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SER MIMOS.

por Sozan

SER MIMOS

"En el silencio y el movimiento se puede mostrar el reflejo de las personas."

Marcel Marceau (1923-2007) actor y mimo francés.

No veo tantos mimos en la calle como lo hacía de pequeño. Quizá porque ser mimo ha pasado de moda y dejado de representar esa maravilla que es el arte de imitar, o quizá simplemente porque estoy prestando menos atención. Pero recuerdo verlos frente al automóvil de mis padres cuando nos deteníamos en un semáforo, o caminando por las céntricas calles peatonales. Con su cara maquillada de blanco y una gran sonrisa, imitaban a los transeúntes o interactuaban con objetos invisibles. Majestuoso.

Los seres humanos somos por naturaleza criaturas de mimetismo. Estamos evolutivamente preparados para hacer una cosa mejor que nadie: aprender, observando y copiando a los demás. De hecho, una de las cosas más importantes que aprendemos es a «querer», a desear lo mismo que desean otros… y uno de los elementos complejos de este deseo mimético es que induce a un gran autoengaño: engañarse a uno mismo para remodelar sus percepciones, su experiencia y su identidad de manera que sean coherentes con lo que uno cree que debe ser.

Ser criaturas del mimetismo es algo natural, como lo es el deseo de fraternizar, que en sí mismo no tiene nada de malo. El punto es que hemos descubierto que podemos manipular en nosotros mismos, y en especial en otros, esta tendencia a parecernos, a imitar. La envidia, la necesidad de «pertenecer», la inseguridad, la falta de motivación o la ingenuidad son algunas de las cosas que nos llevan a «copiar», a «mimetizar» en lugar de buscar en nosotros aquello que nos hace únicos, irrepetibles. Como en muchos otros órdenes de la vida, la copia en ocasiones requiere menos esfuerzo que lo original… y con resultados de dudosa calidad.

Sin embargo, se podría decir que existen en ciertas personas y referentes algunas condiciones, valores, maneras de vivir que son dignas de imitar, de seguir. Un maestro o maestra, un prócer, un familiar o amigo… Quizá cualquier persona en el planeta tiene algo digno de emular. Y qué importante es reconocer estas virtudes y hacerlas propias. Sin embargo, una cosa es la mímica y otra es la de integrar en nuestra vida aquello positivo que vemos en otros, pero haciéndolo propio, nuestra única e irrepetible versión de quienes somos basada en esos valores que tienen la capacidad de transformarnos positivamente como seres humanos.

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