista, un materialismo social, científico. Y esa relevancia de la que estoy hablando, de lo espiritual, para muchos radica en un segundo plano.

Y hablé anteriormente sobre el sentido de pertenencia y el sentido de propósito como parte integral de una vida con sentido. Y hoy voy a hablar de este sentido de trascendencia que significa, y no es algo de lo que hablemos tan seguido, tan comúnmente. Y sin embargo, vamos a ver la importancia que tiene.

Este sentido de propósito del que hablamos anteriormente, dijimos que no es algo que podemos encontrar afuera. No es algo que alguien puede tener por nosotros o darnos. En general es algo que nace desde lo más profundo de nuestro interior, de quiénes somos.

Este sentido de propósito, unido a un sentido de pertenencia, es también sostén o clave para conectar con esta trascendencia de la que voy a hablar hoy. Está todo sumamente interconectado.

Trascendencia viene del prefijo latino “trans”, que significa “más allá”. Trans significa más allá, y “scandere”, que significa “subir”. Entonces del punto de vista etimológico trascendencia significa “subir más allá”, subir más allá, subir más allá, subir. ¿Hacia dónde subir? ¿Subir que? ¿Más allá? ¿Hasta dónde tenemos que subir? Vamos a responder a una de esas preguntas.

Quizás uno de ustedes conoce un concepto que es la pirámide de Maslow. Maslow fue un psiquiatra o psicólogo norteamericano que estuvo muy involucrado o impulsó mucho la psicología humanista. Y tiene este gráfico -o creó este gráfico- de “La pirámide de Maslow” donde habla de un rango de necesidades importantes para el ser humano, con una base de dónde están las necesidades básicas: Un techo, alimento, oxígeno, agua. Sin eso no hay ser humano ¿No? La base de la pirámide de Maslow. Y luego va elevándose en la pirámide hacia necesidades -y la palabra necesidad no es muy feliz-, pero necesidades o requerimientos del ser humano, que son más y más refinados y más elevados. Después de, por ejemplo, estoy tratando de recordarlo de memoria, pero después del alimento viene la seguridad. Sin alimento dejamos de existir, sin seguridad por ahí no… Pero es fundamental. Y de ahí que esta no es la base, pero casi. Y luego va proponiendo otros niveles. Y allí en la punta está este sentido de trascendencia, de trascender. Es como lo más elevado dentro de la pirámide de Maslow. Para Maslow la trascendencia es quizás el punto máximo de la experiencia humana que una persona pueda alcanzar.

Y esto lo vemos en muchos autores y científicos. Existe un autor, un psiquiatra austríaco que se llamaba Viktor Frankl. “El hombre en busca del sentido” es un libro muy conocido de Viktor Frankl -por ahí alguno de ustedes lo leyó- y Viktor Frankl dice que la trascendencia está en lo más profundo de nuestra propia espiritualidad. Y esto no es menor, porque lo que también plantea Viktor Frankl es que la espiritualidad es reconocida como la parte de la humanidad principal que nos hace diferentes de otras especies.

Y podemos debatirlo más o menos, pero yo creo que tiene un punto allí Viktor Frankl. Dice que la espiritualidad nos diferencia de las otras especies. Y uno puede decir bueno, ¡qué maravilla! La punta de la pirámide de Maslow. Y esto que Viktor Frankl dice que está tan en la base de nuestra espiritualidad, de la trascendencia… ¿Cómo aplica en mi día a día? ¿Cómo suena? Maravilloso, suena lindo, suena deseable… pero yo tengo unos problemas fenomenales en mi casa, en mi trabajo, en mi vida. Me parece que en mi rango de prioridades “trascender” no está al tope de la pirámide cómo con Maslow.

Y sin embargo es fundamental y por eso estamos aquí.

Y desde el punto de vista de nuestra práctica trascender, la trascendencia, es casi una parte esencial, sino la parte esencial para comprender qué es lo que estamos haciendo. Porque la trascendencia no es algo para algunos, para algún ser iluminado o para una persona que tienen el tiempo para trascender. La trascendencia es algo que ocurre aquí, ahora, en la vida de cualquiera.

Dogen -algunos de ustedes saben- Dogen es el fundador de nuestra escuela del Zen en el año nacido, en el año 1200, en el siglo XIII. Tiene una enseñanza que completamente capta la esencia de lo que estamos hablando. Y yo diría que es una enseñanza seminal del Zen, sino quizás la enseñanza que resume el Zen. Hay un texto muy importante que escribió Dogen que lo estudiamos mucho y alguna vez lo vamos a estudiar aquí más en profundidad, que es el Genjokoan, que podría traducirse como “El koan de el día a día”, el koan de la vida del aquí. Y en el Genjokoan Dogen dice esta frase que todos los que practicamos Zen la tenemos grabada en el corazón. Dice: “Estudiar la vía del Buda es estudiar el yo. Estudiar el yo es olvidar el yo. Olvidar el yo es ser iluminado por todas las cosas del universo”. Estudiar la vía del Buda es estudiar el Yo, estudiar el ser. Y estudiar el Ser, es olvidar el ser. Y olvidar el ser es ser iluminado por todo lo que existe.

Y esta frase de lo que nos está hablando es de trascendencia, porque este “olvidar el yo” no es desconectarnos, no es no estar presentes, es trascender el ego. Es ir más allá del yo. Es ir tanto más allá del yo que ya no lo tenemos más en vista. Completamente trascender el yo. Y podríamos hablar de un Yo con mayúscula, de un yo con minúscula, quizá. Cuando hablamos de estudiar el Yo para olvidar el yo, estamos hablando de estudiar el Yo con mayúscula. Estudiar el Ser desde desde su óptica más absoluta para olvidar el yo con minúscula, para dejar ir esa identidad que nos propone el ego. Cuando trascendemos el yo, cuando vamos más allá de nuestro ego, nos vemos iluminados por todas las cosas del universo. ¡Qué maravilla! Porque yo casi que podría terminar esta charla ahora. Gracias, Dogen.

Esta enseñanza esencial nos orienta en todo lo que hacemos, en todo lo que hacemos en nuestra vida. En todo lo que hacemos en nuestra vida de práctica. Porque lo que estamos haciendo en nuestra vida de práctica, lo que estamos haciendo al estudiar, al escuchar palabras del Dharma, al sentarnos en Zazen, al tomar los Votos, al seguir los Preceptos… Estamos estudiando el Yo. Estamos profundamente investigando qué es esto de estar aquí como ser humano, cómo “éste ser humano”. Y ¿Por qué lo estamos haciendo? Lo estamos haciendo porque queremos ir más allá de esta individualidad. Cuando vamos más allá de esta individualidad, conectamos con el cosurgimiento dependiente de todo lo que existe. Dejamos de creerle a nuestro ego de que somos una persona única y separada de todo lo que existe, y cuando trascendemos, nos vemos en conexión absoluta con todo lo que existe. Pero en una conexión absoluta con todo lo que existe en la actividad actual y lo que estamos haciendo ahora. No solamente cuando tengo tiempo para irme a un retiro a las montañas y meditar por muchísimos días, y de repente me siento flotando en una nube. No es de lo que estamos hablando.

Estamos hablando de continuar estudiando el Yo para olvidar el yo. Estudiar el Ser para olvidar el ser. Y esto de “olvidar el ser” no es desconexión, sino conexión absoluta. Conexión absoluta. Y eso es lo que estamos haciendo. Y eso es el Zen, de alguna manera. Sabemos que no podemos describir el Zen con palabras, no podemos describir la práctica con palabras. Que las palabras son como un dedo apuntando a la luna, no es la luna, pero sin embargo apuntan a la luna. Y esto nos apunta en dirección a lo más profundo de nuestra práctica: Este trascender el el yo, este estudiarnos para olvidarnos, estudiar el gran Yo, para olvidar este pequeño y arraigado al ego yo.

Y cuando nos podemos liberar de este ego, cuando podemos olvidar este yo, cuando podemos trascender el ego, aunque sea brevemente, ingresamos en un estado de plenitud, un estado de profunda plenitud, de conexión aquí y ahora. Y este estado de plenitud, de conexión, cuando practicamos, comienza a ser subyacente y sostiene la conciencia cotidiana. Está sosteniendo nuestra conciencia en el día a día.

Como digo, no estamos hablando de un estado reservado para los místicos. Estamos hablando de algo que subyace en todo lo que hacemos y nos sostiene desde nuestra práctica, porque nos impulsa más allá de nuestro ego. ¿Qué significa estudiar el Yo para olvidar el yo cuando estoy hablando con mi jefe o con mi subordinado en el trabajo? ¿Qué significa olvidar el yo cuando tengo que tener una conversación difícil? ¿Qué significa olvidar el yo cuando tengo que decir “te quiero”? ¿Qué significa olvidar el yo cuando tengo que observarme y ver dónde estoy creando sufrimiento? ¿Qué significa olvidar el yo cuando estoy triste o cuando estoy contento?

Y vuelvo a esto porque es importante: No significa olvidar el yo como “separarse del yo”, sino es olvidar ese yo mezquino, yo pequeño, ese yo limitado, para conectar con ese yo absoluto y trascendente que lo abarca todo.

Y si eso fuera cierto y constante, seríamos como el Buda histórico -pienso-. Pero no es constante. Aquí estamos, continuando, trabajando en estudiar el Yo. Porque cuanto más estudiamos el Yo, cuanto más profundizamos en nuestra práctica, cuanto más profundizamos en la vida, en el contacto con lo que estamos haciendo, en las relaciones que estamos teniendo, en la manera que hablamos, que actuamos, que vemos… Puedo nombrar todo el Camino Óctuple aquí. Cuanto más conectamos con eso y más estudiamos el Yo. Cuanto más silencio de Zazen hacemos, cuantas más horas de meditación podemos tener para dejar ir, soltar esa actividad de la mente y de la emoción que que nos tiene prendidos al yo pequeño. Cuánto más podemos profundizar en la práctica… más estudiamos este Ser. Cuanto más estudiamos este Ser, más capacidad tenemos de trascenderlo, de olvidarlo, de darnos cuenta de que esto es más grande que nuestra pequeñez. De que esto es enorme lo que estamos haciendo y que llamamos vivir, vivir esta vida en este mundo. Es maravilloso, y a veces pensamos que no es tan maravilloso, que a veces es difícil. Y si por supuesto, la primera enseñanza del Buda es “el sufrimiento existe”, es una premisa. Pero después las enseñanzas continúan en que el sufrimiento existe y hay una razón del sufrimiento que llamamos Dukkha, que traducimos como dificultad, como sed. Hay una razón y hay una posibilidad de una liberación de ese sufrimiento. Y aquí es donde entra este tema de la trascendencia que es tan importante. Porque en ningún momento estamos diciendo “el sufrimiento va a desaparecer”. Yo no les puedo decir, ni se los voy a prometer, porque sería por lo menos desde mi punto de vista, falso: “Sigan practicando fuerte, que el sufrimiento va a desaparecer”. No… El sufrimiento no va a desaparecer. Pero lo podemos trascender. Podemos ir más allá del sufrimiento. Y eso sí suena como un buen plan. Y eso sí es lo que el Buda nos está diciendo y lo que nos está enseñando Dogen. Porque nos vemos pegados a Dukkha, anclados en ese sufrimiento, porque no podemos dejar ir ese pequeño yo, no podemos dejar ir el ego que nos lleva por estos caminos de odio, codicia, ignorancia.

Cuando seguimos sin darnos por vencidos, con ánimo, estudiando ese Yo, no importa lo que encontremos, porque no todo lo que vamos a encontrar es feliz. Pero seguimos, seguimos estudiando, seguimos sentándonos en meditación, haciendo silencio para permitir que las cosas se asienten. Seguimos teniendo conversaciones con otras personas en la misma búsqueda. Seguimos escuchando palabras del Dharma, leyendo. Seguimos estando presentes en cada relación, en cada acción, en nuestra vida, pensando, considerando nuestros votos de salvar a todos los seres, de trasvasar todas las puertas del Dharma… Con todo eso vamos yendo hacia “olvidar el yo”, hacia trascender. Y en ese trascender hasta lo más pequeño en nuestra vida cobra otro sentido. Todo cobra otro sentido. Porque nos damos cuenta que no hay acto pequeño, no hay palabra insignificante. Y eso nos lleva una vez más a ese concepto de responsabilidad, de madurez espiritual de la que he hablado varias veces. Porque conectamos con esa grandeza que es vivir. Conectamos con esa sutil y profunda conexión que va más allá de lo mundano.

Y algo ocurre, algo pasa en nuestra vida en ese momento. Porque todo tiene otro color, todo tiene otro brillo cuando trascendemos, cuando podemos dejar ir este pequeño yo, cuando podemos dejar ir nuestro ego. Entonces trascender nos permite ver las cosas desde otro lugar, con otra perspectiva, incluso -o especialmente- en momentos de dificultad, especialmente en relación a Dukkha.

Porque nos damos cuenta también de que esta dificultad, este karma que venimos creando hace tanto tiempo, es parte integral de quién soy, de ese “yo” que estoy estudiando. Y en esa conexión con la dificultad, desde este lugar de trascendencia, es que podemos subir más allá, podemos subir más allá del dolor, del sufrimiento.

Y no, no significa negarlo, no significa mirar hacia otro lado. Sería como subir una montaña y estar en la cima de la montaña y negar la montaña. Qué ridículo, ¿no? No puedo negar la montaña desde la cima de la montaña, pero estoy más allá de su base. Entonces, subir más allá desde el punto y de la trascendencia desde el punto de vista de nuestra práctica tiene que ver con continuar este camino de comprender quiénes somos, qué hacemos aquí, por qué hacemos las cosas como las hacemos, por qué sufrimos, por qué nos alegramos. Y todo en esencia para poder olvidar o ir más allá del ego, del yo pequeño. Y trascender, como todas estas cosas, no es algo que podamos forzar -lamentablemente-, ni que pueda venir desde afuera. Lo que sí podemos hacer es crear las condiciones para trascender, y esas condiciones que creamos para trascender no es ni más ni menos que vivir la vida de cierta manera. Vivir la vida de cierta manera muy presentes, muy conectados con cómo la estamos viviendo, porque esa es parte de ese estudio del yo del que estamos hablando. Y cuando vivimos la vida de cierta manera naturalmente ingresamos en espacios de trascendencia, subimos más allá. Y como digo, ojalá fuera una cuestión constante. Ojalá pudiéramos estar en un estado total de trascendencia, completo y cotidiano.

Pero sin embargo, nos vamos dando cuenta de que estamos cada vez más en espacios donde podemos dejar ir, a donde podemos ir más allá de la pequeñez de nuestro ego, a donde podemos ver las cosas desde una óptica absoluta. Podemos ver las cosas desde la óptica del cosurgimiento dependiente de la no separación. Y entonces todo toma otra dimensión. Mi gran problema toma otra dimensión. Mi pequeña actividad toma otra dimensión. Lo más pequeño es enorme y lo más enorme es pequeño. Y por esto es tan importante.

Trascender más allá de nuestra práctica -diría o podría decirse- es casi el propósito de la humanidad. Ir más allá de esto que nos fija, nos sostiene en la pequeñez de nuestro ego es el propósito de la humanidad. De alguna manera u otra, sabiéndolo o sin saberlo, todos queremos trascender, todos queremos ir más allá. Y para muchos a veces ocurre accidentalmente. Para muchos a veces nunca ocurre. Y estamos estudiando la vía del Buda, que es como comienza la enseñanza de Dogen. Estudiar la vía del Buda es estudiar el ser. Entonces los que estamos aquí estamos estudiando la vía del Buda, todas estas enseñanzas que vienen de hace 2600 años, para guiarnos a cómo ir más allá, a cómo ir más allá de nuestra pequeñez, del ego. Entonces tenemos un plan y eso no está nada mal, diría. Tenemos un plan. Y tenemos personas que han estudiado, se han formado para poder guiarnos en este plan. ¡Qué maravilla! Y… ¿Cuál es el plan? Ir más allá. Ese es el plan. Y… ¿Cómo? Estudiando el Ser. Estudiando nuestro sufrimiento, estudiando las causas de nuestro sufrimiento, estudiando nuestras acciones, estudiando cómo vivimos a través de nuestros Votos, como nos guía en los preceptos. Estudiando el Yo para olvidar el yo.

Subir más allá. Trascender. Y en ese trascender, que puedas sentir la inmensidad del universo en tu corazón.

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